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Burdel
de muertos | CARLOS EUGENIO LÓPEZ |
192 págs. | ISBN
84-89618-74-7 | 2350 pts. 14,12 Eur. |
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Cómo
hostias iba a imaginar yo que era el Ministro de Defensa. Ni cuando vi los papeles,
todos en inglés. Un ejecutivo, pensé. Qué sé yo. Cualquier
cosa. A quién se le va a ocurrir que el Ministro de Defensa puede meterse
en el Marfil. Hay que estar loco. Por más ganas que tengas, joder, siendo
ministro. Y con todos los papeles encima. De remate, hay que estar de remate.
Y no era la primera vez. Yo lo había
visto antes en los servicios. Por lo menos dos o tres veces. Ya puede decir el
tío misa en los periódicos. A mí no se me borra una cara.
Si se la chuparon o no, eso ya no lo sé. A lo mejor no. A la hora de la
verdad, más de uno se acojona y sale corriendo. Aunque yo creo que éste
lo tenía superclaro desde el año mil. Joder que sí. En cuanto
lo dejó el acomodador, empezó a situarse. Yo
estaba medio catatónico. Entre el frío que hacía y la mierda
de películas que ponen siempre en el Marfil, casi ni coordinaba. Pero enseguida
me di cuenta de qué iba. En dos segundos. No le entré de frente
porque estaba solo en la sala y tampoco hacía falta arriesgarse. Uno de
cien se ha equivocado de cine y te puede armar una bronca del copón. Depende
cómo lo cojas. Lo corriente es que, aunque venga de verdad a ver la película,
no pase nada. Te manda a la mierda, y en paz. En estos sitios la gente lo que
menos quiere son follones. Pero alguna vez se la empiezas a tocar a un gilipollas
que se pone histérico. Aparte de
que el tío sí chocaba un poco. El traje, el maletín, lo planchado
que iba... No sé... Éste vino en taxi, pensé; porque, andando,
menuda cantada. Pero nada más. Si con cada tío raro que ves en el
Marfil te pusieras a comerte la olla, te volvías paranoico. La mitad por
lo menos no sabes dónde meterlos. El que no derrota de un lado, derrota
del otro. Lo más que puedes hacer, es lo que hice, esperar a ver si se
definen. Y si el tío te dice que quiere, pues tienes que querer. ¿Qué
vas a hacer, si no, pedirle referencias? Ahora porque ha salido en los periódicos.
De otra forma... Tú piensas que
te pueden pasar un sidazo o meterte una hostia en la nuca mientras se la estás
mamando. Cosas así. Que te encuentras con un sádico o a un hijoputa.
Pero que te pueda llegar alguien a que se la chupes con los papeles de la OTAN
en un maletín... Cómo se te va a ocurrir semejante mamonada. Te
lo ponen en una película y pides que te devuelvan el dinero por borde.
Es que no. Y menos un ministro. Un tío que tiene que haberlas visto de
todos los colores. Por más vicioso que seas, dejas el maletín en
casa y te disfrazas de oso polar. Un momento
de locura, dice el tío. ¿Un momento de locura? Otra mamonada. Conocía
el Marfil mejor que yo. Y mira que yo llevo años. Ni los cuento ya. Me
lo dicen el primer día, y me pego un tiro. Lo juro que me pego un tiro.
Para que venga ahora el cabrón éste hablando de problemas. Qué
pollas sabrá él lo que son problemas. Me hacen gracia los tíos
éstos. Uno es un degenerado y ellos tienen problemas. Para cagarse en sus
muertos. Si no fuera porque el que más se va a acabar jodiendo soy yo,
me alegraría. Anda que lo llenen de mierda hasta que se tire de un puente.
Joder cómo me la ha metido. De
un palmo. Porque aún si no hubiera tirado el maletín... Lo escondo
debajo de un banco y llamo a la policía. Pero para qué quería
yo el maletín. Si lo cogí, fue por Alicia. Tampoco es que pensara
que podía haber gran cosa. Un móvil y una calculadora, todo lo más.
En el maletín la gente sólo lleva papeles. Si Alicia no estuviese
mosqueándose, ni lo toco. Salgo detrás del tío y se lo devuelvo.
