 |
 |
El
ruido de las miradas | ANA CRIADO |
160 págs. | ISBN
84-89618-70-4 | 2250 pts. 13,52 Eur. |
|  |
|
|  |
 |
 |
 |
|  |
Rubio,
qué pasa, Rubio? ¿Y qué, golifiando por el barrio, colega? ¿Buscando
curro? Uf, qué va, primo, por aquí de momento no hay nada, que yo
sepa. ¿Quién, yo? Yo llevo aquí va pa un año... Sí,
compadre, este curro está guapo, y aquí nadie controla, ni los propiatarios
ni nada, no como en el curro de antes, que aquél, el alministrador, me
tenía todo el día de un lado pa otro, pacá pallá,
como la cajita’l turrón, ¡uf, qué va!, pero aquí no, aquí
yo con llegar a mi hora y dejarme ver por los garajes hasta que sale el presidente,
¿no?, controlando, oíste, que siempre tiene uno que estar sacudido, porque
mismamente hasta hase poco el presidente de la comunidá era aquél,
don Carlos Santos, del portón siete, uno que tenía un audi gris
mentalisado, pero ése dise que se murió de perrente hará
como un par de meses, por sierto que a la viuda se le puede haser un favor, y
que se ande con ojo que como siga guerrera va a ser antes que dispués,
pero bueno, pa no aburrirte, que resulta de que ahora el presidente es otro, uno
ahí que tiene un mersedes sin mentalisar, total, que en cuanto sale el
jefe yo saludo y luego, ¡sas!, lo que tardo en sacar la manguera y dejarla enchufada
en una jardinera pa que paresca que estoy en ello, ¿no?, aunque sin abrir la llave
del agua, por si tal, no vaya a ser que se suelte y se quede todo enchumbado,
y entonse ¡sas! me pierdo, me abro, me disfumino, me desaparesco, oíste,
yo en el cuartito del garaje tengo un corchón y las sobadas ni te cuento,
hasta que al ratito me despierto con una flojetud que no veas, una mangua, a esas
horas estoy siempre manguado, como me dise Pedro, sabes quien te digo, Pedro el
del videoclú, dise, Anselmo tío estás más flojo que
el pedo un maricón, y yo le digo a él, y tú, colega, ¿qué
te pasa, que tienes el síndrome de hortalesa o qué?, y él
dise que qué es eso, no se lo sabe, oíste, y yo le digo, colega
el síndrome de hortalesa, que tienes más pelo en los huevos que
en la cabesa, oíste, bueno, total, que luego me despierto, y pongo la cafetera
en el campingás, y me mando el bocadillo que me prepara la vieja, cada
vez más pan y menos conduto, será pa que me enyugue mejor, mira
que le digo vieja ponme más sarchichón y más de todo, debe
ser que ya no oye, se está quedando sorda la viejita, total que así
entre esto y lo otro me se van un par de horitas volando, ¡botado!, que cuando
asomo por la puerta ya se han levantado las propiatarias y andan por los barcones
en camisón o en batita, oíste, y a mí me da por subir a la
asotea a revisar las trampillas de los asensores, o la antena, por si el viento,
oíste, hay una, la del portón sinco tersero, a ésa llevo
tiempo que no la veo, des’que está el tiempo soturno, pero se suele poner
medio en bolas, a coger sol digo yo que será, con unas cosas negras de
ésas medio finitas, y yo me pongo más soberbio que si estuviera
en pelota, colega, oíste, como el otro día ahí más
atrás, que estaba bocarriba sin moverse, con todo aquello al sol, oíste,
y su sinturita de nube, yo al prinsipio no m’alongaba mucho por si me capiaba,
¿no?, pero como vi que se estaba quietita pues ya me puse a mirar más descarado,
y cogí un calladito ahí, y se lo tiré pa que se virara y
verle su buen pote, pero la piedra le cayó serca y la despertó,
y entonse yo m’eché p’adentro y desde allí detrás la capiaba,
menos mal que no me veía, como eran las dos de la tarde y la sombra caía
del otro lado..., y ella mirando p’abajo a ver si había alguien por allí
serca, y no se le ocurría mirar pa la asotea que era donde yo estaba, qué
pasada, colega. Y luego hay otra ahí que es media sarpeta, la del segundo
piso del portón tres, pero ésa al lado de la del portón sinco
natilla, ésa me gusta menos porque es más enterada y además
está siempre mirando a los muchachos, siempre la veo que los sube en artostop
al mediodía, que ya hay que tener ganas porque los muchachos son unos pintas
de miedo, hay uno que le disen el Narco y que anda siempre por aquí sarsaliando,
que ahí más atrás me se reviró, oíste, hasta
que un día le dije cuatro cosas y se quedó sedita, oíste...
Sí, sí, demasiados chiquillos hay por aquí, la gente no para
de traer hijos ar mundo, deberían haser todos como Pedro, que se ligó
las trompas como quien dise, ¿eh?, pues que se hiso la vasetomía, porque
siempre no puede ser con chubasquero como él dise, lo que pasa que yo creo
que ya Pedro no tiene falta de chubasquero, porque el pájaro de Pedrito
pa mí que ya no canta, oíste, no, si yo no digo mal de él,
si el nota es un colega más verdadero que el carajo... Mira, ahí
viene un propiatario, el señor don Tal del portón cuatro, cómo
se llama éste, sí hombre, don Bernardo Facha, digo Zafra, uno que
es medio tortolín que se cree que es san dios porque lleva corbata, la
mujer es un carro huesos, y tanto, que hasta una vez se la tuvieron que llevar
en ambulansia, dise el guardián que si se había querido susidar,
será porque ya no aguantaba al marido, oíste, éste lo lleva
claro, espérate ahí a ver qué le pica ahora, sí señor,
no señor, sí señor, adiós buenos días, anda
y vetiti por ahí, que dise que por qué no reparto yo el correo,
que el cartero siempre le pone a él las cartas de los otros vesinos, a
buenas horas y con sol, sinco por ocho cuarenta, querrepartayoelcorreo 0 laspalmas
2, oíste, la avería está en Las Caletillas y a ti te encontré
en la calle, oíste. ¡Guá, mano!, deja no calentarme, que siempre
acabo como un macho. ¿Y tú, Rubio, qué? ¿Sigues en el gimnasio?
No hay más que verte, colega, así estás tú, hecho
un foraño, oíste... ¿El cuálo? ¿Dónde, aquí?
¿Quién, uno medio guiri, que tiene un coche deportivo? Eso mismo, como
se diga. Sí, ése vive ahí en el portón sinco. Ése
dise el guardián que se separó de la mujer porque dise que le gustaban
más los hombres que comer con las manos, pero yo no sé, porque a
mí no me ha hecho nada, colega, aunque eso nunca se sabe... Ay mi niño,
además de verdad, que en esta vida hay mucho maricón de bigote.
¿Ahora? ¿En la casa? Sí, ahora me parese que sí que está,
porque él duerme siempre la mañana. ¿Por qué? ¿Que te debe
guita? Ños, mano, qué pasada. No, si uno nunca sabe por dónde
te va a salir la gente, como yo, que le vendí el vespino de la Juani al
del estanco y todavía estoy esperando, oíste, a mí no me
lo pagaron pero carito lo vendí... ¿Quieres llamar de la gabina telefónica
pa ver si está? O si quieres te acompaño hasta el portón
y te abro y le das un buen espantón, pa que se entere con quien se la juega.
¿No? Vale, mano. Otro día, si no. Oquei maquei. Oiga, cuando usted quiera,
que para algo son los amigos, oíste.
|