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El
prado de los monstruos | FERNANDO ROYUELA |
256 págs. | ISBN
84-89618-06-2 | 2200 pts. 13,22 Eur. |
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HAY
ÚLTIMAMENTE MAÑANAS EN LAS que amanezco hecho polvo del estómago
y vomito nada mas levantarme. El jefe me ha vuelto a llamar para decirme que están
a punto de echarme por el asunto del par de hostias que le di al chulito que se
me encendió el cigarro. Yo me he mordido la lengua y no le he dicho ni
mu, pero en el fondo me he alegrado porque de esta manera mi plan cobra sentido.
Losorujos prefiere escribir urdimbre en vez de plan. Urdimbre suena más
a mala leche y queda más culto. Yo no confío en ti, Losorujos, pero
te dejo que te explayes. Yo ya no confío en nadie. El desgraciado del jefe
se va a enterar de con quién se ha estado jugando los cuartos cuando no
le quede más remedio que salir a dar la cara de carajo, como responsable
que es de la seguridad del museo. Sus días laborales también están
contados y, sin embargo, aún no lo sabe. Nunca
esperes nada de nadie, Losorujos. No seas un esclavo y no sirvas jamás
ni a los poderosos ni a los amos. No dejes que te expriman la fuerza, ni que te
chupen la inteligencia igual que se chupa la cabeza repleta de una gamba antes
de escupirla. No te dejes ni comprar la ilusión de la juventud ni vender
la carnaza perversa del bienestar. No permitas que te engañen con las promesas
que cada día te enganchan en el cebo que te enseñan mientras te
usan, o acabarás sin esperanza. Cuídate, porque no valen ni los
esfuerzos ni las fidelidades guardadas, ni cuentan los agobios pasados ni las
noches en vela pensando en el deber. Al final te apartarán de su lado cuando
ya no les valgas y así ya no serás más que pasto de la misericordia,
mendigo de la vida, cifra estadística y después te morirás
a lo lento. Las mañanas, o están
casi siempre oscuras, o huelen a primavera. A veces huelen también a verano,
pero a mí me es lo mismo. Yo me limito a levantarme, siempre de mala gana
y despertado en última instancia por un reloj despertador de plástico
fino que me trajeron de las Canarias, y que no hace más que pitar hasta
que me despierta y lo paro de un manotazo, y me levanto con el estómago
revuelto y con ganas de vomitar y voy al váter a terminar de mear lo que
aún me queda de por la noche, y me afeito, primero el contorno de las patillas,
luego las mejillas, la perilla y la sotabarba, por ese orden, y por último
el bigote durísimo que me sale, y me quito el pijama, que unas veces es
verde con rayas negras y otras azul celeste igual que el amanecer de los maricas,
y cuando ya estoy desnudo me visto el uniforme de la empresa de seguridad en la
que trabajo. Salgo de casa. Me voy de
casa. Casa es como llamo al sitio en donde vivo, al lugar en donde más
a gusto meo, no sólo al levantarme, sino también cuando regreso
meándome del curro. Camino hacia la boca del metro, que es la boca que
me lame a diario y que a veces, si me descuido, también me muerde. Paso
por delante de un kiosco de periódicos y de una churrería. Llego
tarde a trabajar. Veo cómo la gente llega tarde a trabajar, por costumbre,
por necesidad, por vicio, por pereza. La gente toda junta es peligrosa y si la
catas a las horas tempranas de por la mañana te sabe a café con
leche. Yo antes de salir de casa no desayuno, vomitaría. En los periódicos
escriben los hechos y las frases que otros hicieron y dijeron el día anterior.
Antes envolvían con ellos los churros. A veces los periódicos nacen
ya muertos. Yo, ni un duro me gasto en un periódico. Tampoco es que lo
tenga. Puede que algún día oiga la radio mientras me afeito, esa
radio machacona de por las mañanas que entre mensaje y mensaje te va contando
los minutos: Las siete dos minutos, hora exacta, puertas Palomo, puertas todas
clases, en sapeli, oregón, roble o mansonia, puertas Palomo, somos fabricantes.
