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Haz el favor de no llamarme humano |
| WANG SHUO | | 320
págs. | | Traducción: Gabriel
García-Noblejas | | ISBN 84-89618-81-X
| | 17,50€. | |
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Señores
accionistas, permítanme comenzar recordándoles el orden del día.
Punto primero, exposición del estado de la cuestión por parte del
camarada director de la Secretaría General, Zhao. Punto segundo, con la
intención de disipar ciertas críticas y desconfianzas que han surgido
entre los señores accionistas hacia los miembros directivos de la Secretaría
General, análisis de esas legítimas preocupaciones y prueba de que
la competición en cuestión fue y será real; disponemos de
una cinta de vídeo de los Juegos Olímpicos que tendremos el placer
de emitir para los señores accionistas en el descanso. Punto tercero, cambio
de nombre de la organización pugilística de boxeo libre. Y, cuarto
y último, con la finalidad de mejorar en todo lo necesario la operatividad
de las organizaciones colaterales con que llevar a buen puerto nuestros proyectos
relativos al gran combate, tercera recogida de fondos, así que rogamos
nadie abandone la sala hasta haber tratado este último asunto.
Los asientos de aquel auditorio, con capacidad para más de mil personas,
estaban todos vacíos. En el escenario, los miembros de la junta directiva
se hallaban sentados codo con codo alrededor de una mesa ovalada. El foco que
daba de lleno en la cara del hombre enormemente atractivo que actuaba en calidad
de presidente se movió unos centímetros hasta detenerse en el rostro
de otro hombre totalmente despeinado, con un cutis suavísimo y unas gafas
cuyos cristales emitían unos reflejos que probablemente no permitían
a los demás que le vieran bien los ojos mientras hablaba como una auténtica
metralleta, vertiginosamente, escupiendo un chorro de palabras por una boca en
constante tensión. Si
me permiten intervino
Zhao, el presidente de la Secretaría General del comité chino de
competición con el foco dándole en la cara ,
quisiera ahora exponer el estado de la cuestión en cuatro apartados y comunicarles
cuáles han sido los avances logrados por la Secretaría. Tengan la
amabilidad de esperar a que dé fin a mi informe para empezar con sus ruegos
y preguntas, preguntas que pueden hacerme en persona o por escrito y que responderé
sin falta; si no entraran dentro de mis competencias, sería el compañero
al cargo quien se ocupara de contestarlas. Bien. En primer lugar, quisiera mostrar
públicamente mi más firme confianza en el grupo que forma la Secretaría;
es un grupo excelente que ha tenido excelentes resultados. En segundo, quisiera
recordarles que este grupo ha estado desempeñando un arduo trabajo y, como
muestra de ello, es mi deseo leerles estas cifras que tengo aquí: desde
los albores de sus fatigas, ni uno solo de los camaradas de la Secretaría
ha podido comer una sola vez con tranquilidad y sobremesa; ni uno solo se ha podido
echar una siesta a gusto; entre todos, sumando todas las distancias individuales,
han recorrido en sus gestiones el equivalente a ir desde Pekín a San Francisco
cruzando el Pacífico en línea recta, han consumido siete mil sopas
de sobre con fideos, fumado más de catorce mil cigarrillos y bebido más
de cien kilos de té, y las cuentas de todos estos gastos están claras
como el agua, que ni un céntimo se nos ha metido a nadie en el bolsillo.
Lo tercero que deseaba señalar es que hasta en aquellos casos en que alguno
de los camaradas hubiese podido echar una yemita de huevo a la sopa o algo de
ginseng al té para tonificarse en las largas noches de cansancio interminable,
hasta en esos casos hemos tomado nota de ello, y a la vista de todos está
en los libros de cuentas. Correcto. Hummm. »Dicho esto, pasemos
al último y cuarto apartado referente al estado de la Secretaría.
Recordarán que, en la última junta de accionistas, se tomó
la resolución de buscar a un especialista en las artes marciales de la
secta del Sueño Revelado. Pues bien, nada más acabada aquella junta
despachamos en su busca ocho corceles con ocho jinetes hacia todos los puntos
cardinales, y los resultados a las diez de la noche de ayer, hora local, eran
estos: »Que, habiendo regresado siete de esos ocho mensajeros desde
los puntos más remotos del mundo, y habiendo atravesado altas cordilleras
y surcado turbulentos mares, arribaron todos con las manos vacías. Esto
quiere decir que nuestra última esperanza está depositada en el
octavo corcel, que aún está por llegar, pero cabe decir que se trata
de la más eficiente de nuestros camaradas de la Secretaría, la más
capaz, la más aguerrida; «¡Vuelve con él o no vuelvas!»,
le dije al partir, y bastaría con que la persona que estamos buscando aún
tenga los pies sobre la tierra para que Bai la encuentre y nos la traiga. Mi confianza
en ella es absoluta. No obstante, si queremos prever con seriedad lo que se nos
avecina, deberíamos también considerar la posibilidad de que ese
maestro en artes marciales de la secta del Sueño Revelado haya pasado ya
a mejor vida. Sería posible, desde luego, porque, a fin de cuentas, la
última vez que supimos algo de él, quiero decir, la última
noticia que tuvimos de él data de hace noventa años y es una fotografía
en la que se le puede ver, bastante bien, junto a otros héroes de la rebelión
de los Bóxer camino del paredón. Zhao tomó de la
mesa un portafolios negro de piel, lo abrió y sacó una fotografía
ampliada en blanco y negro en la que se veía a una serie de soldados que,
con las espadas desenvainadas al hombro, conducían a unos hombres en fila
india camino de la muerte. Una diminuta flecha dibujada en negro señalaba
a uno de estos; tenía la coleta sin cortar, larga y enroscada en un cuello
grueso y fuerte como el de un buey, y estaba todo él ennegrecido por el
sol. Esta
foto nos la envió nuestro agente en París; es copia de una del Museo
del Louvre. Esa flecha señala al que entonces era el maestro máximo
en las artes marciales de la secta del Sueño Revelado. Pero desconocemos
su nombre, sus apellidos, su lugar de nacimiento, todo. Zhao pasó
la fotografía al que estaba a su lado y todos los demás se apresuraron
a hacer corro para poder ver al hombre de aspecto brutal en ella retratado.
