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Ahogados

CARLOS EUGENIO LÓPEZ

192 págs.

ISBN 84-89618-43-7

2100 pts. 12,62 Eur.

Ahogados (00042)


      Ni idea, la verdad.
      Piensa un poco, joder. Si no te lo he dicho cuatrocientas veces, no te lo he dicho ninguna.
      Me lo habrás dicho las veces que quieras, pero ya no me acuerdo.
      Es que no prestas atención.
      No, es que no me acuerdo.
      Macedonio, joder, macedonio. Alejandro Magno era macedonio, y su padre se llamaba Filipo. Te tienes que acordar por huevos.
      A lo mejor, ahora que lo dices...
      ¿Lo ves? Vas como sonámbulo.
      Es que no me lo puedo quitar de la cabeza
      ¿Otra vez?
      ¿Tú cuántos crees que llevamos?
      Quince... Veinte, quizás.
      Veintinueve.
      ¿Seguro que tantos?
      Los he contado.
      Pues ya son.
      Desde abril, uno a la semana.
      Yo no pensaba que fueran tantos.
      Yo tampoco. Me he parado a contar las semanas. Me estaba afeitando, y me ha dado por ahí.
      Hiciste mal; estas cosas es mejor dejarlas estar.
      A veces no depende de ti.
      Hasta cierto punto.
      Veintinueve... ¿Te das cuenta? ¿Tú te lo hubieras imaginado cuando empezamos?
      Ni imaginármelo ni dejar de imaginármelo. Es algo en lo que no pienso. Hay que hacerlo y hay que hacerlo.
      Pero no es lo mismo que trabajar en un banco o en una cafetería.
      Eso según se mire. Si le preguntas al que trabaja en el banco o en la cafetería, seguro que también tiene sus días chungos. Todo tiene su lado bueno y su lado malo. Esto al menos te deja un montón de tiempo libre.
      Demasiado.
      ¿Demasiado, por qué?
      Más vueltas les das a las cosas.
      Pues no mires siempre las mismas. Ábrete, tío; haz como yo, lee, estudia, no te conformes con el olor de tu propia mierda.
      Yo ya estoy un poco pasado para eso, ¿no?
      Eso no es cuestión de años. Eso es cuestión de si tienes curiosidad o no tienes curiosidad. De si te dice algo o no te dice algo el Alejandro llegara a la India o no llegara a la India... ¿A ti te dice algo?
      Hombre...
      Plantéatelo.
      Soltaría cualquier cosa sólo por salir del paso.
      Es que, si lo piensas, es la hostia, tío, ¡la India!
      Déjalo, anda.
      ¿Te parece una chorrada?
      No. Seguro que es la hostia. Pero hay que llegar frescos. ¿Por qué no duermes un poco?
      Con el muerto en el maletero, me da reparo.
      No tiene por qué.
      Ni yo te lo discuto. Pero me parece una falta de respeto ponerme a dormir.
      Lo grave ha sido matarle. Lo demás, ya no importa gran cosa.
      Eso va en personalidades. A mí, lo de llevar al muerto en el coche setecientos kilómetros, es lo que se me ha hecho siempre más cuesta arriba.
      ¿Más que matarlos?
      Ni comparación... Si nos dejasen al menos traerlos de día...
      Serían muertos igual.
      Pero la sensación es otra.
      Yo en cambio prefiero viajar de noche.
      Hay menos tráfico.
      No sólo eso; es lo que tú decías de la sensación. Prefiero viajar sin ver lo que hay más allá de las luces de los faros.
      ¿Como si no fueras a ninguna parte?
      Algo así.
      Qué extraños somos, ¿verdad? Cada uno es un mundo.
      Sí.
      Yo tuve una novia a la que sólo le gustaba que se lo hicieras por detrás. Al principio, pensé que había algo raro. Pero, no; era simplemente que le gustaba más así.
      ¿Elena?
      No, no era Elena. Fue antes de Elena. Elena lo hacía por los dos lados. ¿Por qué?
      Por nada.
      De lo que te he contado, ¿a ti te ha dado la impresión de que Elena fuese una viciosa?
      Ni viciosa ni no viciosa.
      No, dímelo sinceramente.
      Sin haberla conocido...
      Pero, por lo que te he ido diciendo, alguna idea te habrás hecho.
      Me parece que debía tener algo, pero no necesariamente que fuese una viciosa.
      Eso es lo que me parecía también a mí. Pero había gente que se confundía con ella. Hay tíos que ven a una mujer con una boca o un culo así o asá y enseguida sacan conclusiones.
      La gente es como es; no hay que darle importancia.
      No, si yo no se la doy. Te lo digo como te diría que son las doce y media; porque es así y punto. Yo de Elena ya he pasado hace mucho. Simplemente me jode que haya gente tan corta. De tener algo a ser una viciosa, van kilómetros. Marilyn, por ejemplo, tenía algo, mientras que Claudia Schiffer es sólo un zorrón.
      No sé qué decirte.
      Di lo que te parezca; no es un interrogatorio.
      Yo creo que las dos tienen algo. Cuando se llega a ese nivel...
      No, a ese nivel, como a cualquier otro.
      Tal vez.
