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La
niña que creó las estrellas: Relatos orales de los bosquimanos /xam |
| 384 (LXII + 322)
págs. | Traducción: José Manuel
de Prada Samper | Editor: José Manuel de
Prada Samper | ISBN 84-89618-71-2 |
3980 pts. 23,92 Eur. | |  |
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| 26.
El león que no quería renunciar a su presa |
Hace
mucho tiempo, un joven de la primera humanidad, subió a lo alto de una
colina cuando estaba de caza. Al joven le entró sueño. Mientras
oteaba a su alrededor en busca de presas, le entró sueño. Decidió
que antes que nada se echaría a dormir, porque tenía mucho sueño.
Algo, no sabía qué, le pasaba ese día, puesto que nunca se
había sentido así1. Y el
joven se tendió en el suelo y se durmió. Entonces llegó un
león. El león se dirigía a la charca; había sucumbido
al calor del mediodía y estaba sediento. El león vio al hombre dormido
y se apoderó de él. El joven
se despertó sobresaltado y se dio cuenta de que estaba a merced de un león.
Decidió no moverse, pues si lo hacía el león lo mataría
a dentelladas. Era preferible averiguar sus intenciones, pues, al parecer, el
león lo daba por muerto. Y el león
llevó al joven hasta un árbol !khwakki2, y lo colocó
. El león se dio cuenta de que
si devoraba al hombre seguiría teniendo sed. Primero iría a beber
a la charca; después, saciada su sed, volvería para comer. El
león colocó la cabeza del joven entre las ramas del árbol
y retrocedió. Y el joven movió un poco la cabeza,
El león se dio cuenta de esto y se volvió: ¿por qué se había
movido la cabeza del hombre? Él creía que la había dejado
bien sujeta con sus zarpas. El joven se
cayó, y el león pensó que no lo había sujetado bien.
Así que volvió a colocarlo en las ramas del árbol, empujando
la cabeza con sus zarpas.
y el león lamió las lágrimas de sus ojos. El
joven notaba que una rama rota del árbol se le clavaba con fuerza en la
nuca. , sin dejar de mirar fijamente al león,
movió un poco la cabeza. El león se acercó para averiguar
por qué que el hombre se había movido. Y lamió las lágrimas
de sus ojos. El león decidió
empujar con fuerza la cabeza del hombre, para cerciorarse de que lo dejaba bien
sujeto. Porque daba la impresión de que el hombre se había movido.
El joven se dio cuenta de que el león
sospechaba que estaba vivo, y se quedó inmóvil, aunque la ramita
se le clavaba [en la nuca]. Y al ver que no se movía, el león se
convenció de que lo había dejado bien sujeto. Retrocedió
unos pasos y lo observó, mientras el joven levantaba la vista y miraba
con los ojos entrecerrados lo que el león hacía. Y el león
se marchó, colina arriba. Descendió por el otro lado de la colina,
mientras el joven movía cautelosamente la cabeza para ver si el león
se había marchado de verdad. Parecía
que el león había bajado por la otra ladera de la colina, pero volvió
a verlo, mirándole furtivamente desde la cima.
Porque sospechaba que el hombre estaba vivo, y se quería cerciorar bien
de que el hombre no fingía. Tenía la impresión de que el
hombre había intentado levantarse, que había estado haciéndose
el muerto. Vio que seguía allí, y decidió que lo mejor sería
ir corriendo a la charca, para regresar lo antes posible a comer. Estaba muy hambriento,
pero tenía tanta sed que prefería echar un trago antes de comer.
El joven observó lo que hacía
el león, y vio que volvía la cabeza y desaparecía, como si
se hubiera marchado de verdad. El joven decidió permanecer inmóvil,
por si acaso el león volvía para espiarlo. Porque el león
es una criatura astuta, y trataría de hacerle creer que se había
ido de verdad, cuando en realidad sospechaba que se iba a levantar, porque le
había dado la impresión de que el hombre se movía. Y es que
ignoraba por qué el hombre se había caído, cuando él
lo había dejado bien sujeto. Por eso el león había decidido
darse prisa, para regresar cuanto antes y ver si el hombre seguía allí.