¿A
que tiene pinta de jifero? preguntó
Zhao al que tenía la foto en la mano, el gerente general, uno muy repeinado,
con gafas doradas de montura Armani y trajeado a la occidental, al tiempo que
se levantaba para retirarse un poco a encenderse un cigarrillo .
Pues bien, mucho ojo: las apariencias engañan. ¿Y
cómo podemos estar seguros de que es de verdad maestro en artes marciales?
quiso saber un
hombre muy delgado. Por
cuatro fuentes de información contestó
Zhao pausadamente, dejando caer la ceniza del pitillo en el cenicero .
Lo primero que hicimos fue indagar en los archivos oficiales de la dinastía
Qing, amén de consultar numerosas historias extraoficiales del período
que abarca la rebelión de los Bóxer en las ciudades de Pekín
y de Tianjin, y en todas ellas encontramos el dato siguiente: que el maestro en
artes que buscamos se hallaba bajo el mando del gran revolucionario Cao Futian,
y que era alguien con una fuerza sobrehumana, alguien a quien las balas de los
enemigos occidentales no lograban siquiera rozar la piel. Sabemos que en Tianjin
degolló gran número de extranjeros en el Parque del Bambú
Purpúreo y en la iglesia que había en la parte este del barrio de
Shiku, y también que, después de haber caído toda la parte
que va desde Pekín a Tianjin en manos del enemigo, se le vio en la quinta
columna por la villa de Gaojia. Pero aún hay más. Nos consta también
que después fue capturado en compañía del Gran Maestro de
las Cinco Espadas y fue decapitado en la plaza del mercado. Bien. Hasta aquí
la primera fuente de información. Correcto. Ahora viene la segunda. Gracias
a esta fotografía pudimos dar con el que está conduciendo a nuestros
hermanos al paredón, bueno, no con él exactamente, que se suicidó
por miedo durante la Revolución Cultural, sino con sus descendientes; lo
importante es que gracias a ellos hemos encontrado el Manual de artes marciales
de la secta del Sueño Revelado, lo tenía el señor Gui, un
vecino de Tianjin, en su domicilio sito en... en... sí, aquí está,
en el número ciento veinticinco de la Avenida de la Muralla, y había
llegado a sus manos cuando se dedicaba a detener a los que se habrían sumado
a la rebelión de los Bóxer, pero desgraciadamente no sabemos a través
de quién lo consiguió, porque seguro que el que se lo dio jamás
desveló su nombre al caer en manos enemigas sino que, como todos sus compañeros
de armas, se limitó a gritar: «¡De aquí en veinte años
nos las volveremos a ver!». Parece que nuestro hombre sólo participó
en una matanza contra los Bóxer al verse forzado a vida o muerte por los
extranjeros, y que fue justamente durante esa matanza cuando le sacaron la fotografía.
Luego tenemos una tercera fuente de información en el autor de esta fotografía,
un francés llamado Pierre Fromage al que también hemos podido localizar,
o, mejor dicho, en su hijo, actualmente destinado en la embajada de Francia en
Pekín, un joven llamado Petit Pierre Fromage. El hijo nos facilitó
de mil amores una lista de todos los compañeros de armas de su padre, y
he de decir que es un joven que realmente aprecia al pueblo chino con sincera
amistad. En fin, así es cómo, tras haber dado muchas vueltas, terminamos
en una ciudad del sur de Francia, que se llama Toulouse, con el señor Ladour,
que es precisamente ese europeo que sale en la fotografía con uniforme
de comandante al final de la fila de los condenados a muerte. Era un alto mando.
Hoy día tiene más de cien años, pero está como un
roble y recuerda la mayoría de los hitos históricos del siglo XX
de China como si hubieran sucedido ayer, y es, por descontado, un sinófilo
declarado que admira profundamente a nuestro pueblo. Así que, cuando supo
detrás de lo que andábamos, ni que decir tiene que se mostró
encantado de explicarnos que ese chino al que señala la flecha de la foto
era, en efecto, «aquel hombre extraño capaz de cambiar el curso de
las balas por el aire». El señor Ladour se acordaba perfectamente
de haber luchado cuerpo a cuerpo con nuestro maestro en artes en una ocasión,
de cómo un pelotón entero disparó a nuestro hombre, de cómo
hizo este que las balas se volvieran hacia los soldados extranjeros que las acababan
de disparar matándolos a todos, y de cómo después nuestro
maestro tomó un fusil y disparó al tuntún apuntando al cielo
sin haberse imaginado que la bala le iba a dar justamente en la cabeza al caer.
Al parecer, fue esa coyuntura la que permitió a los enemigos abalanzarse
sobre él cual manada de lobos y ponerle cangas y grilletes. ¡Qué
mala suerte! ¡Vaya
faena! Y,
dicho sea de paso prosiguió
el director Zhao cuando los comentarios hubieron cesado ,
el señor Ladour siente un profundo pesar por todo lo que hizo en sus años
mozos y me ha rogado que transmita al pueblo chino sus más sinceras disculpas.
