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Netianas. N(h)acer mujer en Internet |
| REMEDIOS ZAFRA | | 192
págs. | | | | ISBN 84-96080-44-7
| | 15,95€ | |
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(G)
Netianas Google Si
existiera un «lugar» idóneo como hábitat de las netianas,
probablemente este no sería un «lugar» sino, más bien,
un «estar de paso», allí donde Gaston Rageot (1928, citado
en Virilio, 1988, 68) sugería que la necesidad de peregrinación
(de nomadismo) había situado la fijeza de la vida en el desplazamiento.
Si existiera un «lugar» idóneo como hábitat de las
netianas probablemente sería una «casa Google». Vivir
en una casa Google es como habitar sucesivos estados picnolépticos24.
La búsqueda dura unos segundos, es casi inmediata, el antes y el después
se sueldan rápidamente de manera que la ausencia es casi imperceptible.
La búsqueda conlleva leves sensaciones de desequilibrio, de viaje y vértigo.
El desplazamiento on line estaría caracterizado por las «vigilias
rápidas» de las búsquedas, procesos que en décimas
de segundo repasan el remanente de datos del cerebro-red para configurar un
sueño, retahíla de fragmentos inconexos entre sí, que
el buscador emite como imagen alternativa del subconsciente-red. Diseminadas,
aparecen las hegemonías bajo las que, de manera independiente, ha ido
tomando forma cada registro. En conjunto, las búsquedas Google parecieran
subvertir esas hegemonías combinando datos en torno a un nombre, una
sentencia, una pregunta, como si en ese instante se personificaran mediadas
por un sueño de la máquina (simple médium). Las búsquedas
Google, soñando, parecieran alterar esas hegemonías. Aparentemente,
sólo aparentemente. Pero Google no actúa únicamente como
mediador de los sueños de los datos, también funciona como intermediario
de la identidad. De hecho, el proceso «insertar-buscar» una palabra
o una frase genera una doble acción: singularización (búsqueda
de la diferencia de un elemento en relación al resto de una base
de datos) y generalización (definición de lo común a un grupo
de elementos diferentes de otros), similar a la que se requiere para todo
proceso identificatorio. El campo de las relaciones diferenciales
de las cuales emergen todas y cada una de las identidades particulares debe ser
ilimitado.Más aún, la «incompletitud» de todas y cada
una de las identidades es el resultado directo de su emergencia diferencial: ninguna
identidad particular puede emerger sin suponer y proclamar la exclusión
de otras, y esta exclusión constitutiva o antagonismo es la misma condición
compartida de toda constitución de identidad (Butler, en Butler y otros,
2003, 38).
La netiana Google actúa además como una doble
figuración iconoclasta, que antepone la diversidad hipertextual a la
linealidad filosófica. La netiana Google apunta una nueva realidad
ontológica del sujeto: «es» quien «está en Google»,
y «está» fragmentado, parcial y discontinuo como el listado
de los recuerdos de algo que no se recuerda bien, piezas de un mosaico que
no tiene modelo ni imagen que construir, sólo recorridos de lectura
sugeridos. La netiana Google nos permite analizar las situaciones en las que
el sujeto en red produce subjetividad en relación a un cuerpo que «no
la acompaña». Una tarea deconstructiva: suavizar las fronteras
para indagar en las categorías establecidas en torno a la identidad
en Internet. La netiana Google tiene numerosas caras. Su fondo de armario
es amplio. Imagínense, innumerables vestidos con innumerables pliegues...
Habría tantas netianas Google como pliegues posibles en cada vestido,
en cada elemento. De hecho, Internet para la netiana actúa también
como un espacio de pliegue, de innumerables pliegues casuales y efímeros.
Liberado de la momia de un material infinito, indivisible, irrompible...,
esencial, el pliegue casual de la netiana Google es «divino accidente»,
«divina Travesura » (Rhineheart, 1973, citado en Baudrillard,
2000, 64). A veces la travesura se materializa en combinaciones aparentemente
surrealistas: mi nombre y apellidos entrecomillados en Google, por ejemplo,
fue desmembrado durante un tiempo en registros académicos y profesionales
combinados con registros de una empresa de dermoestética («remedios
para el acné»). Sentencias de los nombres y poéticas de
la máquina (o pragmáticas del capital). Google sería
además un «tercero» entre el pliegue y el cuerpo (un elemento),
para el que «ni siquiera hace falta recordar que el agua y sus ríos,
el aire y sus nubes, la tierra y sus cavernas, la luz y sus fuegos son, en
sí mismos, pliegues infinitos [...]. Basta con considerar de qué
modo la relación del vestido y del cuerpo va a ser ahora mediatizada,
distendida, ampliada por los elementos», decía Deleuze (1989,
156). Google como elemento que provoca pliegues de la diversidad y la travesura.
En la labor de identificación propia de la búsqueda Google,
cualquier combinación de palabras o números puede ser detonadora
del «elemento». Google como una nueva doctrina de los fundamentos
y métodos del conocimiento en red, como una nueva epistemología
del mundo. Cada pregunta al oráculo devuelve fragmentos de una
realidad reconfigurada, traducida u operada. Pero las netianas Google dan
cuenta en este proceso de una nueva ontología del sujeto y del mundo,
donde las identificaciones de lo buscado atestiguan que lo buscado «existe».
Aunque, cuidado, se advierte que aquello que no aparece no solamente «no
existe» en Internet, sino que «no existe» en el mundo. El
número de registros Google se convierte cada vez más en un indicativo
del «ser en el mundo», se usa incluso como prueba de la repercusión
y divulgación de aquello que hacemos, de lo que somos. Corremos el
riesgo de considerar que los parámetros de búsqueda de Google son
la nueva objetividad del mundo en red (puesta en crisis la objetividad
científica). El riesgo, además, de suponer que los algoritmos de
búsqueda pueden llegar a permitir una re-programación reflexiva
y contextualizadora y no una mera acción automática determinada
desde la intención y ética de los programadores (del capital de
la empresa). De evolucionar hasta formas autoprogramables más avanzadas,
no nos engañemos, no estarían dirigidas a visibilizar lo minoritario
crítico sino lo mayoritario, sea lo que fuere. Las búsquedas
están siempre programadas desde el capital, primando la audiencia.
Si Google (o cualquier otra empresa de sus características de mercado)
sigue su carrera monopolizadora como empresa privada consiguiendo habituar
a los internautas a entrar al mundo electrónico por su puerta, las
netianas Google podrían devenir netianas Microsoft. Además,
toda acción política minoritaria que ejerciera algún
tipo de crítica a su monopolio podría estar condenada a la invisibilidad,
puesto que el mismo Google se convertiría en Pigmalión de «lo
visible». De otro lado, la acción de búsqueda no sería
sólo una fase del acto esotérico de pronunciamiento del buscador
sino, ante todo, una cuestión política. La netiana Google sería,
en este contexto, un mito político nómade. Hoy las ficciones
políticas pueden llegar a ser más efectivas que los sistemas
teóricos. La elección de una figura iconoclasta, mítica,
como la del sujeto nómade, es en consecuencia un movimiento contra
la naturaleza establecida y convencional del pensamiento teórico y,
especialmente, filosófico. Esta figuración traduce, por lo tanto,
mi deseo de indagar y legitimar la acción política, tomando al mismo
tiempo como prueba histórica la decadencia de las identidades estables,
metafísicamente fijadas. Una de las cuestiones que están en juego
aquí es la manera de conciliar la parcialidad y la discontinuidad con la
construcción de nuevas formas de interrelación y proyectos políticos
colectivos (Braidotti, 2000, 31).
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