Lo mismo me hago un cliente fijo con el detalle. Pero Alicia no hace más
que preguntar. Ve el maletín y la convenzo, pensé. Algo
tenía que hacer, de todos modos. Alicia no es gilipollas. Alicia piensa.
Y esto canta. A nada que ates dos cabos, sacas la foto. Por más que procures
que no se te note. Es eso: si estás dando tirones, ¿cómo no traes
más que dinero a casa? En algún bolso tiene que haber un mechero
o unas gafas. Yo qué sé, algo. En los maletines sólo se llevan
papeles, pero en los bolsos hay de todo. El bolso de una tía puede ser
la repolla. Y todo no lo vas a tirar. Tiras los carnets. ¿Pero por qué
vas a tirar unas gafas o un bolígrafo? Eso no se lo traga nadie que piense
un poco. Y Alicia piensa. Hostias si piensa. Demasiado.
Yo no sé ni cómo me gusta. A mí las tías que piensan
no me han gustado nunca. Lo mejor que puede tener una tía es ser tonta.
Tonta y salida. Pero, qué quieres, estas cosas son así. Te encoñas
y te encoñas. No es que puedas elegir. Ahí el coco ya no pinta nada.
Y yo con Alicia estoy encoñado. Lo descubre y no sé... No quiero
ni pensarlo. Lo descubre y me muero. Porque Alicia esto no lo perdona. Ya le puedo
explicar lo que quiera, no lo perdona. Lo descubre y me manda a la mierda. Que
también es normal. Que es que le puedo pasar cualquier cosa. Por más
que te fijes. Eso no está escrito en la cara. Un paquete te lo puede colocar
cualquiera. Ya puedes andar con cuidado. Y
lo va a descubrir. Cómo no lo va a descubrir. El acomodador seguro que
se acuerda de que a esa hora no había nadie más que yo en la sala.
Seguro. El muy cabrón está medio alzhéimico, pero eso seguro
que lo recuerda. Y si no lo recuerda, con que le digan que fue detrás de
la columna, lo orientan. Detrás de la columna sólo me pongo yo.
Una manía, porque a nadie le importa un pijo dónde te coloques.
Como si lo haces en mitad del lavabo o te lo montas en la primera fila. Pero a
mí me sigue dando no sé qué. Y el cerdo lo sabe.
No va a gozarla, el hijo de la zorrísima. Más que en la guerra de
Ifni. O de Cuba. O de lo que sea la puta guerra en la que haya estado capando
muertos. Yo no sé qué coño le habré hecho. Que yo
recuerde, nada. Ni le miro, joder, para que no se piense cualquier cosa. Entro
y me meto al servicio sin levantar los ojos del suelo. Ni rozarlo con la mirada.
Aunque a lo mejor es precisamente eso. Con estos tíos nunca se sabe. Ni
uno es normal. Todos rebotados de algo. Guardia civiles y cosas así. Es
una mafia. Con un odio y una mala leche encima que si escupen, queman. Como si
no vivieran de ti, los muy tarados. El
retrato robot tiene que haberme hecho ya a estas horas. No habrá esperado
ni a que fueran a preguntarle. En cuanto se haya enterado de la noticia, se habrá
plantado en comisaria. Uno ochenta, rubio, chupado. Hasta el color de los ojos
me tiene que tener cogido, por más que le aparto la mirada. Ni que se alimentase
con eso, el hijoputa. Menos mal que vivir no puede saber dónde vivo. Eso
no lo sabe nadie en el Marfil. Yo llego, me voy al servicio y no hablo ni tres
palabras con nadie. Si a alguno le jode, que le joda. Yo al Marfil voy a lo que
voy. Vida social, la hago en el bar de mi calle. Por
ahí no van a sacar nada. Ya pueden secarse la batería. Yo es llegar
a la Gran Vía y esfumarme. Por ese lado, estoy tranquilo. Hasta que me
cojan la pista, pasa una semana. Como mínimo. Muy bueno tiene que ser el
retrato para que en el barrio asocien nada. Aunque se me oiga hablar. No se lo
creen. Joder, que me conocen desde los ocho años. Será un tío
que se le parece un huevo, pensarán. O que el retrato es una mierda. Cualquier
cosa, menos que soy yo. Lo que tengo
que hacer es abrirme. Coger la moto y poner autovía por medio. A lo mejor
los papeles tampoco son para tanto. Pasan tres meses y no se acuerda ni Dios.
