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¿Quién se ha meado en mi cama?

ANTONIO ÁLAMO

138 + XXII págs.

ISBN 84-89618-37-2

1875 pts. 11,26 Eur.

¿Quién se ha meado en mi cama? (00038)


      
HACIENDO UN FAVOR A CHARLY


      ¿HAN PERSEGUIDO ALGUNA VEZ una mosca por una habitación vacía? ¡Con lo enanas que son! «Está ahí, a tu espalda», te dices a ti mismo con la zapatilla alzada, pero...
      Recuerdo que estaba persiguiendo esa mosca cuando escuché que alguien aporreaba mi puerta, y entonces me asomé a la ventana y era nada menos que Charly.
      ¡Eh, Charly!
      Sí, ¿qué hay? ¡Abre!
      Bajé la escalera, abrí la puerta y ya digo que era Charly.
      ¿Cómo andas?
      ¿Te interrumpo?
      Pasa.
      Subimos a mi estudio y Charly, que nunca había estado allí, empezó a mirarlo todo.
      ¿Qué es eso?
      Un cuadro.
      Ya, pero ¿qué es?
      Bueno, representa una mesa de disección con el cadáver del sol.
      ¿Eso es el sol?
      Ajá.
      ¿Bromeas?
      ¿Es que no te gusta?
      Sí, ¿por qué no? Y esto de aquí, ¿qué es?
      Acuarelas.
      Ya, pero ¿qué son?
      ¿De verdad te interesa?
      Mucho.
      Verás, yo fumo cigarrillos, ¿sabes?, y cada vez que enciendo uno lo hago siempre con una cerilla, y cuando la cerilla se apaga la reutilizo para hacer una serie de marcas en el papel, dibujos que indican el paso del tiempo. Son dibujos muy breves, ya que la cerilla no da para mucho, aunque bastante más de lo que puede parecer así a primera vista. Con el siguiente cigarrillo y la siguiente cerilla continúo el mismo dibujo o, al menos, surgen otros distintos. Al término de dos semanas puedo poseer un dibujo sobre el paso del tiempo en dos semanas. Es curioso lo que hace el paso del tiempo... Otras veces también utilizo la colilla del cigarrillo, que le da un trazo más grueso, más difuminado, ¿lo ves?, como en este sector de aquí... Como cada mañana me prometo a mí mismo no fumar más de diez cigarrillos (lo que significa que acabo fumando trece o catorce, es la verdad), los medios, en cualquier caso, están limitados por la cantidad de nicotina que me chupo cada veinticuatro horas. El error, ya lo ves, ha sido retocarlos con acuarela. La acuarela, ¿sabes?, es lo menos pastoso que hay en el mundo, aunque cuenta con la ventaja de que no borra el dibujo sino que sólo lo vela como una gasa. Pintar con acuarela es lo que menos se parece a pintar; es casi no pintar. No es algo físico, es como escribir. Mi opinión es que debería haberlos dejado tal y como surgían, sin la falsedad de las acuarelas, pero bueno, ya está hecho y no se puede volver atrás. Ésa es una de las cosas fascinantes de la pintura: no puedes volverte atrás. Es como la vida. ¿Lo ves? Son acuarelas sobre el paso del tiempo. ¿Te gustan?
      Sí, ¿por qué no?
      ¿Qué te pasa? Pareces jodido. ¿Quieres tomar algo?
      Bueno.
      ¿Cerveza?
      Cerveza está bien. Abrí el frigorífico y saqué un par de ellas. Gracias.
      ¿Cómo va el negocio? le pregunté.
      Bah, últimamente, tío, la gente parece tener mal rollo con las drogas. Quiero decir, ¿sabes, tío?, que la gente ya no se droga tanto como antes. Por algún motivo les ha entrado el canguelo. Yo creo que es un problema de engreimiento, tío, ¿sabes lo que significa esa palabra, tío? Vaya, un problema de ego, ¿no? Cuando la gente se sobrevalora a sí misma deja de drogarse. Es una putada. La culpa de todo la tiene el maldito sistema y ese falso culto a la personalidad y al dinero. Es una putada lo que está pasando, una putada de las buenas. El mundo se está echando a perder a causa de las prisas. Todo el mundo tiene prisa, coño. Que les den por el culo a todos. ¿Tú tienes prisa? Yo nunca tengo prisa. Mira esto me dijo enseñándome fugazmente un sobre.
