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Artes de bien morir | | VV.
AA | | 288 (XLVI + 242) págs. |
| Edición y prólogo: Antonio Rey Azas
| | ISBN 84-96080-14-5 | |
20.00 € | |  |
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Arte de bien morir y breve confessionario Anónimo
| A honor
e reverencia de Nuestro Señor Ihesu Cristo e de la Sacratíssima
Virgen Señora Santa María, su madre, comiença el tratado
llamado Arte de bien morir con el Breve confessionario, sacado de
latín en romançe, para instrución e doctrina de las
personas carescientes de letras latinas, las quales non es razón que
sean exclusas de tanto fructo e tan necessario como es e se segue del presente
compendio, en esta forma seguiente: El prohemio
Aunque,
según el filósofo en el tercero libro de las Éticas,
la más espantable de las cosas terribles es la muerte, empero en ninguna
manera se puede comparar a la muerte del alma, porque, según dice San Agustín,
mayor damnación es la perdición de una alma sola que de mil cuerpos.
Asimismo prueba esto San Bernardo, diciendo que todo este mundo corporal no se
puede estimar en tanto en cuanto es el precio y el valor de una sola ánima.
De manera que tanto es más espantable la muerte del alma cuanto ella es
más noble y preciosa que el cuerpo. Y como
el alma sea de muy gran valor, el demonio trabaja y procura de traerla con sus
engaños y sutileza para condenación y pena eterna, y en especial
en la hora postrera de la muerte; y esto, a cualquiera que vive en esta vida mortal.
Por tanto, el que desea aparejarse para bien morir y acabar, en lo cual consiste
todo nuestro bien, muchas vezes e con diligencia aya ante los ojos la Arte
de bien morir. Piense, pues, cada uno en su corazón
muchas veces en la última enfermedad de la que ha de morir. Porque, como
dice San Gregorio: «Mucho se ocupa en buena obra el que siempre piensa
en su fin», ca el mal que está por venir, si es considerado e pensado
ante, más ligeramente se puede tolerar e soffrir, segund aquel común
dicho: «Si las cosas venideras son ante sabidas, más levemente son
soportadas». Empero, muy pocas veces se disponen los cristianos para
morir bien si la muerte los sorprende de rebato, solapadamente, pues piensan estos
tales vivir mucho y no creen que han de morir tan presto. Lo cual es cosa muy
manifiesta y cierta de que es engaño del demonio, y así muchos cristianos
viven engañados con una tan falsa esperanza y mueren de mala manera. Por
lo que de ningún modo se debería dar mucha esperanza al enfermo
diciéndole que ha de tener y recobrar la salud, porque, según dice
un doctor muy famoso de París, por una tan falsa consolación y simulada
confianza de salud corporal viene la persona a perderse, dando en entender que
no ha de morir de aquella enfermedad, y dejando así de hacer lo que está
obligado como cristiano. Por ende, ante de todas
cosas, sea induzido e amonestado el enfermo a aquellas cosas con que aya e alcançe
la salud de la ánima, e son necessarias para salvación. Primeramente,
que crea assí como buen cristiano los artículos de la fe, segund
que la Santa Madre Iglesia los tiene e cree. Segundo, que sea alegre porque muere
en la fe de Nuestro Señor Ihesu Cristo e en la obediencia e unidad de su
Santa Iglesia. Tercero, que proponga en su coraçón de emendar su
vida, si más viviere, e de non pecar más ni offender a Dios ni a
sus próximos. Quarto, que perdone por amor de Dios a los que le han offendido
e pida perdón de aquellos que él ha injuriado. Quinto, que torne
las cosas agenas. Sesto, que conosca e crea que Ihesu Cristo murió por
salvar a nosotros e por él, e que de otra manera non puede ser salvo, sino
por mérito de la su Santa Passión, por lo qual faga gracias a Dios
en quanto puede. E si a estas cosas respondiere de buen coraçón,
señal es que es del número de los que se han de salvar. Dende
con grand diligencia sea induzido a que resciba los Santos Sacramentos de la Iglesia.