No van a ser los planes para la invasión de Andorra. Una mierda serán.
Los pierde el tío en el AVE y no sale ni en el periódico. El pollo
es que se los han guindado en el Marfil. Los papeles no le importan a nadie un
pijo. Me juego un huevo. Si el tío no fuese maricón, no pasaba nada.
Como que no se pierden papeles en España. La de Dios. En España
se pierde todo. Pero, también...,
¿me abro, y qué? Abrirse tampoco vale. La putada no es que me cojan. Qué
coño me van a hacer si me cogen. Nada. La putada no es ésa. Me cogen
y a las dos horas me tienen que poner fuera. De qué me van a acusar. ¿De
chupársela? De otra cosa... A mí el maletín no me lo vio
pillar nadie. Y aunque me lo hubiera visto pillar alguien, ¿qué? No me
van a electrocutar por eso. Le robé el maletín, no tenía
más que papeles y lo tiré en un contenedor. ¿Qué? ¿Seis meses?
A mí seis meses me la sudan. La putada es que se entera todo Dios. Ésa
es la putada. Una putada de la hostia. Ahora
que las cosas empezaban a marchar. Pasa hace un año y no es que no me importe,
importar me hubiera importado siempre, a nadie le gusta que lo pongan de maricón;
pero, pasa hace un año, y que les dan por el culo. Entonces sí que
cojo la moto y, si se enteran, que se enteren. O ni cojo la moto siquiera: se
lo sobo por el morro. Hace un año estaba hasta los huevos de todo. Pero
ahora no, joder; ahora es que me rompe el eje. Con los planes que teníamos...
Ni que lo hubiera hecho a posta. Veintisiete
años en la puta mierda, y cuando empiezo a ver un claro en el cielo...
Me cago en sus muertos. No se pudo quedar en el ministerio follando a un conserje.
Para una vez que tengo algo que perder... Y aún dicen que hay Dios. Menudo
cabrón, si hubiera. Para una vez que me juego de verdad algo... Es que
casi me arrepiento. Y eso sí que es jodido. Estar de mierda hasta las orejas
y tener que arrepentirse de la única vez que has conseguido levantar los
ojos de la alcantarilla. Porque no tengo
cojones; si tuviera cojones, me enteraba donde vive y le pegaba dos tiros al asomar
por el portal. Y luego que me sacaran en los periódicos. A mí ya
qué. Más de lo que ya me han jodido no iban a joderme. Dos tiros
en la garganta, para que se le quedase clavada mi jeta mientras se desangraba.
¿Te acuerdas de mí, hijoputa? Y a bocajarro. Para que dimitas de verdad,
cabrón. Para que dimitas de todo, como dimito yo, y te vayas a la mierda
de donde no me has dejado salir. Pero
no tengo cojones. Ése es el problema. Lo demás es hacerse pajas
mentales. Por eso estaba chupándosela en el Marfil en vez de pillando bolsos
en Serrano. Porque soy un cagado de la hostia. Lo pienso todos los días
al salir de casa. Hoy me lanzo, joder que me lanzo. Y luego, nada. Luego me cago
por la pata abajo. Y otra vez al Marfil. Al final tenía que salir mal.
A esta vida hay que echarle huevos. Si no, la acabas jodiendo seguro. Eso está
más que demostrado. Como te acojones, caes.
Otro hasta lo mismo le saca partido a la bronca. Vende la exclusiva o le busca
las vueltas al tío. Qué se yo. Cuatro mil cosas. No es más
que cuestión de revolucionar el tarro. Igual les plantas cara y quienes
se acojonan son ellos. Puede ocurrir. Y, de todos modos, perdido ya estás.
La jeta te la van a sacar en los periódicos tanto si cobras como si no.
Más bajo no puedes caer. Que les cuentes tú que se la mamaste o
que digan ellos que se la estabas mamando, viene a ser más o menos lo mismo.
El resultado es que al final se acaba enterando todo Dios. Qué
putada. Y mira que casi no me doy cuenta de que se había dejado el maletín.