      ¿Qué es?
      Es una carta de María.
      Ah, ¿qué se cuenta? ¿Lo está pasando bien?
      Supongo, pero en un par de días ya está aquí.
      Pues de puta madre, ¿no?
      Qué va.
      ¿Por qué? Yo pensé que ya tenías ganas de que volviera, ¿no? ̣ltimamente se te ve bastante... No sé, bastante raro. En las fiestas, digo. No pareces tú.
      Tengo un lío, ¿sabes?
      ¿Un lío?
      Sí, un lío.
      ¿Qué lío? ¿Con otra mujer?
      Eso es, otra tía.
      Hostias, ¿la conozco? Dame fuego. Gracias. ¿Es del barrio?
      No.
      ¿Y María? ¿Sabe algo?
      Qué va.
      ¿Y qué vas a hacer? ¿Se lo vas a decir?
      Ni de coña. ¿Te has vuelto majara? No quiero perderla.
      Lógico. La María es que es preciosa. Tienes mucha suerte.
      Sí; María es un regalo del cielo. Algo me tenía que salir bien en la vida, ¿no?
      Pero, bueno, entonces, ¿qué problema tienes? Acabas con la tía con la que estás ahora y sigues con la María. ¿Dónde está el problema?
      Ya, eso es más fácil decirlo que hacerlo. Tío, es que esto es muy especial, pero que muy especial. Necesito que me ayudes.
      Hazte un porro y me lo cuentas.
      Charly empezó a hacerse un canuto.
      Mira, tío, tú ya sabes que trabajo un par de días a la semana en el puto Buckingham Palace ese, ¿no?
      Toda la peña lo sabe.
      Y, ¿sabes, tío?, sirvo las mesas a los del partido conservador, ¿no?, ésa es mi ala.
      Bien. De puta madre.
      Sí, es un trabajo de puta madre. Un par de horitas o tres y luego a casa, y está bien pagado. Te tienes que poner una levita de color verde manzana que te hace parecer un mamarracho, y también esa mierda de pajarita y demás, ¿no?, o sea, que te vistes de capullo pero, vamos, que nadie te ve, excepto los mamones de los políticos, y no pasa nada, joder.
      No, no pasa nada. Buen rollo.
      Así que sirvo la bazofia a esa pandilla de pijoteros, y luego me largo a casa.
      Claro.
      Pero la Thatcher, ¿sabes?, es una tía muy especial, muy simpática. Siempre me saluda y me trata como si yo fuera uno de los suyos, ¿me sigues, no? Te sientes bien a su lado.
      ¿Cómo que te sientes bien a su lado? Vamos, no delires.
      Te sientes bien, tío, te sientes mejor que bien, como si estuvieras metido en un puto telediario. Es una sensación extraña, esa tía no es real, te entran ganas de tocarla, es como si fueras a desaparecer en cuanto le pongas la mano encima. Que vas a desaparecer o que vas a electrocutarte, una de dos, tío, y luego esa piel como luminosa que se gasta, casi fosforescente, te juro que es como un puto alienígena, no sé de dónde ha salido. La llaman la Dama de Hierro, ¿verdad, tío?, pero parece más bien de algodón, como una perra de peluche. Quiero decir que te entran ganas de tocarla.
      ¿La has tocado?
      Espera y te cuento. Toma me dijo pasándome el porro. Pues bueno, un día se me acerca un guardia y me pide el teléfono. Yo me mosqueo, claro. ¿El teléfono? ¿Para qué cojones quiere este pimpollo el teléfono? Y voy y le digo que no tengo teléfono. El tío flipa, porque para esos tíos si no tienes teléfono no eres un ser humano, así de simple y así de claro. Total, que el tío flipa, ¿no? Pero ¿cómo voy yo a tener teléfono viviendo de okupa? No se lo digo, claro, pero lo pienso. No te jode. Bueno, dice el tipo, entonces, ¿cómo te llaman de la agencia para decirte los días que currelas? No me llaman, le explico: yo les llamo a ellos. Y es verdad, ¿sabes?, todos los putos lunes llamo a la agencia y ellos me dicen los putos días que trabajo, o si no me dicen que tengo que llamar este puto día o este otro. Y así funciona la puta cosa, ¿sabes, tío? Pues bueno, va el pin-pin y me dice: «Dame tu dirección». Hostias, qué acojone, pero yo mi dirección no se la doy ni a mi padre, ¿sabes?, ni a mi padre ni a un puto poli, claro, aunque mi padre era también un puto poli, hasta el día que lo jodieron y se quedó para siempre en la puta silla de ruedas. ¿Sabías que mi viejo estaba en una puta silla de ruedas? Le metieron dos tiros.
