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El libro de los mil caracteres

ZHOU XINGSI

292 págs.

Caligrafía en estilo tradicional y cursivo de Jorge T. J. Tseng. Traducción al español y fonética pinyin de Silvia Ussía. Edición y prólogo de Pelayo Olazábal

ISBN 84-96080-90-0

21,85 €

El libro de los mil caracteres (FS1)

El libro de los mil caracteres

Prólogo
(fragmento)

En la vasta China feudal, a finales del siglo VI d.C., el emperador Wu Di de la dinastía Liang pasó su vida recluido en la corte de Chengzhou (actual Luoyang), la gran capital del Este a la que habían sido reducidos sus predecesores los Jin, al final del brillante periodo de la dinastía Han. Poco después de la muerte de Wu Di, el emperador Wen de la dinastía Sui, bárbaro del Norte, unificaba China por segunda vez y definitiva; nacía una nueva época, y lo hacía bajo signos muy poco prometedores.
En el clima que podemos imaginar espectral y opresivo de la corte de Chengzhou, asediada por los bárbaros Wei, invasores del Norte, Wu Di, rodeado de una corte inoperante y próxima al colapso total, debía conservar una impresión muy viva de los valores espléndidos que habían representado los de su larga estirpe. La dinastía Liang reinó en un lapso de tiempo tan breve como culturalmente brillante. Él mismo, emperador y poeta, extendió el servicio civil, introdujo ideas budistas que armonizaban con el sistema confuciano humanizándolo, e impuso a los hijos de los nobles la obligación de estudiar y formarse en el espíritu de los clásicos. Además, Wu Di era conocido como patrón de las artes. Probablemente no podía dejar de observar con perplejidad y desazón los tiempos que se aproximaban. Tal vez por ello se propuso dejar a la posteridad el testimonio de una sabiduría ya pretérita, con la esperanza de que siguiera de algún modo presente en la nueva China. El libro de los mil caracteres es su legado a las generaciones venideras.
El libro de los mil caracteres fue compuesto a principios del siglo VI por Zhou Xingsi, súbdito de Wu Di, por encargo de este. Circulan varias versiones de la leyenda que dio origen al texto, todas ellas variantes más o menos ornamentadas y pintorescas del mismo suceso registrado en los anales de la dinastía. El emperador se propuso la elaboración de una cartilla que simplificara al máximo el aprendizaje de la lectura y escritura de la lengua china, para lo cual pidió a su ministro Wang Xichi que hiciera una selección de los mil caracteres que él considerara básicos. Se pidió entonces a Zhou Xingsi, funcionario de la corte, que con los mil caracteres seleccionados compusiera un texto literario, a fin de que el aprendizaje fuera más sencillo y a la vez más interesante. Zhou Xingsi llevó a cabo la tarea: compuso un texto literario en el que ninguno de los mil caracteres escogidos se repetía, pero además, para sorpresa y admiración del Emperador, el texto presentado estaba compuesto en versos perfectamente rimados. Se divide en 250 líneas, de cuatro caracteres cada una. Dos líneas forman una estrofa, y dos estrofas forman una unidad rimada en forma a a b a (lo que inevitablemente se pierde en la traducción).
Otras variantes de la leyenda añaden que Zhou Xingsi llevó a cabo su hazaña en el plazo de una noche, y que a resultas de su excesivo esfuerzo mental sus cabellos se volvieron blancos; y otras más pintorescas cuentan que la tarea le fue impuesta por el Emperador como una forma de castigo, e incluso como el modo de redimir la pena de muerte que habría merecido por algún crimen oscuro.


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