"Nada" vale también para "nadar"
pero amvas palabras difieren en el sentido. Losorujos amvas lo escribe
con "be" de "botijo" en vez de con uve de "yo tuve una vez un amigo que se metió
a cura y se fue a Venezuela para salvar las almas de los indios salvajes que viven
en la selva medio en pelotas, revolcándose los unos contra los otros sin
criterio moral que valga y sin ponerse condones para protegerse de las enfermedades
venéreas que se cogen en el follaje". Tú sabrás, Losorujos,
como se escribe "ambas", para eso eres el que escribe. Ya sabes el trato, yo digo
y tú escribes. No hace falta que escribas lo que digo. Bueno, miento, lo
que no hace falta es que lo escribas exactamente tal y como lo digo. De eso ya
hemos hablado tú y yo. Pon que me meto en el metro cuando todavía
es de noche. Maripili Pérez Puerto dice que coge el autobús cuando
todavía está de noche. El ser y el estar a veces coinciden pero
no tienen por qué. El metro lo construyeron para que los obreros pudieran
llegar antes al trabajo. Me refiero a los obreros que iban en metro a trabajar.
Yo, a la gente la respeto lo justo. Nada más que lo justo. Madrugar jode,
pero es síntoma de tener trabajo; peor es no tenerlo. Tener trabajo a veces
no es más que un síntoma de estar malamente subsistiendo. Malamente
no sé si está bien dicho, tú verás, Losorujos. Las
taquilleras, aunque acuden a trabajar al metro, no suelen montar en los vagones.
Algunas taquilleras van en su coche y a otras las llevan sus maridos. Muchos días
amanece y yo ni me entero de que ha amanecido. Tampoco me entero de que está
amaneciendo. Alguna vez tendría que esforzarme por ver amanecer, aunque,
bien visto, levantarse pronto para ver amanecer me parece un desperdicio de madrugón.
Los chaperos, el amanecer lo deben ver divinamente. ¿Tú y yo nos conocimos
de noche, verdad Losorujos? Por la noche todos los gatos son pardos y el metro
te lo cierran, salvo que haya ola de frío y seas mendigo, entonces te dejan
que te acuestes en la boca de Tirso de Molina. José Luis Pérez Martínez
dice que Tirso de Molina era un fraile, pero a mi me suena más a navegante.
Hoy en día no te puedes fiar ni de tu padre. Dormir en la boca de Tirso
de Molina es mejor que dormir bajo el amparo de la luna. Amparo también
es nombre de tía aunque en nombres de tía a mí me gusta más
Vanessa. Luna también puede ser apellido, primero o segundo, da lo mismo.
Yo no conozco a nadie que se llame Mari Sol Luna Luna, pero alguien habrá.
En este mundo tiene que haber de todo, es ley de vida. Yo
me llamo Jimmy Cruz, Jimmy por Santiago, Cruz por la cruz de Cristo y una vez
comí angulas. Yo me llamo Jimmy Cruz y no sé si seré un cabrón,
pero tampoco me importa saberlo. A mí lo único que me importa es
que vivo. Por las mañanas vivo en el metro y me meto sin desayunar y me
voy haciendo un hueco a codazos y a empujones, entre el cuerpo oprimido de la
gente; a leche limpia hasta que al fin me siento, aunque tenga que ser en un sitio
de los de caridad para inválidos. Juan
Manuel Gutiérrez Olmedilla dice que los periódicos los hacen con
papel de váter y que por eso huelen a mierda. Mi vida es un pozo de mierda
y nunca sale en los periódicos. Con las cosas del destino no nos está
permitido a los hombres jugar. Si después de todo, el destino existiera,
yo sé de muchos que habrían estado haciendo el canelo inútilmente.
Juan Martín Pérez dice que el hombre es dueño de su propio
destino, pero viéndole a él no parece que esto sea cierto. Juan
Martín Pérez lo que debe querer decir es que hay hombres que son
los dueños del destino de otros hombres. Yo,
de las mujeres hablo poco, lo cual no quita para que no me vaya fijando en sus
culos. Los culos de las tías traquetean igual que el metro, ¿a que sí,
Losorujos? Me levanto muy temprano, podría
decir que con el canto del gallo, pero no sería más que una memez
porque en las ciudades no hay gallos que canten. Yo hace muchos años vi
a un gallo en un pueblo y le tiré una piedra para que cantase, pero no
lo hizo y se desangró. Me levanto
temprano porque tengo que entrar a trabajar rayando el alba. Lo de rayar el alba
lo has escrito tú, Lososrujos, que quede claro que no es cosa mía.