Yo tenía
cuatro preguntas que hacerle al camarada jefe de la Secretaría General
intervino un
hombre rapado a lo cateto y con pinta de nuevo rico ,
vamos a ver si me salen. Primera, como parece que no hay rastro del maestro en
artes marciales ese, pues ¿para qué vamos a seguir gastando suela
y cuartos en ir tras él?, ¿no es mejor dejarlo en paz?, ¿es
que no hay nadie en todo el país, en ninguna de las asociaciones de artes
marciales que tenemos desde hace dinastías y dinastías, que pueda
comparársele? ¿No será que su excelencia tiene algún
buen pellizco en el punto de mira a raíz de toda esta búsqueda?
La segunda es: como las relaciones entre las potencias extranjeras y China van
estupendamente hoy día, sin rastro de los encontronazos del pasado, y pensando
en la paz en el mundo, yo pregunto si convendría desenterrar el hacha de
guerra, si estamos seguros de que hay que hacerlo. La tercera va por lo de las
más de siete mil sopas con fideos de sobre y los cien kilos de té
que se han metido entre pecho y espalda los más de diez camaradas de la
Secretaría General desde el principio hasta hoy, o sea, ¿no es un
despilfarro en toda regla? Desde luego yo no he contratado a nadie para que se
llene el buche de comida y de buen té, así que o la cosa cambia
o yo no pienso cargar con esas facturas, o tal vez deberíamos reducir el
número de adictos al tabaco y de tragaldabas en la Secretaría. Desde
luego, lo que es por este camino, nanay. Y la cuarta es que, cuando el viaje a
Francia, ¿por qué fue también cierto grupo «en representación»
de los accionistas? Permítanme
responder a las preguntas del señor accionista se
apresuró a manifestar con serio rictus Zhao .
Lo haré, igualmente, en cuatro estadios. Correcto. En cuanto a la primera
cuestión, déjenme manifestar que jamás ha sido nuestro objetivo
morir en el intento de dar con el maestro en artes marciales ni jugárnoslo
todo a esa carta. En el proceso de búsqueda tuvimos la suerte de establecer
una fluida relación con determinadas escuelas de artes marciales, como
puedan ser la secta del Gran Cuervo o la del Mono Mágico, de modo que si
se da la tesitura de tener que recurrir a ellas o a sus miembros, factible sería
sacarles de sus retiros en apartadas montañas y ganarlos para la causa
que nos mueve. Por otro lado, en lo tocante a si tengo yo a título privado
ciertos emolumentos por percibir, la respuesta es que no, y lo digo bien alto,
que mi única preocupación es la de encontrar a un contrincante que
nos asegure la victoria sobre el enemigo. El maestro de la secta del Sueño
Revelado es sin lugar a dudas la quintaesencia de una larga depuración
y perfeccionamiento, que se ha dilatado durante más de mil años,
de nuestras mejores técnicas marciales, y si tienen un poco de paciencia
lo verán en el vídeo que les hemos preparado. Pero pensemos que,
hoy día, nosotros los chinos no somos más que comedores de hierbas
con una potencia física que se queda muy por debajo de la de los comedores
de carne. Yo mismo vengo de una familia de mandarines que no se ha dedicado a
labores manuales en más de diez generaciones, pero, en fin. Bien dijo
cambiando de tono ,
pasemos a la segunda pregunta. Ocurre que con los extranjeros de antes se podía
hacer buenas migas, mientras que con los jóvenes de hoy hay que andarse
con mucho cuidado porque vienen avasallando. Basta con mirar cómo está
el mundo para darse cuenta de lo impensable que sería competir con ellos,
de que por mucho que nos empeñemos no nos llevaríamos ni un palmarés.
Pero es precisamente ahí donde tenemos que luchar para que nuestros gloriosos
antepasados puedan levantar cabeza, mirarnos a los ojos y decirnos: «Estamos
orgullosos de vosotros». Pues
anda que es fácil levantar todo un país, casi nada interrumpió
el presidente de la junta ,
nada más y nada menos que mil millones de chinos. Pero lo que es cierto
es que, entre tantos, sin duda uno habrá que... ¡Pero
si aún no he terminado de hablar! le
cortó Zhao lanzándole una mirada como un mandoble a la mandíbula.
Luego, de cara a todos, siguió diciendo :
Contra viento y marea, por mucho que cueste, vamos a conseguirlo, vamos a encontrar
el modo y la persona óptimos para descargar toda esta rabia contenida durante
los últimos cien años, porque, de lo contrario, nos la tendremos
que seguir tragando. Por eso nada habrá que me detenga. Entregaré
mi vida en la batalla si fuera necesario. ¿O es que no habéis oído
eso que dicen los extranjeros de que «un chino a solas es todo un dragón,
pero en cuanto se juntan varios no llegan ni a corral de gallinas»?
Ya, pero
eso no es más que una exageración como otra cualquiera.
¡¿Pero
bueno?!, ¡¿es que te interrumpí yo cuando estabas tú
hablando antes?! Perdona,
hombre dijo el
presidente de la junta con una media sonrisa en los labios ,
es que me hierve la sangre con lo que dices. Mira, ya me callo. ¿Y
a qué conclusiones nos lleva una frase como esa? prosiguió
un Zhao con voz cada vez más alta y más alterada ,
¿a qué conclusiones? A esta: a que también ellos se dan cuenta
de nuestro potencial. ¿Podría juzgarse de imprudencia, entonces,
que busquemos a ese individuo? Si
ya está todo más que entendido terciaron
los presentes ,
así que vamos con la siguiente pregunta. Correcto.