Primeramente, que con grand contrición de sus pecados faga entera confessión,
e dende resciba todos los otros sacramentos necessarios con grand reverencia e
devoción. E aquel que non fuere enformado e preguntado de otro alguno de
las cosas susodichas pregunte e piense en sí mesmo, considerando si es
dispuesto como dicho es. E el que en esta manera fuere dispuesto encomiéndese
todo e sea dado a la Passión de Ihesu Cristo, continuamente rezándola
e pensando en ella, ca por esta todas las temptaciones del diablo e sus asechanças
son vencidas. E es de saber que, en el artículo de la muerte, los que han
de morir han mayores e más graves temptaciones del enemigo que jamás
ante uvieron, de la manera que baxo parescerá; contra las quales el ángel
trahe e conseja buenas inspiraciones. E porque este
tratado es muy necessario e provechoso, assí para los doctos e letrados,
a los quales es dirigida esta doctrina en latín, como para los comunes
e personas non letradas, que non menos es razonable que carescan de tan necessario
fructo, deliberé sacarlo, segund la possibilidad de mi pobre entender,
en lenguaje castellano, en claro e patente estillo, con sus historias correspondientes
a cada un capítulo, segund que en el exemplar latino las fallé,
para que puedan, como en un espejo, mirar e especular las cosas para la salud
de sus ánimas pertenescientes. Por ende, qualquier
que quiere e dessea bien morir, considere diligentemente las cosas contenidas
en este libro, e conseguirá grand ayuda e utilidad para se deffender de
las temptaciones del diablo, e alcançar la gloria del Paraíso, la
qual nos quiera otorgar Dios, en todo poderoso, el qual regna en unidad de essencia
e trinidad de personas por todos los siglos sin fin. Amén.
Capítulo 1. En el cual se trata de qué manera el demonio tienta
al cristiano contra la fe cuando está en el artículo de la muerte
Como
la fe santa y católica sea fundamento y principio de nuestra salud y sin
fe ninguno se puede salvar, según San Agustín dice, que la fe es
fundamento de todos nuestros bienes y principio de toda la salud humana, San Bernardo
dice que la fe es principio de la salud cristiana, y que sin la fe ninguno se
puede salvar ni ser del número de los hijos de Dios; y sin fe cualquier
trabajo del cristiano es vano y sin esperanza de premio ni provecho. Y, por tanto,
el demonio, enemigo del humanal linaje, trabaja con todas sus fuerzas, mañas
y sutilezas por engañar y echar al cristiano en el infierno en el artículo
de la muerte, apartándole de la fe, o, a lo menos, trabaja por hacer desviar
y atibiar o dudar totalmente en ella; por donde es de saber que el que duda en
la fe sin duda es infiel. Y cuando el demonio tienta
al cristiano en el día y hora de la muerte, con grandísima sutileza
le dice de esta manera: «¡Oh pobre de ti, cristiano, cómo estás
tan desventurado y tan engañado con ese grande error de esa fe católica
y creencia que tienes! Has de saber que te desengaño del todo: que no es
así como tú lo crees, ni según te predican. Porque te hago
saber, si lo ignoras, que no hay infierno ni purgatorio; antes todos, sin quedar
ninguno, hemos de ser salvos. E aunque el ombre faga muchas cosas que sean
aquí avidas por malas, o se mate a sí mesmo o adore a los ídolos,
assí como facen los reyes infieles e grandes ombres con grandes campañas
de paganos, todo es un mesmo fin, assí para los cristianos como para ellos,
porque ninguno que muere non torne más acá. Así que esta