Raya el alba y me afeito con maquinillas desechables Gillete Blue Dos que vienen
en paquetes de a diez más tres de regalo. A mí me da igual que vengan
de regalo porque yo las mango en los hipermercados. La gente se cree que los productos
pitan cuando se los cuelas a las cajeras, pero no es así. La gente está
muy confundida y es con esa confusión con la que los del comercio se sacan
su margen de beneficio. Con la confusión y también con el miedo.
Julio Mondéjar Tudela dice que
la gente tiene miedo a tres cosas: a morirse, a no correrse y a que les pillen
mangando en unos grandes almacenes. A los grandes almacenes y a los hipermercados
habría que prenderles fuego con los clientes dentro. Otro gallo nos cantaría.
Yo una vez vi un gallo en un pueblo, pero no cantaba y le tiré una piedra.
El gallo agachó la cabeza, pero no evitó la pedrada y se murió
desangrado y sin haber cantado. A mí,
lo que más me pone del metro es que va bajo tierra. Ángel Heredia
Rodríguez dice que las personas sólo deberían estar bajo
tierra una vez fallecidas. Las personas, una vez fallecidas, dejan de ser personas
y pasan a ser cadáveres. El metro, lo que sí que es, es rápido,
mucho más rápido que el coche y que el autobús juntos. Las
grandes ciudades están hasta el culo de coches y de autobuses, sin embargo
canódromos no suelen tener. En los canódromos, lo mismo que se pueden
hacer carreras de perros se podrían hacer carreras de parados. Se apuesta
por uno y a lo mejor se gana. El coche lo peor que tiene es la rapidez de la muerte.
Con el coche uno se puede matar sin darse cuenta. A los muertos de tráfico
la vida les abandona por el parabrisas tan deprisa como el intenso palpitar de
una quinceañera encelada. Esto de la quinceañera encelada lo escribe
también Losorujos, que se sepa; a mí nunca se me hubiera ocurrido,
pero a lo mejor vende, las horteradas venden muy a menudo y eso es lo único
que a mí me interesa de este asunto. En
el metro las personas van muy cercanas las unas de las otras y se ignoran a no
ser que se huelan. Las estaciones hacen oler distinto a las personas. Pon, Losorujos,
que me refiero a las cuatro estaciones, porque si no va a haber algún imbécil
que se piense que estoy hablando de las del metro. A mí me gustaría
entender de olores, pero cada uno es como es, qué le vamos a hacer. Montar
en metro es pesado. Es pesado tener que caminar entre la mugre de los pasillos
y subir andando por las escaleras mecánicas averiadas. Es pesado el estar
de pie, con las manos en los bolsillos, acariciándose por aburrimiento
el forro de los cojones. Es pesado que te aplaste la gente las membranas del cuerpo.
Es pesado oír mendigar a los portugueses y es pesado estar condenado a
la rutina de pisar las mismas mierdas cada día. Juan Pérez Pacheco
dice que los portugueses lo son porque les da la gana. En
el metro no hay misericordia con los portugueses, ni la hay, ni nunca la ha habido,
ni nunca la habrá. En el metro hay carteles pegados en los cristales de
los vagones que dicen que no se contribuya con la mendicidad organizada, porque
una caridad mal entendida redunda en el perjuicio de todos. Cuando
entra un portugués en el vagón y se pone a chapurrear la mentira
de sus miserias y toca en el acordeón un fado con el ritmo destartalado,
le echo unas monedas haciendo ostentación de la limosna para que la gente
se me quede mirando con malestar de conciencia. No les echo más que unas
pocas monedas de una pela de las desechables que ha sacado el gobierno, pero la
gente no lo sabe y sufre al oír su caída en la taza de plástico
de la misericordia. La gente es muy dada a confundirse y más a que la confundan.
A mí los portugueses no me engañan
y mucho menos los portugueses pobres. La gente es blanda de corazón y por
lo general se alivian la conciencia no aguantándose las ganas de dar limosna.
