Sobre sus anteriores entregas: La
estación inmóvil (1990) «A la altura de
los grandes libros del género», (Juan Manuel
Bonet, Abc). «Estilo de guante blanco, prosa elegante
y gran precisión al rastrear lo literario en el mundo cotidiano»,
(Enrique Murillo, El País). Champán y
sapos (1994): «Merece ser leído como testimonio
de un escritor y como indagación sensible y reflexiva en todo aquello que
nos permite disfrutar de la vida y también de lo que nos la hace más
dura. Es un libro que enseña a vivir mejor. Y todo ello expresado en un
estilo elaborado con sencillez, pulcritud y elegancia»,
(Ángel Basanta, Abc). «Es uno de esos libros
que se pueden abrir por cualquier página con la certeza de que no faltarán
en él unas líneas memorables», (José
Luis García-Martín, La Nueva España). «A
sus páginas se acercarán quienes gustan de la esencialidad que favorece
el desasosiego, no quienes andan con estos tiempos exentos sin equipaje y atentos
a la última novedad fácil y digestiva»,
(Santos Alonso, Diario 16). «Con estilo elegante,
preciso, resuelto y contenido Llop anota el mundo en torno y se anota a sí
mismo. Reservado e irónico, penetrante y distante, el autor extiende su
mirada sobre la realidad y sobre sí mismo, o sobre sí mismo y sobre
la realidad, entrando en los asuntos más diversos: política, paisajes,
filosofía, sueños, recuerdos, vivencias y, sobre todo, literatura,
ajena y propia: aforismos, citas, comentarios. Llop es inteligente y nunca dice
tonterías, ni es grandilocuente, ni pedante, ni gratuito. Elude el narcisismo,
tiene una concepción transitiva del dietario: piensa, pues, en el lector.
No se puede pedir mucho más a un dietario», (Miguel
García-Posada, El País). Sobre Arsenal (1996)
«Lucidez en la reflexión..., finura y elegancia en
una escritura siempre mimada en su expresiva sencillez y naturalidad... En un
tono de hondura y gravedad entreveradas de ternura y poesía, afloran con
frecuencia la ironía y el humor», (Á.
Basanta, Abc). «Una tensión en lo cotidiano
que roza a veces una enorme intensidad», (J. Á.
Juristo, El Mundo). «Un estilo nominal, contundente
y brillante como un auténtico fogonazo», (V.
Sánchez Rey, El Correo de Andalucía). |