La siguiente pregunta. Dado lo importante que es este maestro en artes para nosotros,
¿es de verdad tan crucial el que nos hayamos tomado unas cuantas sopas
de sobre extra?, ¿qué tiene esto de irregular? Y, por favor, por
favor, que nadie me vuelva a hablar de las sopas de sobre, ¡porque me bastaría
con decir a qué me estoy dedicando para poder irme de cena, invitado, cada
noche, en los mejores...! Bueno,
bueno le cortó
el nuevo rico cateto ,
siento haber tocado ese tema y retiro lo dicho, así que tómate todas
las sopas de sobre que se te antojen mientras estén bien empleadas en algo.
¡Pero
si es justo lo que yo estoy diciendo! exclamó
entre alegre y aliviado Zhao ,
lo que pasa es que a veces se me va la boca y digo cosas que no quería
decir. Bueno, en resumidas cuentas: que no podemos echarnos atrás. ¿Cómo
iba yo a permitir que se estruje al pueblo en mi propio provecho?, ¿crees
que tendría estómago para aguantarlo? Que
nos fiamos de ti. Todo
está muy claro. No,
no y no. No es eso. Lo que pasa no es más que..., que me entristece oír
cosas así, no sé, me apena más allá de lo que nadie
se puede imaginar le
respondió Zhao al nuevo rico, mirándole con ojos humedecidos tras
los cristales de las gafas .
¿Es que acaso os he ignorado cuando hemos tenido éxito en algo?
Y encima me dices que cuando el viaje a Francia nadie os avisó para que
vinierais. Eso raya la injusticia absoluta. Pero ¿es que fue alguien a
Francia? ¡Nadie! ¡Y si alguien me preguntara de qué color es
Francia desde el avión le tendría que responder que ignoro si es
más marrón que verde, porque nunca la he visto! Lo del viaje no
son más que habladurías. Lo que sé de Francia no va más
allá de lo que los colegas franceses del subcomité de competición
me han contado. Ya
vale, ya vale. ¿Es que no basta con que haya retirado lo que he dicho?
preguntó
en tono suave el nuevo rico cateto dándole unas palmaditas amistosas en
la espalda a Zhao .
Venga, hombre, si nos conocemos desde hace años y sabes que soy incapaz
de pensar mal de un hombre como tú, que no soy más que un bruto
de pueblo. Sí,
ya lo sé contestó
Zhao devolviéndole las palmaditas amistosas ,
no te preocupes tú tampoco, que no es que la tomase contigo, es más
bien que me enojo conmigo mismo por haber echado esto a perder. Tampoco
es para tanto intervino
el presidente de la junta .
En fin, habiendo todos los presentes expresado sus puntos de vista, creo que procede
avanzar en el orden del día, porque aquí va a haber un concierto
dentro de un rato y no nos va a dar tiempo a terminar. Fue entonces cuando
se percataron todos de que, por la parte trasera del escenario, habían
estado entrando unos cuantos tramoyistas y músicos que ahora estaban ya
sentados afinando los instrumentos mientras los bailarines comenzaban a dar pasos
de ballet por el proscenio y unos focos se encendían sobre el telón
de fondo para mostrar una verde pradera repleta de corderos blancos que, de pronto,
se convirtió en un grupo de torretas junto a una ciudad medieval amurallada.
Tanto los bailarines como los de la junta se quedaron parados y se pusieron a
mirarlas. Por
favor, señores dijo
el presidente dando unos golpecitos en la mesa ,
que el tiempo apremia, un poco de concentración, que los interesados en
el concierto de después podrán quedarse a verlo si lo desean y aún
nos queda un asunto en cartera. Como no nos queda mucho aquí prosiguió
alargando la mano abierta en dirección a Zhao ,
tal vez deberíamos olvidarnos del descanso, así que abriremos la
discusión del siguiente punto, que es el cambio de nombre de la Secretaría
General, al tiempo que vemos el vídeo. Por
mí, conforme accedió
Zhao. A continuación, pidió a dos técnicos del anfiteatro
que estaban junto a la entrada al escenario sin mucho que hacer que acercaran
el televisor y el vídeo. Zhao esperó a que los operarios trajeran
los aparatos, los enchufaran y comprobaran que los cables del vídeo estaban
bien puestos, para continuar así: Gracias
a dos de nuestros antiguos encargados hemos sabido que el nombre que usamos actualmente
es proclive a los malentendidos y podría traernos complicaciones, así
que se hace imperioso un cambio. ¿De
qué? exclamó
el cateto rico. De
nada contestó
alguien desde atrás. Pero
¿qué hay de malo en el de Comité Chino de Competición?
intervino
un joven accionista con la típica pinta de joven accionista .
Si suena a tope. A
tope o no prosiguió
Zhao , las complicaciones
han surgido cuando fuimos a encargar sellos de caucho oficiales: los de las tiendas
se negaron a hacérnoslos diciendo que no tienen conocimiento de ningún
buró del Gobierno con este nombre, y que hay leyes que les prohíben
terminantemente fabricar sellos con estos nombres al primero que se lo pida. No
hubo forma humana de convencerlos. Que o se les lleva una aprobación oficial
de un superior gubernamental o nada de nada. A raíz de esto, cavilando
y cavilando, dimos en pensar que sí, que no les falta su parte de razón,
que el nombre suena demasiado oficial y por lo tanto es proclive a causar malentendidos,
lo cual no nos conviene en absoluto, porque ante todo debemos evitar cualquier
tipo de enfrentamiento. Así que opino que una organización como
la nuestra debería tener un nombre más popular. Los camaradas de
la Secretaría han estado proponiendo algunos nuevos, pero los hemos ido
descartando porque eran inapropiados, me estoy refiriendo a nombres del tipo «Club
de los tigres acechantes» o «Salón de los dragones».