Yo, Losorujos, yo que aún tengo dignidad, sí que podría ser
un pobre de los de antes, y eso que todavía no me he echado a pedir. La
gente a la caridad le dice solidaridad y se queda tan ancha. Yo también
soy solidario con los negros, por eso les piso con descuido nada más que
los bordes de las corbatas que venden por los pasillos a cuarenta duros dos. Con
los eslavos ya no, son demasiado blancos, demasiado rubitos y además gozan
de buena prensa entre la gente, y a mí la buena prensa me fastidia. Hay
mendigos que en vez de tocar el acordeón se tocan la flauta. Algunos saben
tocar hasta villancicos con la flauta, a Belén pastorés, a Belén
chiquitós, que ha nacido el rey de los angelitós. Soplan la
flauta y piden para un bocadillo de salchichón. Cada cual pide para lo
que buenamente puede, qué le vamos a hacer, es ley de vida. Arturo Evangelista
Romero dice que los pobres que piden para comer no sacan ni para tabaco. Hay pobres
que pierden la razón del cerebro y acaban internados en los manicomios
de la Seguridad Social. Otros mueren quemados a lo bonzo sobre un colchón
abandonado. Sabe dios qué será mejor. Yo soy medio pobre pero no
pido, no se puede ir pidiendo por la vida; por la vida hay que pasar deprisa,
acelerando, a doscientos ochenta y seis por hora, hasta que te estrelles. "Estrelles",
Losorujos, quiere decir lo mismo que "hosties", pero suena de distinta manera.
Yo cuando digo "hosties" quiero dar a entender que es que te hostias y punto,
es algo rápido y violento, te hostias y se acabó. María Azpeitia
Lemóniz dice que a muchos pobres lo que les pasa es que les ha comido el
vicio. A otros en cambio se les ha bebido, y serían capaces de degollar
a una niña de pecho por una botella de aguardiente de garrafón.
A los que sobreviven les coge la pasma y les entrulla. En el trullo pierden la
libertad, pero eso da lo mismo, porque ganan un techo bajo el que caerse muertos.
A los pobres que tocan la flauta les doy
quince pelas y una cajetilla de Marlboro a medio gastar, siempre y cuando no me
sean negros. Fumar produce cáncer y nunca se sabe. Una boca menos que alimentar.
Si son negros les doy Ducados. Piedad Potro Portolés dice que después
de que tiren la tercera bomba mundial sólo van a quedar los negros y las
ratas sobre el planeta. Son rasgos comunes a los pobres lo mucho que fuman y las
jaurías de perros que siempre les acompañan igual que si fuesen
enjambres de moscas. Lo malo de los perros es que se cagan por las calles. Jauría
es sólo para perros, ¿verdad, Losorujos? A los perros de los pobres no
los dejan entrar en el metro. A los de los ciegos sí, salvo que sean pobres.
Decir jaurías de pobres está mal dicho, quedaría mucho mejor
decir enjambres de pobres. Adrián
López Calzada es un chaval al que le gusta escupir en el metro. Hay muchas
personas a las que les gusta escupir en el metro y se lo callan. El chaval cuando
sube por las escaleras mecánicas escupe lapos adolescentes que chorrean
lo menos medio metro con la baba gorda, todavía sin abrirse. Adriancito
también pinta grafitos. Aquí me ha salido rimado sin darme cuenta.
Quítalo, Losorujos, que las rimas son de maricones. Adriancito López
Calzada es aficionado a pintar en las paredes del metro. Pinta dibujos raros y
frases antisociales del estilo de "Mata por la Kara", "Ke te den por Kulo" o "Kómeme
la mierda kacho Kabrón". Adriancito es el hijo mayor del vecino del piso
tercero, letra B, de la casa en la que vivo de alquilado. Mi vecino, su padre,
es taxista de profesión; miento, de profesión era policía
municipal pero le echaron del cuerpo por dejarse untar por putas. Ahora trabaja
el taxi, de asalariado. Una noche paró a unos tipos que le quitaron la
caja, y como quiso rechistar le hicieron dos agujeros de pendiente, uno en cada
lóbulo de cada oreja. Dicen que le dijeron que como fuese chivándose
a la pasma le iban a hacer otro más en los cojones. Al padre del niño
le dicen en el barrio "la Maricarmen". Ramón Ortiz Mendieta, cada vez que
dice "los cojones", dice "con perdón". Si me vuelvo a encontrar al chaval
haciendo guarrerías por los pasillos del metro le tiro de las orejas con
el cortaúñas. "Las orejas" suena como "Losorujos". Si le perforo
con saña las orejas tendrá más motivos para cagarse en el
mundo y acabar trinchado a balazos. La justicia no es de ley, Losorujos, la justicia
empieza en la razón de la fuerza y acaba en los cojones del que la administra.