fe no es verdad, antes te engañas en ella del todo». De
esta manera y por muchas otras trabaja el demonio cuanto puede para hacer caer
y engañar a cualquier cristiano a la fin de sus días; y esto, porque
sabe muy bien el demonio que el fundamento, que es la fe, viniendo el cristiano
a titubear o dudar en ella, todo lo otro que fuere edificado, todo con facilidad
caerá necesariamente. Pero es de advertir que
el demonio, por mucho que tiente al cristiano, nunca por fuerza le hará
pecar ni traspasar los preceptos, ni vencerle en que dude en la fe, si ya no le
da lugar, o que consienta. Porque, según dice el apóstol San Pablo,
Dios omnipotente es muy clementísimo y misericordioso, el cual no consiente
que los cristianos sean tentados más de lo que cada uno puede sufrir y
resistir. Empero, da el Señor gracia y fortaleza de tal manera que cada
uno puede resistir y aprovechar en aumento de premio. Capítulo
2. Síguese luego la buena inspiración del ángel en guarda
de la fe
Contra la primera tentación,
que se ha dicho, del demonio, viene luego el consejo e inspiración del
buen ángel para confortarle y que esté firme en la santa fe católica
y cuanto la santa madre Iglesia confiesa y cree, y le dice así: «¡Oh
hermano mío!, no creas a esa serpiente maldita, mentirosa y engañosa,
de las tentaciones pestíferas y malvadas y falsos consejos, empero guárdate
de él, porque, como es malicioso, envidioso, y la misma maldad y mentira,
te quiere echar a perder para siempre. »Este
demonio, mira qué te digo, como es padre de la mentira, con mentiras y
falsedades engañó a Adán y a Eva, su mujer; y no dudes en
cosa ninguna de la fe: está firme en ella como católico y verdadero
cristiano, como lo has sido hasta aquí. Porque, puesto caso que por sentido
corporal o con el entendimiento no puedas alcanzar a entender y comprender las
cosas de la fe, no por eso se sigue que no es verdadera; porque, si tú
pudieses comprender y entender por razón natural, no sería meritoria
en ninguna manera, según dice San Gregorio que la fe no es meritoria, a
la cual la razón humana da experiencia y prueba. San Pablo, escribiendo
a los de Corinto, en el capítulo segundo, dice que sin la fe no es posible
agradar a Dios. San Juan, en el capítulo tercio, dice: Aquel que
no cree ya es juzgado y condenado. San Bernardo también dice que
la fe es primogénita y principio entre todas las virtudes, y que más
bienaventurada fue nuestra Señora la Virgen María aceptando y recibiendo
la fe de Jesucristo, que no en dar su carne». Considera,
pues, también la fe que tuvieron los padres antiguos, así como Abrahán,
Isaac y Jacob, y algunos otros gentiles, como Job y Raab y muchos otros. Asimismo,
has de pensar la fe de los apóstoles, mártires y confesores y vírgenes,
porque, mediante la fe, todos los santos de la ley de naturaleza, de escritura
y de la ley de gracia merecieron alcanzar la gracia y gloria de Dios. Por la fe
que tuvo San Pedro fue sobre las aguas del mar, y San Juan bebió el veneno
sin hacerle daño. Por la fe, por oración que fizo Alexandre,
los montes Caspios fueron cerrados. Por ende,
la fe es de Dios bendicha, por que deves como varón resistir al diablo
e firmemente creer todos los mandamientos de la Iglesia; ca la Santa Madre Iglesia
non puede errar, como sea regida de Spíritu Santo. E
nota que, como el enfermo se viere temptado contra la fe, primeramente deve pensar
[que], en fin, la fe es tan necesaria que sin ella no se puede salvar ninguno.