Cierto es que son nombres majestuosos y biensonantes, pero no dan con el quid
del mensaje que queremos transmitir y que, bueno, pues también hacen que
se nos tome por una secta taoísta contrarrevolucionaria ilegal. Así
que ruego a todos los presentes mediten unos instantes y propongan algún
nombre conveniente, que sea elegante sin abandonar lo popular, que lo diga todo
sobre nosotros en dos palabras. Todos guardaron un silencio ensimismado.
No hay cosa
más jorobada que esto de poner nombres a las cosas, digo yo admitió
el cateto enriquecido. Se
me ocurre medio nombre dijo
el empresario. Pues
adelante con él. A
ver qué les parece esto: «Comité Nacional para la Movilización...
...
en pro del Salvamento y el Honor de la Patria» terminó
el cateto rico tan orondo. Tras unos instantes de seria consideración,
Zhao sentenció: Imposible,
porque, vamos a ver, la gente se preguntaría: si China va bien, y encima
cada vez mejor, ¿a qué patria hay que salvar? Daría pie a
lecturas esquinadas. Tenemos que tener siempre presente que somos una organización
del pueblo para solaz y contento del pueblo, que China va bien, que todos tenemos
cubiertas las necesidades básicas y que por eso hay sitio para el ocio.
Si no fuera así, ¿te crees tú que ibas a tener capital suficiente
para hacer inversiones como ésta? ¿Y
qué tal «Hacia un nuevo milenio»? preguntó
alguien , ¿algo
del tipo «Comité Nacional Popular de Movilización hacia el
Nuevo Milenio»? Tampoco
valdría, es demasiado vago, además contestó
el presidente de mesa mirando a Zhao ,
me suena que hay ya un Club Siglo XXI o algo por el estilo. Por
lo que veo intervino
Zhao con una sonrisa extrañamente alegre entre los labios y mirando de
frente a todos ,
nos cuesta mucho encontrar la manera de expresar claramente lo que queremos decir,
así que más vale que dejemos ese camino y nos metamos por otro,
llamándonos simple y llanamente «Comité Nacional por la Movilización
Popular», sin mencionar para nada de qué movilización se trata.
Si es un nombre borroso, pues que lo sea. Lo borroso también tiene sus
ventajas. Por lo pronto, que nadie acertará a la primera de qué
hobby estamos hablando. Y, además, que su significado es tan complejo que
abarcaría hasta el infinito, cualquier cosa que quisiéramos meter,
lo cual, a su vez, constituye su tercera virtud: que es incluyente y cualquiera
podría sumarse a nosotros, sin distinción alguna de clase ni de
cuna. Y
encima crea suspense comentó
riendo el presidente de la junta ,
la verdad es que me parece muy bueno. Yo estoy de acuerdo con este nombre.
Uno a uno, los presentes fueron sumando sus aprobaciones y elogios a la idea
de Zhao hasta que quedó aprobado por unanimidad el nuevo nombre, «Comité
Nacional por la Movilización Popular», y derogado el precedente.
Se convino igualmente en que las siglas serían C. N. M. P. y todos empezaron
a llamarlo «el Conamop». Se resolvió a continuación
que la creación del Conamop exigía la reorganización del
organigrama directivo, de suerte que habría un presidente permanente y
treinta vocales provisionales, quedando el presidente encargado de la designación
de estos treinta vocales y obligado a rendir cuentas ante los accionistas, y resolviéndose
que tal cargo sería ocupado por Zhao, nombramiento que fue acogido con
efusivos aplausos por todos los presentes. Gracias,
gracias a todos vocalizó
Zhao pausadamente al tiempo que daba golpecitos de inclinación de la cabeza
en dirección a los accionistas .
Sólo unas palabras antes de ver el vídeo para anunciarles que mis
esfuerzos en el nuevo cargo que me otorgan no conocerán la desgana, ni
la fatiga, ni el abandono. Y ahora, si les parece, les dejo con las imágenes.
Zhao cogió un cigarro de su cajetilla y se retiró de la mesa
en compañía del presidente de la junta. ¿No
vas a verlo? le
preguntó alguien girando el cuello para hablarle. Ya
lo he visto. Además, no lo soportaría una segunda vez. En
la pantalla del televisor que habían dejado los operarios al lado de la
mesa ovalada en que se estaba celebrando la junta aparecieron de súbito
las imágenes de un rally, luego unos caballos a galope tendido montados
por yóqueys con el culo en pompa, luego se cortó la transmisión,
hubo un flash y la pantalla se llenó de puntitos blancos hasta que apareció
un ring rodeado de un público totalmente enfebrecido, con hombres y mujeres
desgañitándose y levantando y bajando los brazos sin parar, lleno
hasta la bandera. Por encima de aquel mar de cabezas, en el ring, se veía
a un gigantesco peso pesado de piel blanca y tupidísima barba rubia con
los brazos extendidos y caminando como un elefante hacia un amarillo flacucho
que corría de acá para allá intentando escapar. Muy ágilmente,
el amarillo daba vueltas alrededor del blanco fingiendo dar potentes mandobles
que se quedaban a medio camino, saltando cual mono de la jungla que chilla para
ver si así puede asustar al león que, con majestuoso andar, se le
viene encima. El amarillo no cesaba de lanzar mandobles al aire y de dar sorprendentes
saltos que le permitían patear el cuello de su contrincante, pero saltos
que no producían en este otra reacción que leves desequilibrios
momentáneos. En la cámara apareció entonces un primer plano:
sobre la tupida barba rubia, el blanco abrió una grandísima sonrisa,
miró al amarillo y se relamió. Por muchas patadas con que lograba
castigarle el amarillo, por muchas bofetadas que le diera en las mejillas a diestra
y siniestra, el gigante no hacía más que tambalearse una centésima
de segundo y seguir adelante. Inmutable la sonrisa del blanco, con esos dientes
brillándole dentro de una boca como hambrienta. Y justo en el momento en
que más puñetazos le estaba atestando el amarillo y más alto
estaba gritando el público, todo el mundo enmudeció, enmudeció
totalmente, y estalló a continuación el bramido más unánime
y más fuerte de todos los que se habían oído hasta entonces
al ver cómo caía el amarillo sobre la lona del ring, deslomado allí
por la fuerza de un solo gancho del púgil blanco, quien se volvió
de cara al público con los brazos en alto en cuanto vio al otro tumbado.