Si esto que acabo de decir lo dijera Ramón Ortiz Mendieta, diría
que "en los cojones, con perdón". Ya
van tres semanas que llaman por el teléfono para decirle guarradas a la
Nati. La Nati es mi mujer, lo digo para el que no lo sepa. También te digo
otra cosa, Losorujos, o es el chaval, que me la debe tener jurada, o es el pollero.
Mi jefe no creo que se atreva a tanto porque me conoce y sabe que soy capaz de
escalfarme un huevo en su sangre. Los
que van en coche al trabajo protestan por los tapones. "Tapones" suena como "tampones".
Tengo hecho ya el olfato a pozo ciego. Eso exactamente es lo que te estaba intentando
decir, muy bien, Lososrujos. El metro es un pozo ciego con fluorescentes. Un pozo
ciego de neón. Llevo casi diez años oliendo a metro, y eso curte
sin duda los tabiques nasales. "Nasales" suena como "no sales", y yo sí
que quiero salir, por eso estamos aquí tú y yo, los dos mano a mano,
buscando la salida. Antes no montaba en metro. Andaba por las calles arañando
la malvivencia y no me quejaba. El matrimonio una de las cosas que trae consigo
es el ir en metro. El matrimonio y el tener que madrugar para ganarse el sustento.
Yo empujo y no me corto, empujo con los
puños y le clavo a la gente los nudillos en las caderas. La gente va hecha
masa y a veces ni se entera. La gente toda junta suda espeso y el sudor se va
cociendo bajo la ropa y yo sigo empujando y empujo y empujo y no me canso de empujar.
En el metro, como en todos lados, te debes saber mover y hacerte un hueco. Si
no, fijo que acabas estrujado bajo el tufo de algún sobaco. En el verano,
las tías cuando se acaloran huelen distinto. El verano es otra cosa. Algunas
van sin sostén y se les filtran los pezones por la blusa y les asoman los
costados de las tetas por los huecos de las mangas cortas cuando se agarran a
las barras para no caerse. Por razón de la estación, los asideros
van pringados de sudor de manos múltiples. Las mujeres deberían
por propia voluntad abstenerse de montar en metro en el verano, pero algunas también
tienen la desgracia de trabajar. Mariano Alas Montalbán dice que a las
tías, por regla general, les suele gustar el trabajo. Las tías son
todas tontas y da pena ver cómo se les licua en la cara el maquillaje cuando
pega el bochorno del mes de Julio. A las mujeres lo que les pasa es que se sofocan
echando leches. Cuando no llevan sostén se les cata enseguida, porque no
se les marcan las costuras en las blusas. Los tíos babean con las tías
que no llevan sostén. Esto también se podría decir de otra
forma menos sexista: "Las personas babean con las personas que no llevan sostén."
No queda igual, pero lo que es decir, dice más o menos lo mismo. Las faldas
dan menos juego que los sostenes. A veces, cuando cruzan las piernas, hay una
infracción de segundo, un soplo, un instante en el que salta la liebre
y a lo mejor se les ve el chumino. Losorujos corrige y pone "fracción"
en lugar de infracción y "conejo" en vez de chumino. Yo siempre he dicho
infracción de segundo, qué le vamos a hacer, cada uno es
como es. Esto sucede, digo, en contadas ocasiones, porque casi siempre llevan
bragas, me refiero a cuando van en metro. Yo, si te digo la verdad, prefiero que
se pongan pantalones de gasa ajustados, de esos que se pegan bien al cuerpo y
rezuman la transpiración. Carne, lo que se dice carne, no se ve, pero se
va tirando con la intuición.
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