      Sí, ya me lo habías contado.
      Así que voy y le digo al puto poli que no tengo dirección, y el tío se me queda mirando como con ganas de ponerme las esposas, ¿sabes?, y va el tío y me dice, ¿Y dónde duermes? ¿Y a ti qué cojones te importa?, aunque no se lo digo, claro, pero lo pienso, no te jode, ¿qué cojones le importa a él dónde vivo yo?, y voy y le digo, Vivo donde me pilla, y él dice, Bueno, tú verás. Hostias, qué paranoia, y entonces voy yo y pienso, Estos tíos no me avisan más para el currelo, y me doy por despedido, fulminado como una cucaracha, pero entonces, alucina, tío, alucina, entonces me dan más trabajo que ninguna otra semana, y yo flipado, que no sabía dónde meterme. Pues bueno, que me dije, Yo no vuelvo al Buckingham Palace ni de coña, pero va la María y me dice que sí, que tengo que ir, que no sea paranoico. Vale, pues no soy paranoico y voy, pero voy con paranoia. ¿Cómo irías tú, eh? ¿Irías tan campante o irías paranoico?
      Iría paranoico. ¿Qué paso después? le digo pasándole el porro.
      No te lo vas a creer. Pues bueno, tío, un día de esos que estoy trabajando en el puto Bukinham Palace sirviendo las comidas, bueno, aún no habíamos empezado a servir, ¿sabes, tío?, al principio estamos todos ahí sin hacer nada, esperando que lleguen los pimpollos para el papeo, pero sin hacer nada, ya te digo, y nos ponen a cada uno en una puerta como si fuéramos soldaditos de plomo y no hacemos nada, sólo esperar y ver pasar las moscas, ¿sabes, tío?, seis o siete palurdos ahí, esperando, pero el tiempo corre y tú cobras por hora, y entonces no importa, pero ese día que te digo, ¿sabes, tío?, aparece la Thatcher, y va y se me acerca y me pide el teléfono.
      ¿Qué?
      Digo que va la Thacher y me pide el teléfono.
      Hostias.
      Hostias, eso mismo dije yo, vamos, que lo pensé, porque lo que le dije fue, claro, tío, que no tenía teléfono y que lo sentía en el alma, claro.
      ¿Le dijiste eso?
      ¿Qué coño le iba a decir? No es una zorra cualquiera, es la Primera Ministra del Reino Unido, ¿qué le iba a decir? ¿Qué cojones le hubieras dicho tú? Pues bueno, yo le digo eso y va y me suelta una sonrisa, pero qué sonrisa. Es una puta vieja pero tiene los dientes más blancos que he visto en mi vida.
      Postizos, son postizos, o si no implantes.
      Y el aliento, ¿sabes, tío?, le huele a fresas. Como si fuera una cría de quince años. Y los ojos, tío, tiene una mirada que no puedes sostenerla: como si echara fuego todo el puto tiempo.
      ¿Y tú que le dices?
      Nada, ella me lo dice a mí. Va y me dice, ¿Dónde vives?, ¿sabes, tío?, como si fuera una pildorilla que te encuentras por la noche.
      ¿Le diste tu dirección?
      Claro, tío, ¿cómo no le iba a dar mi dirección? ¡Era la Primera Ministra del Reino Unido! ¿Tú qué hubieras hecho?
      Me lo pones difícil: ni puta idea.
      Pues bueno, tío, voy yo y le doy mi dirección.
      Y entonces ¿qué pasa?
      ¿Tienes más cerveza?
      Me levanto, voy al frigorífico, saco dos latas, le lanzo una y me vuelvo a sentar.
      Y entonces ¿qué pasa? Le das tu dirección y ¿qué pasa?