Enseguida subió otro amarillo al ring, cuya altura y complexión
corporal podían compararse con las del blanco, pero tan torpón de
movimientos que, en cuanto se lanzó al combate, empezó a caerle
una lluvia de puñetazos tan interminable que todos creyeron que el blanco
lo iba a dejar tonto de por vida a pesar de que se estuviera protegiendo el rostro
con ambas manos. El caso es que, a la mitad del asalto, el amarillo se desplomó
en la lona, como una rama gruesa cortada a motosierra. El blanco siguió
repartiendo mandobles a todos los amarillos que se le iban poniendo por delante,
ya fueran grandes ya pequeños, ya fuertes ya delgados. Uno de ellos logró
aferrarle por la muñeca e intentó hacerle una llave de judo, pero
al no ser capaz de levantarle para voltearle por encima de su hombro de atrás
adelante, se vio espachurrado inmisericordemente contra la dura lona por el peso
del gigante blanco, quedando allí cual sello de correos. Y el púgil
blanco volvió a levantar los brazos de cara a un público enloquecido.
La pantalla se fue convirtiendo entonces en un círculo cuyo diámetro
se fue reduciendo paulatinamente alrededor del gigante hasta que se hizo diminuto,
así permaneció unos instantes, la pantalla se puso negra y alguien
apagó el televisor. ¿Qué?
preguntó
Zhao a todos con cara compungida y en tono grave ,
¿hierve o no hierve la sangre? Ya
lo creo que hierve respondió
uno entristecido. Inaguantable
dijo uno.
¡Qué
infamia! dijo
el de más allá. Pero
cómo es posible en los tiempos que corren que abusen aún de los
chinos de ese modo exclamó
con la cara roja como el hígado crudo el pueblerino enriquecido.
Todos los que estaban en el escenario, incluidos músicos y tramoyistas,
habían hecho corro frente al televisor y sus caras habían ido cambiando
de la diversión a la desolación y, de ahí, a la vergüenza
más amarga. Pues
el gordo ese que nos aplasta una y otra vez informó
Zhao muy serio
forma parte de la troupe del Circo Alvin Keller y con la colaboración de
ciertos organismos oficiales le hemos invitado a un viaje de placer por China,
con la intención de atraparle en cuanto ponga el pie en este suelo amarillo
y darle su merecido. Veremos entonces quién juega con quién a las
peleas. Pero para lograr todo esto nos es totalmente indispensable conseguir un
maestro en artes marciales, totalmente. No
hay otra salida agregó
el presidente de la junta ,
ya habéis visto que este gordo no es hueso fácil de roer, así
que no nos queda más remedio que asegurar nuestra victoria con un auténtico
maestro en artes marciales. Entonces,
¿sería él quien se encargase del gordo brutal? interrogó
el economista .
Quiero decir, ¿ese de la foto? Exactamente.
Si no, no merecería la pena ni planteárnoslo. Yo
estoy a favor intervino
solemnemente el economista .
Con un enemigo de tal calibre no podemos arriesgarnos a darnos de bruces contra
un muro, tenemos que jugárnosla sabiendo que todo está de nuestro
lado. Tenemos que jugar a diez contra uno y guardándonos siempre un as
en la manga para sacarlo cuando más daño le haga que lo saquemos.
Es exactamente
lo que tenemos pensado dijo
Zhao , ponerle
un señuelo al lobo y apalearlo cuando haya caído en el cepo.
Pero ¿estáis
totalmente seguros de que va a caer en la trampa? preguntó
uno , según
mi propia experiencia, engañar a la gente ya no es tan fácil como
antaño. ¿Y
qué motivo podría tener para rechazar la invitación? respondió
Zhao , ¿cómo
iba a imaginarse él que tan amable deferencia esconde lo que esconde? Sin
duda pensará que es un honor para nosotros tenerlo aquí, que le
vamos a tratar a cuerpo de rey. Dejad el asunto en mis manos, que no hay por qué
preocuparse, salvo... por los fondos. Con una cálida mirada, Zhao fue
recorriendo los rostros de los accionistas presentes al mismo tiempo que todos
ellos iban bajando sus ojos al suelo para evitar esa misma mirada. No
estoy mendigando nada dijo
Zhao . Lo único
que estoy haciendo es pedir que cada cual reflexione unos instantes sobre esto
que voy a decir. La organización de semejante evento, que además
comporta la invitación de un extranjero, no es algo que se pueda llevar
a cabo escatimando. Además, hay que buscar y seleccionar al maestro chino,
los directivos son humanos y tienen que comer y que beber..., en fin, hay toda
una serie de gastos inevitables. En las dos recogidas de fondos precedentes logramos
reunir más de cuarenta mil yuanes, de los que ya no queda ni rastro. A
día de ayer no quedaba ni para la factura de la luz en la oficina.
