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Vidas de santos: Antología del Flos Sanctorum
| | PEDRO DE RIBADENEYRA |
| 320 (XXXIV + 286) págs. | | Editor:
Olalla Aguirre y Javier Azpeitia |
| ISBN 84-89618-55-0 | | 20,91
€ | |  |
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Una relectura del santoral como alta literatura Entre
las vidas de santos del Flos sanctorum, que tuvieron en su época
un éxito comparable al del Quijote, hay un buen puñado de
excelentes relatos situados
con un pie en la realidad y otro pie en la más delirante de las fantasías ,
que conforman un grupo de una interesantísma heterogeneidad narrativa,
tanto en sus temas como en sus estructuras y estilos. Cabe añadir que son
relatos profundamente arraigados en la cultura occidental: conocerlos es reconocerse,
pues como supieron
Flaubert, Buñuel o Cioran ,
el pecado, el martirio, la sangre, el dolor, el delirio, la culpa, el milagro,
la visión, la profecía, la soledad, el encierro, el ayuno, la tentación
y la locura motivos
habituales en el relato hagiográfico
son anhelos que forman parte fundamental del imaginario del hombre. Algunos
de estos relatos son refundiciones cristianizadas de otros que pueden remontarse
varios siglos antes de nuestra era (como La vida de san Barlaam y Josafat,
que reproduce la leyenda de la vida de Buda), otros reescriben cuentos populares
(como La vida de san Nicéforo, que arranca con la narración
de una simpática historia de amistad y tozudez), otros recrean historias
comunes a la Biblia y a la mitología (como Vida de los santos Proto
y Jacinto, que incide en el motivo de «La mujer de Putifar»), otros
ofrecen versión de un acontecimiento histórico (como La exaltación
de la cruz, que describe la batalla de Las Navas de Tolosa) y, finalmente,
muchos son muestra de un tipo narrativo sin parangón, en cuyo clímax
se halla el relato minucioso y sangriento de la tortura de un ser humano, a veces
anhelada por él mismo, y siempre como forma de tránsito a una vida
espiritual plena: las vidas de mártires. |  |
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El padre Pedro de Ribadeneyra (Toledo, 1526 - Madrid, 1611)
ingresó a los catorce años en la Compañía de Jesús,
comenzando una próspera carrera eclesiástica, apadrinada por Ignacio
de Loyola, a lo largo de la cual realizará distintas misiones diplomáticas
en Italia, Francia y Flandes, y adquirirá fama como predicador. A los cuarenta
y ocho años, cuando era ya asistente por España y Portugal del general
de la orden, se retira a Toledo, aparentemente por razones de salud, para comenzar
a redactar su obra, que continuará --tras instalarse en Madrid en 1589--
hasta poco antes de morir. Además de la hagiografía, Ribadeneyra
practicó la biografía (Vida de Ignacio de Loyola) y el tratado
ascético y moral (Manual de oraciones para uso y aprovechamiento de
la gente devota, Tratado de la tribulación y Tratado de la religión
y virtudes que debe tener el príncipe cristiano). |