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Fútbol. La vida en domingo

PABLO NACACH

168 págs.

ISBN 84-96080-79-X

16,85 €

Fútbol  (DE20)

Diccionario futbolístico


A pesar de ser arte de lo impensado y del engaño, como ya hemos dicho, el fútbol tiene una lógica aplastante: gana el que juega mejor. Es decir, como también ya hemos subrayado, gana el que se divierte jugando al fútbol. Esto no significa, claro está, que un mal equipo de fútbol no gane partidos, e incluso campeonatos y hasta campeonatos mundiales, pero caerá pronto en el olvido y, a lo sumo, inscribirá su mediocre nombre en las estadísticas, esa palabra que etimológicamente remite a una «ciencia del Estado» de la que son tan amigos, precisamente, los mediocres del fútbol y también los mediocres de los demás ámbitos de la realidad.
Dentro de esa lógica aplastante existen máximas y secretos que estoy convencido de que resultará divertido analizar a partir de estas páginas, construyendo lo que podría llamarse una suerte de diccionario futbolístico. Aquí van algunos conceptos.


Para el medio nunca
¡Gran verdad del fútbol! A menudo observamos cómo un defensor lateral, por ejemplo, da un pase hacia el medio porque se ve apurado por su banda y, a pesar de que pueda parecer que ningún rival merodea por las inmediaciones, una presión inteligente, o los nervios del defensa, convierte a ese pase en un infierno de inseguridad para todo el equipo. Por ello siempre el pase debe ser hecho hacia las bandas, sobre todo en la zona de distracción o en las inmediaciones del área propia.

En el área chica es pelota del portero
Por alto, por bajo, al medio, el área pequeña es territorio exclusivo del portero. De ahí también la regla que impide cargar contra él allí. El portero deberá salir siempre con la rodilla al aire, para intimidar al contrario, para que el delantero sepa que se encontrará con un obstáculo insalvable la próxima vez que lo intente. Si el portero hace del área chica su reducto, la portería tendrá más posibilidades de no ser traspasada por el balón.

Si viene de un lado, el portero la tiene que sacar para el otro
Fundamental. La jugada que el equipo rival culmina por un costado del campo debe ser transformada por el portero de manera tal que pille a los contrarios en inferioridad numérica. Eso se consigue sacando el balón jugado para el otro lado. Siempre.

Pelotazos y centros frontales: los defensores se van llenos de chichones
Los pelotazos y los centros frontales tienen una única consecuencia: los defensas rivales se van a casa con la cabeza magullada, y poco más. La idea de situar al central como delantero centro en los últimos minutos del encuentro, es dar más alas al azar, y pocas veces sirve de algo. Evitar el azar, he ahí uno de los secretos más preciados del fútbol.

Mientras la portería esté en el centro habrá que entrar por las bandas
Es ésta quizás la verdad más sagrada del fútbol a la hora de ocupar ofensivamente el espacio, y el símbolo de su decadencia se observa en que cada vez hay menos punteros o wines, cuyas funciones sean las de abrir las bandas para tirar el centro atrás. Luis Figo, el último de la estirpe, se aburría tanto que se tiraba al medio casi siempre.

Centro atrás es medio gol
Otra de las grandes verdades del fútbol: el centro atrás. Bien dirigido, es medio gol, porque encuentra a los defensores a contrapierna, pasándose incluso de la jugada, y a los posibles rematadores con el balón de cara para enviarlo directamente al fondo de las mallas.

Centro «a la olla»
De idéntica manera que los pelotazos y centros frontales, por más que se realicen desde un costado, con los centros a la olla no se conseguirá cocinar nada bueno, porque siempre tiene el defensa más posibilidades de despejar que el delantero de cabecear.

Centro para víboras
Son los centros tan bajos que parecen estar dedicados a que cabeceen las víboras. Salvo en contadas ocasiones, en las que el delantero tira un centro fuerte porque no ve opciones y tiene la sensación de que cualquiera que toque el balón terminará en la red, los centros tienen que estar pensados para ser dirigidos a la cabeza del atacante, uno en el primer palo y otro en el segundo (intercambiándose el lugar tirando diagonales para despistar a los defensas), y a los jugadores que lleguen desde la segunda línea, cuantos más mejor, claro está.

Centro de compromiso
Algo similar ocurre con los centros llamados de compromiso, en los que el jugador atacante llega a desbordar por su banda y tira un centro sin mirar a quien, más para sacarse el balón de encima que para ejecutar un centro que lleve peligro al rival. Otra manera (más) de regalar la pelota al rival.