Y la fe todas las cosas puede, según dice la misma sabiduría, Cristo
Nuestro Señor y Redentor, que todas las cosas son posibles al que verdaderamente
tiene fe y esperanza. Ítem dize: «Qualquier cosa que rogardes,
creed que rescibiréis». E desta manera, mediante la gracia
de Dios, ligeramente podrá el enfermo resistir al diablo. E también
es cosa provechosa que el Credo in Deum sea dicho alta boz, intelligible e muchas
vezes cerca del enfermo, por que él sea animado a más firme perseverar
en la fe, e los demonios, que aborrescen de lo oír, sean dende fuidos e
arredrados. Capítulo 3. Trata de la tentación
del diablo a la hora de la muerte, conviene a saber, de la desesperación
Viendo
el demonio que el que está en la agonía de la muerte está
muy firme en la santa fe católica, comienza entonces el demonio a tentarle
para que desespere de la confianza y esperanza que ha de tener en Dios; y así
como el demonio le ve que está atormentado de los dolores corporales, entonces
la serpiente maldita ayunta más otros dolores, representándole los
pecados que en toda su vida ha hecho, en especial los pecados que nunca confesó.
Y, porque desespere, dice el demonio de esta manera: «¡Oh malaventurado
de ti!, mira aquí con tus ojos cuántos pecados grandes y enormes
que has hecho contra Dios. Y son tantos y tan abominables que no te cumple ya
tener esperanza de alcanzar perdón de ellos; y bien puedes decir, como
dijo Caín, que mayor es tu culpa que la misericordia de Dios. »Mira
cuántas veces sin número has quebrantado los mandamientos de Dios,
ni tampoco nunca jamás has amado a Dios según Él te mandó
y eras obligado a ello, antes no sólo esto, empero has injuriado, difamado,
murmurado de muchos, y de todo esto ya ves tú, que bien lo alcanzas, que
tengo razón yo, que no puedes ser salvo ni perdonado, pues no has guardado
ni has ido por el camino de tu salvación. Y no pierdas tiempo en pensar
que te has de salvar, que es por demás que tú seas digno de perdón.
¿No te acuerdas que dijo Jesucristo: Si quieres entrar en la gloria,
guarda mis mandamientos? Pues tú no los has guardado, antes has vivido
lujuriosamente, soberbio, avaricioso, goloso y muy airado. Has vivido también
toda tu vida con envidia y mucha pereza para todo bien. Y, tras de todo esto,
sabes tú y has oído muchas veces decir y predicar, si te quieres
acordar, que un solo pecado basta para condenar uno al infierno. Pues, dime tú,
con tantos que has hecho como los ves aquí delante de ti, ¿qué
esperas, que Dios te ha de perdonar por ventura? »Pues,
veamos, para que creas lo que te digo: ¿dónde son las siete obras
de misericordia que has cumplido y guardado, de las cuales te pedirá Dios
en el juicio final cuenta de ellas? ¿Para qué quieres ir allá?
Pues, según se dice en el Evangelio, que los que no las han guardado ni
han vivido en este mundo sino malviviendo y pecando, así como tú,
que estarán a la parte izquierda y les dirá el juez, Cristo: Id,
malditos, al fuego eternal, porque yo tuve hambre y sed, y no me distes a comer
ni beber, ni hicistes todas las obras de misericordia que yo os mandé.
Y aún te hago saber que dijo el apóstol Santiago que juicio sin
misericordia será hecho a aquel que no ha hecho ni cumplido obras de misericordia
en este mundo. ¿Qué quieres más que te diga? ¿No basta
esto para que quedes desengañado del todo, que no puedes ser perdonado
ni irás al cielo jamás? »Pues,
para que del todo desconfíes de la misericordia de Dios, te quiero hacer
saber que muchos e infinitos han trabajado y sudado y martirizado su cuerpo días
y noches, guardándose de pecar ni quebrantar los mandamientos de Dios,
y con todo esto, ninguno ha osado decir ni presumir en ninguna manera que están
ya seguros de no ir al infierno, porque ninguno sabe de cierto si es digno de
pena o de gloria. Luego, pues tú conoces y ves claramente que has sido
toda tu vida pecador, has hecho muchos males y muy pocas obras buenas, ¿cómo
has de tener ninguna esperanza de perdón ni de tu salvación? Sólo
eres digno de toda culpa y de ser condenado al infierno para siempre».