      Nada, tío, no pasa nada, durante unos días no pasa nada de nada. Pero yo estoy paranoico perdido, claro, y no me fío ni de mi sombra.
      Natural.
      Pero luego viene lo más increíble, ¿sabes, tío?
      ¿Qué?
      Lo más increíble de todo, lo más increíble que me ha sucedido en toda mi vida, eso es, porque una noche estoy en casa, María en la playa, yo en casita viendo la tele, ¿sabes, tío?, y de pronto un coche se para delante de mi puerta, no es un coche cualquiera: es una limusina de ésas.
      ¿Una limusina en este barrio? Imposible.
      Era un coche cojonudo, limusina o no limusina, era un coche que para tenerlo hay que haber robado a espuertas, ¿sabes, tío?, mucha pasta, tío, un coche así tiene que costar una pasta, ¿sabes, tío?, y se baja un chófer negro, quiero decir un chófer vestido de chófer, y yo pienso, Hostias, la secreta, qué vienen a por ti, y voy y cojo la mierda y quito la tele y la abro y pongo toda la mierda allí. Y luego vuelvo a encender la tele, pero pienso que se habrán coscado de todo, que me habrán escuchado apagar y encender la tele, y que ya no es un buen escondite, y entonces cojo y quito la tele, saco la mierda y voy al jardín y la pongo en el contenedor de basura, y el negro que sigue llamando a la puerta.
      Qué putada, tío.
      Sí, gran putada, pero entonces me armo de valor, han visto la luz, saben que estoy en casa y tengo que armarme de valor y voy y abro la puta puerta, y a la primera de cambio veo que no es un poli.
      ¿Por qué? ¿Qué te dice el pollo?
      Nada, es nada más mirarlo, se ve que va de buenas, y va y me dice, ¿Charles Dunlap? Sí, aquí me tienes, le digo, y entonces el tipo se va hacia el coche, abre la puerta y ¿sabes quién sale, tío? La Thacher: la Thacher en mi casa, en una puta casa okupa.
      Hostias.
      Hostias, eso mismo dije yo, ¿sabes?, la tía no pegaba ahí ni con cola, quiero decir en la puerta de casa, con toda esa basura a su alrededor. Era muy extraño, como estar viendo un extraterrestre, o como en ese cuadro que has hecho...
      Como estar viendo el sol en una mesa de disección.
      Ajá, ¿sabes, tío?, como si todo fuera un puto sueño.
      ¿Y qué quería?
      Pues va la tía y sale del coche, ¿no?, y sale como un tanque, porque esa tía es un puto tanque, y cuando camina todo el mundo se quita de en medio, ¿lo ves, no?, porque esa tía cuando camina parece que está invadiendo Hungría, ¿la has visto andar, no?, en la tele, digo, y va y sale y se mete en mi casa rápidamente, y yo me quito de enmedio para dejarla pasar, no te jode.
      ¿La dejaste pasar a tu casa? Pero, tío, ¿no eres anarquista?
      Claro, tío, yo soy anarquista, pero ella es la Primera Ministra del Gobierno. ¿Qué habrías hecho tú?
      No estoy seguro.
      Pues va la tía y cierra la puerta.
      ¿Y el negro?
      El negro arranca el coche y se las pira. Se pone a dar vueltas por ahí, ¿sabes, tío?, y la tía coge y me sonríe de esa forma que en el fondo te está dando por el culo, ¿sabes, tío?: tiene una mirada muy suya.
      Bueno, ¿y qué es lo que quería?
      Follar.
      ¿Y tú qué le dijiste?
      ¡Era la Primera Ministra del Gobierno! ¿Qué le hubieras dicho tú? ¿Que no? ¿Le ibas a decir que no? ¿A la Primera Ministra del Gobierno? ¿Le ibas a decir que no? ¡No te jode el valiente!
      La verdad, no sé lo que le habría dicho. ¿Y qué tal lo hace?
      Bah, no está mal. Pero es toda una experiencia, eso sí, da mucho morbo. Aunque me gusta más María, la verdad, pienso mucho en María. Las españolas es que son la hostia.
      Eres de lo que no hay.
      Sí, cierto, se me va la novia un mes de vacaciones y ya me sale un lío.
      La Thacher está muy vieja, ¿no? ¿Qué años tiene?