Cabecear siempre para abajo
Los grandes cabeceadores lo saben. Cabecear se hace siempre para abajo, de pique al suelo, intentando claro está que la pelota no de un bote tan elevado que se vaya por encima del travesaño. Pero es preferible esto a que se cabecee para arriba o incluso a nivel de la frente. ¡Siempre para abajo!

Los grandes jugadores se demuestran en campo rival
Existen muchos buenos jugadores de fútbol, y muchos más malos. Pero el verdadero crack, ese que «marca la diferencia», lo debe demostrar. Y ningún lugar mejor para hacerlo que el campo del eterno rival, o en un partido de gran relevancia como la final de un Mundial. Es por ello que creo que sólo Pelé y Maradona, y quizás Ronaldo, pueden ser distinguidos con la estola de verdaderos cracks, porque atesoran en sus vitrinas alguna Copa del Mundo. También hay que pensar que tanto Pelé como Ronaldo jugaron los Mundiales en los que fueron estrellas indiscutidas rodeados de grandísimos jugadores, y Maradona, en México del 86, prácticamente jugó solo (acceda el lector a alguna publicación por Internet y verá los nombres de los futbolistas a los que el Diego hizo campeones del mundo).

Goles que se fallan se pagan con fuego
Otra máxima de esas que dejan huella en el fútbol. El gol no se presenta, como dijimos, se van creando las oportunidades y llega, cae como fruto de árbol maduro, porque el gol es un pase a la red. Pero a veces esas ocasiones no se materializan, y el equipo entra en una fase de cierta desesperación incorregible, que terminará casi siempre con un gol convertido por el rival. Sólo los jugadores con malicia, con ese punto de mala leche tan necesario, que no es otra cosa que un gran nivel competitivo, son capaces de percibir el desarrollo de ese mecanismo in situ y pondrán toda la carne en el asador para marcar un gol, porque saben lo que espera si no a su equipo.

El peor resultado es el 2-0
¿Existe mayor tontería que esta sentencia? Es cierto que con ese marcador a favor puede darse cierta relajación en el equipo, y que si el rival consigue marcar un gol estará a uno solo del empate y los nervios pueden hacerse presentes para confundir, maniatando las piernas y la mente del equipo que lleva ventaja. Sin embargo, peor que ir ganando 2-0 es siempre ir perdiendo, ¿verdad?

El que sale a empatar pierde
Otra verdad como la copa de un pino, y que se cumple también a rajatabla. Muchos entrenadores quieren ganar 0-0, es decir; pretenden salir a empatar el partido, bien porque vislumbran que el rival es superior, juega en cancha visitante o simplemente se trata de un entrenador rácano apoyado por sus futbolistas, también rácanos. Siempre se pierde cuando se sale al campo con intención de empatar, no hay vuelta que darle.

Equipo que gana no se toca
Si el equipo ha ganado y, sobre todo, lo ha hecho con solvencia, deberá repetirse la alineación titular en el próximo encuentro, salvo lesiones o razones de fuerza mayor. Porque la confianza que adquiere el grupo con una victoria importante es su mayor baza para seguir creciendo y haciéndose fuerte como grupo. Además, esto provoca que si un jugador entró en el equipo pueda también ganarse el puesto y reordenar el equilibrio del grupo también a su favor, lo que da motivación a los jugadores suplentes, uno de los matices más importantes que tiene que tener en cuenta el entrenador porque, si bien juegan once jugadores por partido, los suplentes forman parte indivisible de todo el grupo.

Los goles no se merecen, se hacen
Puede suceder que un equipo tenga infinidad de ocasiones de gol en un partido pero no consiga materializarlas. Además de resultar probable que marque el otro equipo porque los goles que se fallan se pagan con fuego, hay que señalar que no tienen excusa posible, ya que como dice el refrán popular aquí citado, los goles no se merecen, se hacen.

El fútbol da revancha
Una de las cosas más bonitas que tiene el fútbol es que siempre ofrece revancha. ¿Una mala tarde? ¿Una Liga perdida en el último minuto del último partido? El fútbol tiene una ley de compensaciones que hace que el que persevera, triunfe.