      Es una cuestión de estilo. Esté como esté una tía, lo tiene o no lo tiene. Hay tías que no valen gran cosa y tienen un gancho de miedo, mientras que hay otras que están como quieren y no pasan de ser unos simples zorrones.
      Un zorrón también puede tener gancho.
      En eso habrá gustos. A mí los zorrones me dejan frío. Te lo digo como es; no es que me las quiera dar de nada. Por eso me jode que mucha gente se montase la pirula con Elena.
      Yo ya te digo que nunca pensé que fuera una viciosa.
      Tú, a lo mejor no; pero mucha gente, sí.
      ¿Te lo dijo alguien?
      ¡A mí no me lo iban a decir!
      ¿Entonces cómo puedes estar seguro?
      Esas cosas se notan.
      Ya.
      Si alguien piensa que una tía es un zorrón, se ve enseguida.
      Yo te doy mi palabra de que nunca lo pensé.
      No hace falta que me des nada. Tampoco es algo que me quite el sueño. Comerse el tarro por una mujer es la mayor gilipollez que puede hacer uno. ¿Que a la gente le parecía más puta que las gallinas? Pues cojonudamente.
      Es lo más práctico.
      Tú te partes la cara y ellas se acaban riendo de ti.
      Hay de todo.
      En colores de pelo, claro. Pero a la hora de reírse de uno, todas lo mismo. De una mujer, no te puedes fiar nunca, te lo digo yo.
      Ni de un hombre.
      De un hombre a lo mejor tampoco te puedes fiar. Pero por lo menos sabes en qué no te puedes fiar. Con las mujeres, ni eso.
      Yo he tenido peores experiencias con los hombres que con las mujeres.
      Porque con los hombres te habrás jugado más.
      Eso también puede que sí.
      Entonces no hablamos de lo mismo. La mujer te la da cuando menos lo piensas. Lo que pasa es que la mitad de las veces no te la puede dar más que en tontadas. Pero eso no quiere decir que sea mejor, sino que no tiene con qué hacerte más daño.
      ¿A ti Elena te la dio?
      ¡Vuelta con Elena! La has cogido. Hablo en general.
      Ah.
      Y en general las mujeres te la dan siempre.
      Dármela-dármela, yo no creo que ninguna mujer me la haya dado. Ha habido cosas, pero dármela-dármela, no creo.
      ¿Dártela-dártela es que te haya puesto los cuernos?
      O hacerte una jugada seria.
      Depende a qué llames hacerte una jugada seria. Si es a cortarte un cojón, pues a mí tampoco me la han dado-dado.
      ¿A ti te han puesto alguna vez los cuernos?
      ¿Y eso qué tendría que ver?
      Como lo dices tan convencido...
      Lo diga como lo diga. Las cosas no hay por qué personalizarlas. Suponte que te lo hubiera preguntado yo.
      ¿El qué?
      El qué va a ser; lo que tú me has preguntado a mí.
      ¿Que si me han puesto alguna vez los cuernos?
      Sí.
      No sabría qué decirte. Yo creo que no.
      ¿Crees o estás seguro?
      Nadie está seguro de eso.
      Si los encuentras en la cama...
      Eso sólo pasa en las películas.
      Si pasa en las películas, es porque pasa en la vida. Todo lo que se le ocurre a alguien, o ha pasado o puede pasar.
      ¿A ti te ha pasado alguna vez?
      ¿Y por qué me tenía que haber pasado?
      Por nada.
      ¿Entonces?
      No sé...
      Lo digo lo mismo que podría decir que Julio César conquistó las Galias. Son cosas que se saben. Uno no tiene por qué haber estado allí.
      Ya.
      A veces el que está allí es precisamente el que menos se entera.
      César a lo mejor no sabía que estaba en las Galias.
      Eso tampoco.
      ¿Por qué?
      Porque escribió un libro.
      Entonces sí debía de saberlo.
      Evidentemente. Nadie escribe un libro sobre la guerra de las Galias si piensa que está comprando cerveza en la bodega de la esquina. Contigo hay veces que no se sabe si hablas en serio o te estás intentando quedar con uno.
      No es que lo pretenda.
      Da igual... ¿Hemos llegado ya al desvío?
      Lo pasamos hace un rato.
      ¡No me jodas! ¿Otra vez?
      Hará siete u ocho kilómetros.
      Parece que la tiene tomada conmigo, el hijoputa. Por una cosa u otra, siempre nos pasamos sin que yo me dé cuenta.
      Si quieres, la próxima vez te aviso.
      Tampoco es asunto de vida o muerte.
      No me cuesta nada.
      Es sólo por la cárcel. A la gente le choca cuando se le dice, pero yo tengo muy buenos recuerdos de la cárcel.
      Se hacen amigos.
      ¿A ti también te pasa?
      En parte.
      Yo la gente más legal que he conocido en mi vida la he conocido en el trullo. Y no te molestes.
      No me molesto; es otra situación.
      Tíos que valían la hostia. Tíos que te decías: «¿Cómo cojones pueden estar aquí con lo que valen?»
      A lo mejor precisamente por eso.
      Para mí que sí.
      La vida es muy complicada.

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