      No sé, está vieja, sí, pero las hay más viejas. No creas, la tía se mantiene en forma, creo que hace aeróbic o una mierda parecida. Además, huele a rosas la tía. Se nota que es de buena familia. Oye, ¿tú sabes por qué a las pijas el coño no les huele tanto a coño?
      Se echarán cosas. ¿Os veis mucho?
      Un par de veces a la semana, pero se acabó, ya tuve mucha vieja, quiero pasar de la vieja.
      Sí, es lo mejor.
      ¿Tú crees?
      Yo creo que sí. Esa movida sólo te puede traer problemas. Mira que si se entera su marido...
      Y la peña del Gobierno.
      Y la peña del Gobierno, justo. Ésos no se andan con chiquilladas. Un día de éstos apareces muerto en la cuneta de una carretera.
      Charly se puso lívido, tragó saliva y dijo:
      Pues la dejo, y espero que eso no me traiga problemas.
      ¿Problemas? La dejas y punto. ¿Problemas a cuento de qué?
      Puede enfadarse.
      Bah, que le den por el culo.
      Eso, que le den por el culo, pero ahí es donde entras tú.
      ¿Yo?
      Sí, quiero que le escribas una carta, y que le digas que la dejo, ¿sabes, tío?, tú tienes más rollo escribiendo, yo me siento incapaz, hace al menos cinco años que no escribo una puta palabra, ¿sabes, tío?, quiero decir que cómo me presento yo en el currelo, allí, dando de comer a Margaret Thatcher y sus ministros, después de haberle dado calabazas a la jefa. Es una situación jodida.
      Sí, sí que lo es.
      Por eso me tienes que escribir esa carta.
      Bueno, ¿y para cuándo la quieres?
      Para uno de estos días.
      Muy bien, ¿y qué es lo que quieres que le diga?
      Que le den por el culo.
      ¿Así? ¿Sin más? ¿Que le den por el culo?
      Sí, que le den por ahí, pero con estilo, ¿sabes, tío?, con un poco de estilo: para que no se mosquee y no me traiga problemas.
      De acuerdo, yo me pienso la carta. ¿Qué es lo que tienes?
      Osos polares, micropuntos y celestes.
      ¿Qué me aconsejas?
      Los micropuntos son imprescindibles, y los osos polares no están mal. Las celestes van flojas, pero son muy limpias.
      Dos de cada.
      Contigo es un gusto hacer negocios.
      Es que no me sale decir que no a nada.
      Eres un goloso, tío. Todo lo quieres probar, eso es lo que pasa, que te das tiempo para probarlo todo. Tienes curiosidad, y la curiosidad es la madre de todas las ciencias. Toma, aquí van: dos, dos y dos.
      De puta madre. ¿Veintidós libras?
      Dame veinte.
      Cinco, diez y... Te voy a tener que dar monedas.
      Es lo mismo.
      Una, dos, tres, cuatro y... Hostias, dos de cincuenta. Lo siento, ¿eh?
      Gracias, contigo da gusto.
      Nos vemos.
      Seguro.
      Y entonces Charly baja la escalera y yo le acompaño. Nos damos un apretón de manos y nos despedimos.
      Que vaya bien, tío.
      Lo mismo digo.
      Vuelvo a mi estudio y me pongo a escribir esto.
      Pero, en algún lado, hay una mosca: zzzzzzzzz...
      ¿Se han puesto alguna vez a pensar en la cantidad de desorden que produce cada individuo, cada ser humano? ¿La increíble y compleja telaraña que se teje alrededor de cada uno de ellos? Primero cuando se nace y se es obligatoriamente hijo de alguien, hijo de perra o lo que sea, y el padre y la madre sienten algo, y luego a los hermanos también les da por sentir alguna cosa, y luego cuando se crece hay gente a la que casi no conoces pero a la que de todos modos le da por desearte un cáncer o una tetraplejía, y se sigue creciendo y a veces eres un santo y otras un miserable, y se traicionan amigos y se tienen amantes y luego se tiene mujer, que ama u odia depende del momento, y también se tienen hijos que también odian y aman al padre y a la madre dependiendo de lo que en ese momento se les pase por la cabeza, y todo así, generando amor y odio, generando alucinaciones, ¿y todo por qué?, ¿lo saben?, ¿lo saben? Todo por un hijo de perra cualquiera, es de locos, casi tiene gracia.

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