Ni fenómenos ni desastres
El tan mentado equilibrio en el fútbol no es orden, ni dinámica, ni siquiera gol. El fútbol es estado de ánimo y, por consiguiente, en la mente del jugador debe anidar la firme convicción de que cuando gana no es el mejor del mundo, ni cuando pierde el peor. Tener las cosas claras al respecto hará mejor al futbolista y al equipo al que pertenece.

Un palo y un caramelo
Con esta frase resumían los entrenadores de hace algún tiempo el método para tratar a los jugadores: al que hacía un golazo, en el entrenamiento del lunes un palo. Al que había dejado todo en la cancha pero no le había salido un buen partido, un caramelo.

El otro equipo también juega
Muchas veces el equipo propio hace un buen partido y pierde. Pero es que, como en la vida, el otro equipo también juega.
Se juega como se entrena
Otra gran verdad del fútbol es que se juega como se entrena. Si en la semana el jugador ha sido indolente, no se ha cuidado lo suficiente con las comidas (o las bebidas), si se ha creído que por haber ganado el partido anterior tiene ya todo resuelto para el próximo encuentro, las nubes se cernirán sobre su cabeza. Entrenar a conciencia durante la semana es el mejor método para ganar el domingo.

El pase a domicilio como una de las peores cosas
La pelota es un imán y muchas veces, incluso en el fútbol superprofesionalizado de hoy, se ve a los jugadores apiñados en unos pocos metros cuadrados, corriendo todos detrás del balón como los niños en el patio del colegio. Entonces no existe otra opción que hacer «pases a domicilio», tan cerca del compañero que no sirven para nada. El pase tiene que ser hecho con criterio y cubriendo el terreno de juego con la mente puesta en crear una situación de gol al finalizar la jugada.

La pelota debe botar antes del portero
Observará el lector que cada vez que un buen jugador efectúa un disparo desde media distancia, por ejemplo desde fuera del área grande, el balón siempre da un bote antes de llegar al portero. Es ésta una condición esencial para que el portero tenga menos posibilidades de atajarlo, con más razón si el terreno está mojado por la lluvia. Si el balón lleva la potencia necesaria y en efecto bota antes, las posibilidades de marcar un gol son mayores incluso que si va dirigido a la escuadra.

Palo y gol
Qué bonito es observar esos goles que dan en el palo y besan luego la red con potencia. Los grandes delanteros lo hacen, calibran su pierna para que el balón de en el poste, unos milímetros para adentro, de modo que siempre entra. El portero, por otro lado, tiene el inconveniente de chocar contra el poste si en su estirada intenta detener el balón. Una delicia.

No dar una pelota y que te devuelvan un ladrillo
Como suele decirse, los futbolistas están «todo el día con la pelotita». Entonces, ¿por qué en muchas ocasiones no pueden darla sencilla y al pie? Las prisas, las urgencias o las circunstancias adversas pueden quizás ponerlos nerviosos, pero no es excusa para que ello les impida dar la pelota «redondita y al pie».

Tiene prioridad el que va de frente
Entre dos compañeros del mismo equipo que van a un balón siempre tiene prioridad el que va de frente a la pelota, porque tiene para sí un margen más amplio de visión y de acción. El que no viene de frente debe entonces apartarse para dejar al otro que domine el esférico.

De espaldas al arco siempre a un toque para atrás
Si el jugador al que le llega el pase está de espaldas al arco rival, siempre tiene que dar un toque hacia atrás a un compañero que lo apoye. Salvo ocasiones extraordinarias, que siempre tienen que ver con el lugar del campo en donde se encuentre. Así, en el área pequeña rival es posible intentar un quiebro y darse la vuelta, porque se está muy cerca de la meta.

El delantero debe entrar al área porque ahí es penal
El delantero lo sabe, aunque pocas veces lo pone en práctica. Jugar con la urgencia del rival, algo tan importante en el fútbol, es una necesidad que las circunstancias ponen siempre al alcance de la mano, del pie. Si un delantero es derribado en el área grande será penal, por lo que el defensa tendrá que tener mucho más cuidado para no hacerle falta allí. El grito ¡Sin falta, sin falta! se hace aquí más audible que nunca. Aumentan pues las posibilidades de marcar gol del delantero, en relación directa al descenso de las posibilidades del defensor por quitarle el balón. A propósito de esta «enmienda», suele decirse que la diferencia existente entre los delanteros brasileños y los argentinos es que los primeros, al entrar al área, buscan el gol, y los segundos, el penal. No sabría realmente decir si esto es así, una cuestión de orgullo nacional, pero el lector podrá hacer su propia estadística si le apetece y contabilizar cuánto de verdad posee la sentencia.