Por estas cosas y otras semejantes procura el demonio
de provocar e inducir a desesperación, de la cual nos guarde Dios por su
bondad, y nos hemos mucho de esforzar y guardar sobre todos los otros males y
engaños, porque, como este pecado sea contra la misericordia y piedad de
Dios, es él más digno de pena que todos los otros pecados. La
qual [misericordia] sola nos salva, segund que testigua el Propheta: «Las
misericordias de Dios son por que non somos destruidos». E Sant Agustín
dize: «Cada uno que es puesto en pecado, si de la venia e perdón
verdadero desesperare, este tal del todo pierde la misericordia de Dios»,
porque ninguna cosa tanto offende a Dios como la desesperación.
Capítulo 4. Síguese la buena inspiración y consejo del
buen ángel contra la desesperación
Contra
la segunda tentación del demonio luego acude el ángel de Dios con
la inspiración santa y sabiduría saludable, diciéndole de
esta manera: «¡Oh cristiano!, ¿qué haces y por qué
desesperas? Mira que te digo, hermano, que, puesto caso que hubieses cometido
tantos pecados enormes cuantos granillos de arena hay en el mar ni cuantas gotas
de agua puede haber, y aunque tú solo hubieses cometido todos los pecados
de los hijos de Adán y Eva, y, tras de todo esto, no hubieses hecho ninguna
penitencia ni buenas obras, y aunque no te hubieses confesado de ellos ni tuvieses
ahora tiempo ni modo para confesarlos, no por eso en ninguna manera has de desesperar
ni desconfiar de la clemencia de Dios. Y en tal paso, como tú estás
ahora, para dar un salto y vuelo para siempre sin fin a la gloria o al infierno,
sólo basta que dentro, en tu corazón, tengas verdadera contrición
y arrepentimiento de todas tus culpas, porque más puede Jesucristo perdonar
que no contra É le puedes ofender. Y esto lo prueba el real profeta David,
diciendo que el corazón que está contrito y humilde Dios no lo menosprecia.
También el profeta Ezequiel dice que, en cualquier hora que el pecador
gemirá y se dará un golpe en los pechos, conociéndose pecador,
será salvo. San Bernardo dice que mayor es la misericordia y piedad de
Dios que todos los pecados del mundo. También San Agustín dice que
más puede Dios perdonar que no el hombre pecar. »Y
aun, pongo por caso, que supieses cierto que eres de aquellos que han de ser condenados
al infierno para siempre, con todo eso no habías de desesperar ni desconfiar,
por abominable que fueses, porque por la desesperación non se alcança
otra cosa alguna sino que por ella el muy piadoso Dios mucho más se offende,
e los otros tus pecados se agravan más, e allende que la pena perdurable
se augmenta fasta la muerte. Porque Jesucristo no murió en la cruz
sino sólo por los pecadores, y por ellos vino del cielo a la tierra, haciéndose
hombre y en forma de pecador; et non por los justos, assí como Él
mesmo dize: «Non vine llamar los justos, mas los pecadores». Toma
ejemplo de San Pedro, el cual negó a Jesucristo; y a San Pablo, que perseguía
la Iglesia y a los cristianos; y a San Mateo e Zacheo, que eran públicos
pecadores; María Magdalena y la mujer presa en adulterio, y al ladrón
que estuvo colgado junto con Jesucristo, a María Egipciaca y otros grandes
pecadores, los cuales son ahora grandes santos en la gloria eterna, porque supieron
pedir perdón y tuvieron contrición, y confiaron y esperaron de Dios
el perdón, y ninguno desesperó porque nunca fuera salvo».