No es que
nos neguemos intervino
el economista ,
y máxime tratándose de un asunto que revierte en todo el pueblo
chino como es este y en el que nadie se arriesgaría a que le tachasen de
traidor por no haber colaborado. El meollo está en que, precisamente porque
el alcance del asunto abarca a todo el pueblo chino, no somos solamente nosotros
los que deberíamos hacer el esfuerzo económico. Poco importaría
que nos quedásemos sin blanca los que aquí estamos hoy, lo que importa
es si con lo que nosotros podríamos aportar hay suficiente para tal empresa,
una empresa que va a absorber capital como agua un perro sediento. Ni aunque nos
vendierais asados a la pekinesa ganaríais para ir tirando un par de días.
A decir verdad
abundó
el pueblerino enriquecido ,
a mí es que me importa un pepino soltar un poco más o menos, que
si lo pierdo la cosa no pasa de haberlo ganado en balde, ni tampoco me importaría
dejaros que traficaseis con mi cuerpo si le pusieran un buen precio, pero eso
con una condición: que de verdad cumplierais vuestras promesas.
De eso puedes
estar seguro. ¿Seguros
de qué, si ni siquiera habéis encontrado al maestro en artes marciales?
¿De qué iba a servir traer al extranjero engañado si no tenemos
al maestro? Os lo advierto: no empecéis a tirar piedras contra vuestro
propio tejado, porque entonces la cosa se puede poner fea de verdad. Seríais
responsables de haber avergonzado ante el mundo entero a más de mil millones
de chinos, y eso no es ninguna broma. Pues
ya que dependemos totalmente de él terció
alguien muy en serio ,
lo mejor sería cerrar el quiosco antes del descalabro. Porque si no lo
encontramos, todo va a ser en balde: tiempo, dinero, todo. Yo
doy fe de que pasado mañana a más tardar lo tenemos aquí
zanjó
Zhao . Les aseguro
que sus preocupaciones son inmotivadas... Entonces
vamos a hacerlo así propuso
otro : Cuando
traigáis al maestro, os entregamos el dinero. Al fin y al cabo estamos
hablando de un par de días, así que no veo que sea tan grave la
cosa, seguro que podéis comer de vuestro bolsillo hasta esa fecha, ¿verdad?
Pero ¿cómo
es posible que aún no lo hayáis entendido? suspiró
Zhao llevándose la palma de la mano contra la frente cansada. Un
hombre de mediana edad y correctísimos modales se acercó de puntillas
al presidente de la junta para susurrarle algo brevemente. El presidente alzó
la cabeza cuando hubo terminado de escuchar el recado y anunció:
Señor
director, se nos echa el tiempo encima. El personal del teatro nos apremia, la
actuación está a punto de comenzar. Si
ya está, ya hemos terminado contestó
Zhao mirándose el reloj de pulsera ,
¿cómo nos hemos podido entretener tanto? En cuanto termine de decir
lo que tenía a medias nos vamos. Bien. Pues no veo cómo no lo entienden.
Nada más lejos de mi intención que desembolsen ustedes todo el coste
de la competición. Mi intención no iba más allá de
sugerirles que colaboren en este arranque de motores. Ya ven que no solicitamos
por vicio, sino porque tenemos la seguridad de que recuperarán sus inversiones
en cuanto despegue el negocio y de que, encima, percibirán sus correspondientes
beneficios. Piensen también que a partir de ahora hasta el verano no hay
prevista ninguna competición importante de ámbito nacional, así
que seguro que lo nuestro va a ser portada en todas partes, vamos a convertirnos
en el foco de la atención social. El foco. Y a las entradas y otras pequeñeces
no merece la pena ni mencionarlas en comparación con las ganancias que
nos van a reportar los anuncios o, sin ir más lejos, las organizaciones
que ya están listas para levantar una infraestructura desde la que vender
lotería. Todo eso, que, en resumidas cuentas, es la sociedad china entera,
va a estar de nuestro lado e invirtiendo en nosotros. Entonces las pequeñas
contribuciones que les pedimos hoy volverán quintuplicadas a sus cuentas
bancarias y les dejarán estupefactos. Señores, tengan visión
de futuro. Y recuerden sólo esto: Quien no se arriesga a nada nada grande
cosecha. Sonó entonces la primera llamada al público del
concierto y unas cuantas personas que entraron al patio de butacas se quedaron
mirando intrigadas a los que estaban en el escenario, algunos salieron corriendo
a llamar a los del vestíbulo para quejarse de que la función había
empezado antes de tiempo y otros se sentaron en la primera butaca libre que vieron.
Nos tenemos
que ir. ¿Alguna sugerencia? Que
no soltaremos el galgo hasta que no veamos la presa. Un
poquito para arrancar, sólo un poquito para arrancar motores. Con cien
por cabeza nos las arreglamos. Aunque sólo sea para ir tirando. Uno
que entraba en el patio de butacas apresuradamente arrastrado por su novia exclamó
en voz demasiado alta: ¿Ya
te has vuelto a confundir? Yo quería ver ballet, no teatro.
Entre las bambalinas, Zhao contó los pocos billetes que tenía
en la mano al tiempo que maldecía a los accionistas: Panda
de mezquinos. Nos lo han dado como si dieran limosna a un par de mendigos.