Buen control es medio gol
¡Que se lo pregunten a Ronaldo! A veces es más importante un buen control que el remate a gol, porque si el control ha servido para preparar bien el cuerpo antes de chutar a puerta hay más posibilidades de marcar que si es preciso acomodar el esférico muchas veces, perdiéndose además un tiempo precioso y dando lugar al defensa o al portero a que recuperen su posición.

Tenerla cuando hace falta
Suena en la cabeza del futbolista la frase «¡Tenela, tenela!», que todo su equipo, desde el entrenador al utilero, le grita cuando faltan cinco minutos y el equipo, por ejemplo, va ganando por la mínima ventaja. Tener el balón en estas circunstancias es fundamental, porque además la mejor manera de que pase el tiempo es... tener el balón lo más lejos posible de nuestra portería.

La importancia de dar fuerte los pases
Los pases entre jugadores deben hacerse con fuerza, y lo mismo sucede desde luego con los tiros a puerta. Siempre fuerte. En ocasiones uno ve por televisión un partido y cree que los pases son débiles, pero si aguza el oído escuchará, sobre todo si ha ido al estadio, el ruido seco que hace el balón al ser pasado, incluso en un pase hecho desde cerca.

Carrileros, media puntas y doble pivote: tres inventos espantosos
Ya se refería Cruyff al invento de los carrileros como una de las peores cosas que le había sucedido al fútbol moderno. ¿Qué son? Ni wines ni laterales. Nada. No pueden hacer bien su trabajo defensivo y en ataque suelen ser bastante discretos. Tener un Cafú o un Junior como lateral es otra cosa, pero son excepciones, el fútbol no es un deporte de largos recorridos, y cuanto más se corre, más lento se juega.
Similar espanto produce ver al media punta, ni punta ni centrocampista. Se supone que su presencia permite sumar un centrocampista de marca al medio del campo, con lo que se consigue además quitar un delantero. Elimina por tanto el diseño esencial de la delantera: dos punteros abiertos por las bandas y un rematador. Se solucionaría este problema si volviera el fútbol a tener las agallas de situar al medio punta como lo que es: el número 10, tan importante siempre y tan denostado en esta época.
Nombrar el doble pivote produce escozor. ¿Eso qué es? Dos medios centros que se anulan el uno al otro. En España, cuna de grandes medio centros, o incluso en Argentina y ni qué decir en Brasil, resulta nauseabundo ver jugar equipos con dos defensas en el centro del campo, lo que también quita opciones para situar más delanteros en el equipo. Lo dicho: no nos une el amor sino el espanto.

Lo peor para un futbolista es el viento
Ni la lluvia, ni el frío, ni el mal estado del terreno de juego: la pesadilla del futbolista que ama su profesión es el viento. Porque las ráfagas de viento fuerte no permiten controlar el balón, lo que redunda siempre en beneficio del que peor juega, que es aquel que deja todo en manos del azar.

La importancia de estar metido en el partido
Estar concentrado, metido en el partido, es fundamental. Porque no sólo se juega con el balón en los pies, sino en todo momento, ya sea en ataque o en defensa. Ocupar bien la posición, distribuir los efectivos acertadamente sobre el terreno de juego, y sobre todo, estar concentrado los noventa minutos y no «lagunear» (como esos jugadores esporádicos que aparecen y desaparecen, que juegan diez minutos y se ausentan treinta) resulta imprescindible para mantener la armonía del equipo.

Los fuertes no hablan
Notará el lector que hay muy pocos jugadores que no se quejan. Les pegan y se levantan, no piden la tarjeta para el rival, no intentan vengarse de la patada recibida. Son los fuertes, una estirpe nietzscheana que tiende a desaparecer del fútbol. Riquelme es tal vez su último exponente.

Duele y no duele
Cuando el foul duele, el jugador no se mueve; si hace aspavientos, es que está fingiendo. En efecto, si la falta cometida le ha dolido, y puede incluso tener consecuencias graves, el jugador no se moverá de su sitio. Cuando da vueltas y vueltas gritando y sufriendo, es que no tiene nada, y lo único que busca es o hacer tiempo o amplificar el grado de la falta para soliviantar demagógicamente a su hinchada o para que el árbitro piense en sacar tarjeta al contrario.


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