Es de notar que, cuando el doliente conoce y ve que está
tentado de la desesperación, luego debe pensar y creer que el más
peligroso y culpable de todos los pecados y lo que más trae a condenación
es la desesperación, porque, como dice San Agustín, más pecó
Judas en desesperarse que no los judíos en crucificar a Jesucristo. Y procure
el que está en tal agonía no perder la esperanza de la salvación
de su alma, la cual es muy necesaria, porque, como dice San Crisóstomo,
la esperanza es el áncora de nuestra salvación, y es el fundamento
de nuestra vida, y es además señal, guía y camino para los
que van a la gloria del paraíso. E, por ende, non es de desampararla
por qualesquier pecados grandes e innumerables que sean. Capítulo
5. Trata de la tentación del demonio a la hora de la muerte, conviene
a saber, de la impaciencia
Conociendo y viendo
el demonio astuto que no puede inducir y engañar al que está en
el artículo de la muerte en el pecado enorme de la desesperación,
comiénzale luego a tentar de impaciencia y poco sufrimiento, la cual procede
de la grande agonía y pasión que se pasa y siente en las entrañas.
Y dice el demonio así: «Dime, cristiano y buen hombre (que lástima
y grande piedad me mueve verte en tanta agonía, rodeado de tantas diversidades
de penas), ¿por qué sufres y quieres padecer tú esta grande
agonía y dolores incomportables, pues de todas las penas y trabajos que
padeces ahora no tendrás ningún provecho ni galardón? Pues,
¿por qué te da Dios (a qué propósito) tantas penas
y dolores? Que no mereces tú, por cierto, la mitad de ellas conforme a
justicia, pues tú tampoco no has hecho tales pecados que sean dignos de
quererte dar a ti ahora tan grandes tormentos y trabajos, con tanta crueldad.
Y, después de esto, ¿no ves cuántos te están mirando
y no hay ninguno que se compadezca de ti en ayudarte? Todos te dejan y desean
que te mueras, y no te quieren dar lo que has menester; que por esto más
presto te mueres y más males padeces. Antes te dejan penar y no se les
da mucho, lo cual es contra toda razón y caridad, y sin ninguna piedad.
Y puesto caso que tus parientes y amigos de palabras solas muestran que te tienen
compasión y lástima de ti, en verdad te juro, y a fe de quien soy
que no acostumbro a decir mentiras, que ellos mismos desean ya verte muerto, por
lo que les has de dejar y han de heredar. Y es cosa muy cierta (mira qué
te digo) que, en ser tu alma fuera del cuerpo, no querrán sola una hora
tenerte en casa de buena voluntad, y aun te digo por cierto que los mismos que
están sirviendo desean que te mueras presto». Por
estas y otras semejantes maneras tienta el demonio a la persona de impaciencia
al fin de su vida, la cual impaciencia es contra la caridad, mediante la cual
debemos amar a Dios sobre todas las cosas, haciendo que el demonio pierda su intento
de ponerlo en contrariedad con Dios. Nota que,
a los que han de morir, muy grand dolor corporal acaesce, mayormente a aquellos
que mueren non por muerte natural, la qual viene muy pocas vezes, assí
como lo enseña la experiencia; mas antes viene, por la mayor parte, por
acidentes, assí como de fiebre, apostema o otra grave enfermedad aflitiva
e atormentante. La qual enfermedad a muchos, e mayormente a los que non son bien
dispuestos en la ánima, en tanto grado tornan impacientes e sañosos
e murmurantes que a las vezes, del grand dolor e impaciencia, paresce que sean
tornados locos e sin sentido, segund que algunas vezes se vee en muchos.
