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Misiones nocturnas

JÁCHYM TOPOL

288 págs.

Traducción:Kepa Uharte

ISBN978-84-96080-97-3

19,50 €

Misiones nocturnas (OL36)


(fragmento)

Luego se la encontró en la presa, en una de sus andanzas. Y ella empezó a hablar con él: Me llamo Zuza. Luego pasó todo el verano con ella. Cuando no la veía, pensaba en ella. Chiqui estaba cabreado, todo el tiempo dando vueltas por el patio. Estaba ahí con mamá. Ella se había hecho amiga de unas chicas, iban a verla siempre. Chiqui se les metía entre las piernas. A veces Ondra tenía que ir con él y con mamá de excursión. Cuando estaban con mamá, los niños les dejaban en paz.
¿Por qué siempre vienes hasta aquí?, dijo ella.
¿Cómo sabes que vengo aquí?
Lo decían las chicas. Soltó las sandalias de una patada, corrió por las piedras hasta la presa. Nunca nadaba. Tampoco quería subir a la barca. A veces se metían en una balsa bajo la presa. Se apretaban el uno contra el otro. Se zambullían. Cuando a veces ella se apretaba contra él en la orilla, o le abrazaba, él se apartaba de ella. Pensaba por ejemplo en los bichos de la hierba. O contaba en silencio. Olía tanto. No podía quedarse tanto en su olor. No podía sumirse en ella. Algo pasaría. Era en la balsa bajo la presa donde estaba el agua más fría.
Y cuando nos casemos, ¿viviremos en Praga?
¡Pues claro! Le costó lo suyo no castañetear con los dientes.
Ella se rió y se sumergió. Aguantaba debajo del agua más tiempo que Ondra. Él hacía ver que le daba igual.
¿Por qué puedes manosearme tú a mí así, y yo a ti no?, le preguntó una vez.
Porque soy una chica.
Ahá. Y por qué...
No preguntes siempre como una chica.

 


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