El joven vio que había pasado mucho
tiempo desde que el león lo mirara a escondidas; daba la impresión
de que por fin se había marchado. Pensó que lo mejor sería
esperar un poco, pues de lo contrario alertaría al león, si el león
seguía allí. El joven vio que había pasado un poco más
de tiempo sin que apareciera el león. Daba la impresión de que realmente
se había marchado. El joven procedió
con gran cautela allí, en el lugar donde el animal lo había dejado.
No se marchó como si tal cosa. Primero saltó hasta un lugar distinto,
para que el león no supiera hacía dónde había ido.
Y a continuación echó a correr en zigzag, para que el león
no olfateara sus pasos, para que no supiera adónde había ido y fuese
a por él. Por eso resolvió correr en zigzag hasta su campamento,
para que el león no olfateara su rastro. Pues sabía que, cuando
volviera, el león se pondría a buscarlo, trataría de encontrar
sus huellas para capturarlo de nuevo. Y
así, cuando llegó a la cima de la colina [al pie de la cual estaba
acampada su gente], el joven anunció a voces lo que le había pasado,
que lo acababan de "levantar"* cuando el sol estaba alto, y los suyos debían
buscar muchas pieles de antílope para envolverlo en ellas. Acababan de
"levantarlo", cuando el sol estaba alto, y el león iría a por él,
buscaría su rastro, cuando volviese del lugar al que había ido y
viera que ya no estaba. Por eso quería que su gente lo envolviera en pieles
de antílope, para que el león no pudiera encontrarlo. Porque,
como todos sabían, el león jamás renuncia a la presa que
no ha devorado. Tenían que envolverlo
con pieles de antílope, y con esteras, para que el león no se apoderara
de él. La gente hizo lo que pedía
el joven, lo envolvieron en esteras, y también en pieles de antílope.
Él se lo había pedido, y ellos lo hicieron, porque era grande la
estima que sentían por el joven, y no querían que el león
lo devorase. Querían ocultarlo bien, para que el león no lo atrapara.
Porque muy grande era el cariño que sentían por él, y no
quería que el león lo devorase. Y dijeron que lo ocultarían
con las enramadas con las que protegían las chozas, para que el león,
cuando viniera a buscarlo, no se apoderase de él. Y
la gente fue a buscar bulbos !kui-sse, los desenterró y los llevó
a casa. Al mediodía los asaron. Y un anciano que buscaba leña para
que su esposa asara los bulbos vio cómo el león descendía
por el mismo lugar por el que había llegado el joven. Y avisó a
la gente de su casa, diciendo: ¡Mirad,
mirad lo que se ve en la cima de esa colina, la colina por la cual llegó
el joven! Habló entonces la madre
del joven, y dijo: No
dejéis que el león entre en el campamento. Matadlo con vuestras
flechas antes de que llegue a las chozas. Los
hombres se echaron las aljabas al hombro y fueron al encuentro del león.
Dispararon sus flechas contra él, pero, por muchas que le dispararan, el
león no moría. Entonces
dijo una anciana: Entregadle
un niño al león, para que así se aleje de nosotros. El
león replicó a esto. Dijo que no quería ningún niño.
Quería al hombre cuyas lágrimas había lamido. Era a él
a quien quería. Otras personas
preguntaron: ¿De
qué modo habéis disparado sobre el león, puesto que no habéis
logrado darle muerte? Habló otro
anciano, y dijo: ¿No
os dais cuenta de que debe ser un chamán? No muere cuando le disparamos,
se empeña en apoderarse del hombre al que capturó. Arrojaron
niños ante el león; el león no quería los niños
que le arrojaban, les echaba una mirada y se desentendía de ellos. Los
hombres disparaban sobre el león, mientras este seguía buscando
al joven para hacerse con él. Los hombres dijeron: Traednos
azagayas, ¡tenemos que matar al león! Los
hombres le arrojaron las azagayas, pero era como si no las disparasen. Se las
clavaban para matarlo, pero era como si no se las clavasen4. Porque él
seguía buscando al joven. Afirmaba que quería al joven cuyas lágrimas
había lamido. Era a él a quien quería. Daba zarpazos a un
lado y a otro, despedazando las chozas de la gente, daba zarpazos a un lado y
a otro, buscando al joven. Y la gente
preguntaba: ¿No
veis que el león no quiere comerse a los niños que le ofrecemos?