De lo qual verdaderamente paresce que los semejantes
fallescan de la verdadera caridad. Dice San Jerónimo que el que está
en tal agonía, teniendo bueno el entendimiento, y que este tal tenga impaciencia
y murmure de la pasión y trabajos que Dios le da, que este no ama a Dios
según debe. San Pablo dice que la caridad es paciencia y benignidad, y
aquel que no se conforma con la voluntad y querer de Dios a la fin de sus días,
plaziéndole de su fin e de ir para Nuestro Señor con grand arrepentimiento
de sus pecados e con propósito de emendar su vida si Dios lo permitiesse
más vivir, que no será acepto a Dios su acabamiento. Por lo cual,
cualquier cristiano deba procurar disponerse mientras está sano para que
en el artículo de la muerte sea conforme con la ley de Dios, que es su
voluntad. Capítulo 6. Síguese la buena y santa inspiración
del ángel contra la impaciencia
El
buen ángel, contra la tentación del demonio acerca de la impaciencia,
da buena inspiración y consejo de paciencia, diciendo así: «¡Oh
cristiano!, aparta tu corazón de la impaciencia e ira, y no creas al enemigo,
el cual por envidia te quiere engañar y que del todo te pierdas. Mira que
por la impaciencia y murmuración se pierde el ánima, así
como se salva por la paciencia y sufrimiento. Y, según dice San Gregorio,
que el reino de los cielos no le alcanza ningún murmurador ni impaciente.
Y por tanto, hermano, te hago saber de parte de Dios que tu enfermedad y trabajos
son muy ligeros en respecto de tus pecados. Por tanto, no te pese ni tengas tanta
tristeza en tu corazón, sino ofrécelo todo con mucha paciencia en
tu corazón a Jesucristo, Redentor universal, porque te hago saber que,
como a manera de purgatorio, si antes que del todo te mueras recibes con mucha
paciencia estas tus agonías y dolores, se te recibirá en este mundo
en cuenta y en remisión de todas tus culpas. Porque, como dice San Gregorio,
Jesucristo es muy misericordioso y, como tal, da a cada uno la pena y tribulación
corporal en este mundo por no dar después la pena perdurable. Y, por tanto,
San Agustín, estando en este mundo, rogaba a Jesucristo que le diera penas
y tribulaciones, porque siempre le hubiese Jesucristo de perdonar. »De
manera que tus trabajos y dolores, que ahora padeces en este mundo y en tu cuerpo,
por ellos se manifiesta que Jesucristo no te quiere desamparar. Mira que dice
San Agustín que los males, adversidades y trabajos que en este mundo padecemos
nos traen por fuerza a la eterna gloria. Y aun dice este santo que es señal
de mucha condenación cuando la persona es amada del mundo, y sus hechos
y deseos le vienen todo así como quiere, a su placer. E, en otra parte,
dize que: «Es marabilla cómo aun las piedras no se levantan en solaz
e plazer a los que han de ser condempnados; empero que más marabilla es
cómo las piedras non se levantan en escándalo e peligro a los que
han de ser salvos». Pues quita e aparta de ti la impaciencia e saña
assí como pestilencia ponçoñosa, e toma en ti paciencia,
que es escudo muy fuerte, con la qual todos los enemigos de la ánima ligeramente
son vencidos, e considera cómo Ihesu Cristo e sus sanctos fueron muy pacientes
fasta la muerte». Y se ha de notar que, cuando
el enfermo está tentado de impaciencia, debe considerar ante todo que la
impaciencia es muy peligrosa y camino de condenación, porque la impaciencia
perturba el ingenio, y, al enojarse contra la pasión que sufre, esto le
aparta y enfría en el amor de Dios. Que por eso Jesucristo dice con su
boca sagrada: «¿Sobre quién reposará mi espíritu
sino sobre el humilde y el manso de corazón?». Y así dice
San Pablo que la paciencia en lo que Dios permite y envía nos es a todos
muy necesaria, so pena de caer en su rigor e indignación. San Gregorio
dice que es mayor mérito sufrir con paciencia las cosas adversas y contrarias
que no trabajar en buenas obras, porque sin la espada y sin ser degollados podemos
ser mártires, si conservamos la paciencia y sufrimos verdaderamente en
el corazón. E dize Salomón que: «Mejor es el paciente que
el varón fuerte», e que aquel que señorea a su coraçón
e apetitos mejor es que el conquistador de cibdades.
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