El problema
está en que no hemos planeado bien la junta de hoy contestó
riéndose el que había oficiado de presidente de junta ,
porque, de haberles puesto el vídeo antes, a todos les habría parecido
estupendo soltarnos la pasta después. Además, no se puede ser tan
honrado, mira que decirles que aún no habíamos encontrado al maestro
en artes marciales... ¡Si
es que me sacaron de mis casillas! respondió
Zhao apresuradamente .
Venga, vamos a ver si Bai ya ha vuelto o no. Ahora todo depende de ella.
Espera, que yo
no puedo irme de aquí. Dentro de un rato hago de presentador del concierto.
Que falte un trompeta o un bailarín da lo mismo, pero si hay alguien que
no puede faltar, ese soy yo. Oye,
dime un momento dijo
Zhao bajando la voz y mirándole a los ojos arteramente ,
después de pasarte día tras día en este auditorio haciendo
de presentador, ¿qué te dan al mes? Ya,
pero eso no impide que tenga que quedarme, me guste o no. ¿En serio que
vas a cruzarte medio Pekín con el calor que hace? Ven a darle un telefonazo,
que al fin y al cabo te enteras igual, ¿no? Si
no es que esté nervioso, es que estamos a un paso de un gran momento.
Dicho lo cual, fueron ambos hasta una cabina de teléfonos que había
en la parte de atrás del edificio.
Ese movimiento
que el chico ya no podía hacer. No recordaba desde cuándo. Ahora
el movimiento parecía una sombra. El chico comprendió. Trató
de caminar hacia la pared de enfrente, pero su intención era tan sólo
un rumbo dentro de su cabeza, y cuando levantó la barbilla para ver desde
dónde venía aquel sonido... Un escalofrío le recorrió
la espalda. Desde los hombros hacia abajo sintió un frío intenso,
y luego calor; se resbaló y se dio en la cadera al caer. Se deslizaba por
el suelo. Nada le mantenía firme el cuerpo. Oyó una voz.
Dentro de mí hay una voz que me está llamando, y soy yo mismo,
pensaba. Ya entiendo. Ahora me acerco a rastras hasta la pared, y si lo hago con
calma y con cuidado no me va a pasar nada. Mamá. ¡Mamá!
Se oía un zumbido, como cuando se produce una interrupción y
no ocurre nada visible. No podía escapar a ese sonido. Sabía lo
que era. Vete. Aléjate de aquí. Ya entiendo.
Ahora vuelvo a sentir frío y desvío la mirada hacia una pierna,
pero no sé cuál. La veo. La luz es intensa aquí dentro. Antes
no, pero cuando empezó a hacer frío se encendió la luz, y
resulta tan fuerte que ya ha anochecido al otro lado de la ventana. Oigo
un coche, pero se aleja. Nada se detiene ahí fuera. Apártate
de mí. ¡Vete! Todavía podía cuidar de sí
mismo, y si lo dejaban sólo sería capaz de moverse por la habitación
y llegar hasta la puerta, por la que había entrado aquel hombre; luego
había vuelto a salir a por las cosas, regresó, la cerró y
se hizo de noche. Seguía oyendo música, aunque puede que
viniera de él mismo, de su interior. Habían puesto a Morrissey,
y sabía que el título del disco estaba relacionado con la parte
de la ciudad de aquel lado del río. No se encontraba muy lejos.
De eso él sabía mucho. Esa había sido una de las razones.
Volvió a escuchar la música, aún más alta, y entonces
dejó de oír aquel zumbido. Quedaba la luz. Probablemente
le dolía todo el cuerpo. No siento dolor, pensaba. No estoy cansado.
Si consigo levantarme, podré irme de aquí. Intento decir algo. Ya
ha pasado un rato. Es como cuando estás a punto de dormirte y de repente
te estremeces; como descender hasta el pozo profundo de uno mismo y recuperarse,
y solamente eso significa algo. Después te quedas atemorizado y resulta
difícil volver a dormirse. Cuando estás así, casi no puedes
moverte y, en ese preciso instante, lo único que quieres es hacerlo, pero
no hay manera. Después ya no pudo pensar mucho más. Fue
como si hubiesen cortado los cables y conductos que guiaban los pensamientos,
y estos se salieran por los cortes, expandiéndose sin control por la cabeza,
y luego, casi enseguida, se diluyeran en la sangre. Sé que es
sangre y que es mía. Ya entiendo. He dejado de sentir frío y quizá
ya haya pasado todo. Pienso en lo que me espera. Sé que he conseguido
incorporarme y que tengo una rodilla levantada y la otra apoyada en el suelo.
Fijo la mirada en la luz, y así voy empujando mi cuerpo hacia la pared,
hacia las sombras. Al hacerlo, algo entra desde un lado y me alejo. A
lo mejor lo consigo. Intentó llegar a algún sitio donde
protegerse con la música sonando cada vez más fuerte. Hubo varios
movimientos a su alrededor, en distintas direcciones; se cayó y lo sujetaron,
y sintió que lo levantaban y lo llevaban hacia un lado. Vio que el techo
y las paredes se le venían encima, y no había manera de distinguir
dónde terminaba el uno y dónde empezaban las otras. Después,
dejó de oír la música. El último hilo que
unía sus pensamientos se rompió y fue sustituido por sueños
y por algunos recuerdos que se llevó consigo cuando todo acabó y
se hizo el silencio. Luego, se oyeron unos pasos que se alejaban de donde él
estaba sentado, con su delgado cuerpo apoyado contra una silla. |