Y otros decían: ¿No
veis que no puede ser sino un chamán? Dadle
una muchacha al león, a ver si marcha para devorarla*. El
león no quería a la muchacha; sólo quería al hombre
al que había capturado. Era a él a quien quería. Los
hombres deliberaron. Dijeron que no sabían qué hacer con el león.
Habían comenzado a dispararle durante la mañana, y el león
no moría, no dejaba de ir de un lado a otro. Los
hombres dijeron: Ya
no sabemos qué hacer con el león; ha rechazado a los niños
que le hemos ofrecido, porque sólo quiere al hombre al que ha capturado.
Y dijeron: Decídselo
a la madre del joven, decidle que, aunque lo ame, debe sacarlo y entregárselo
al león, ¡aunque sea su hijo más querido! Ella misma puede ver que
el sol está a punto de ponerse, y el león sigue amenazándonos.
El león no quiere marcharse y dejarnos tranquilos, ¡está empeñado
en apoderarse del joven! Y habló
la madre del joven: Podéis
entregarle mi niño al león; pero no permitáis que el león
lo devore y se marche. Matad al león cuando esté sobre mi niño,
para que también él muera, ¡para que muera, yaciendo sobre mi niño!
Cuando así hubo hablado la madre
del joven, los hombres lo sacaron de entre las pieles de antílope en las
que lo habían envuelto y se lo entregaron al león. Y el león
mató al joven a dentelladas; y mientras el león hundía en
él sus dientes, los hombres no dejaban de dispararle flechas y de clavarle
sus azagayas. Y el león mató
al joven a dentelladas. El león
habló, el león le dijo a la gente que aquél sí que
era el momento de su muerte, pues se había apoderado del hombre al que
había estado buscando, ¡se había apoderado de él! Y
el león murió; y el hombre y el león quedaron allí,
muertos, uno junto al otro. Fuentes y
notas "The young Man of the Ancient Race,
who was carried off by a lion, when asleep in the field": Specimens, 175-191.
KH 888A. Dictado en 1875. Como se ha señalado más de una vez, este
relato es, quizá, de entre todos los recogidos por Bleek y Lloyd, el que
más se ajusta a los cánones estéticos occidentales. Es, de
hecho, una de las narraciones más conmovedoras de toda la colección.
En su comentario al mito, Hewitt (1986: 245) dice: "El equilibrio logrado en este
relato entre la parte inicial, en la que se desarrolla la relación entre
el hombre y el león, y la conclusión, en la que el animal parece
ofrecerse a morir con tal de hacerse con su presa, muestra un profundo sentido
de la estructura total del relato". En un momento de la historia, uno de los personajes
afirma que el león que tantos problemas les está causando no es
un animal ordinario, sino un chamán en forma de león. Para más
datos sobre esta creencia, véase el texto 59 y la correspondiente nota.
1 De otra versión de esta leyenda,
contada por !Kweiten ta ||ken, se desprende con toda claridad que la insólita
somnolencia del cazador es atribuible al león (L). 2
Descrito por el narrador como un árbol grande, sin espinas y con flores
amarillas (L). 3 Es decir, utilizó
un término "de respeto" para evitar provocarlo más. En las sociedades
bosquimanas actuales también se suelen utilizar este tipo de denominaciones
alternativas para evitar nombrar cosas a las que se teme mucho. 4
El narrador explica que algunos arrojaban azagayas; otros se las clavaban al león.
Los hombres rodeaban al león, pero este no les atacaba, porque quería
al hombre al que había capturado (L). *
El joven evitó pronunciar el nombre del león, y por eso le habló
así a su gente 3. * El león
no la hubiera devorado en el campamento.
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