Porque me lo tropecé al volver al servicio para lavarme la boca. Lo deja
un poco más pegado a la columna, y ahí se queda hasta que vuelva
recogerlo o lo encuentre el acomodador. Yo ni me había fijado en que se
iba sin él. En lo único que pensaba era en lavarme la boca. Una
gilipollez; si te han pasado paquete, con perder el culo para enjuagarte la boca
no arreglas nada. Pero es en lo primero en que pienso siempre. Si cobrasen por
el agua, tendría que pagar entrada doble. Un día que se cortó,
casi me da un ataque. No sé cómo hay tíos que pueden tragárselo.
Cuestión también de huevos,
supongo, y de aceptar las cosas como son. Lo que no se puede es estar con un pie
dentro y otro fuera, como yo. Eso son mariconerías y ganas de engañarse
a uno mismo. Si la haces, la haces con todas sus consecuencias. Y que pase lo
que tenga que pasar. La vida no se puede vivir a medias. O todo o nada. No hay
más elección. O de un lado o de otro. En medio, lo único
que vas a ganar son hostias. Tenerlo,
yo lo tengo claro. Desde siempre. Si sólo se tratara de eso... Pero es
que ahora no puedo. Me pasa hace un año y casi me hubieran hecho un favor.
Pero ahora no puedo. Alicia esto no lo comprende. Es que se muere de asco. Ni
aunque le pida perdón de rodillas. Otra cosa, a lo mejor; pero esto...
Por más que se haya quemado las neuronas pensando de dónde coños
puedo estar sacando el dinero. Esto es como si se encuentra con un coche de frente
en la autopista. Yo la conozco. No reacciona. Ella
piensa que vendo mierda. Seguro. En el barrio todos venden mierda. No sé
por qué no le dije eso el primer día. O el segundo. O cuando fuera
que le dije lo de los bolsos. Cualquier cosa, menos los bolsos. Cómo se
me pudo ocurrir eso. Aunque su hermano se pinche. Es la mayor gilipollez. Podría
no haberle dicho nada. Perfectamente. No le digo nada, y seguro que piensa que
me callo para no comprometerla. Las mujeres son así. Ya pueden ser la hostia
de listas. Para eso da igual. Para eso son todas lo mismo. Lo que quieren es follar
con un héroe. Las muy putas. Tú
te haces la polla un lío pensando cómo les gusta más que
les comas el bollo, y eso a ellas les importa un carajo. Lo que quieren es que
te peguen un tiro en cualquier guerra perdida. Entonces sí que se corren
de gusto. Pero como les falles en eso, la jodiste. Ya puedes tenerla de a metro,
que la jodiste. Las tías no follan contigo, follan con tu leyenda. Suena
pijo, pero es así. Le hubiera dicho que de mi vida ni palabra, para no
comprometerla, y se corre de pie. Me cago en Dios que no. Fijo. O
le digo que trabajo para la CIA. Yo qué sé. Lo que sea, joder. Una
movida de ciencia ficción. Hubiera dado igual. A las tías, cuanto
más inteligentes, menos les importa que las engañes. Mientras tengas
coartada, te siguen el juego. Lo que no te perdonan es cogerte en renuncio. Y
si le digo que soy de la CIA, ¿cómo coño me hubiera podido coger
en renuncio? No se lo cree, pero le vale lo mismo. Ella se monta su película
y, mientras nadie le encienda las luces, va de estrella. Vete a saber qué
se le ocurre que en realidad soy. El mayor alucine. Como mínimo, chulo
de putas o cualquier hostia por el estilo. La
cagada ha sido que los putos bolsos están llenos de cosas. Y si no llevas
nada, canta; y si compras algo, termina cantando también, porque al final
se nota que está todo siempre demasiado nuevo. Ésa ha sido la cagada,
el no haberlo pensado mejor al principio. Me pasa siempre. No veo venir las cosas.
Voy por el mundo como si después de hoy no tuviese que llegar mañana.
Y luego nunca entra la marcha atrás. Cuando quieres darte cuenta, estás
en off-side y se ha ido a la mierda la jugada. El
Marfil es lo de menos. El problema soy yo, que no doy más de sí.
En el Marfil me podía haber tirado un millón de años y no
tenía por qué haber pasado nada. Si no la pringo yo mismo, no se
entera ni Dios en el barrio. Aunque me hubiese encontrado a su padre. Por la cuenta
que le habría tenido, se calla como un puto. Porque igual que me ve él
a mí, lo veo yo a él. En el Marfil nos tenemos cogidos todos por
los cojones. El primero que se vaya de la húmeda, es el primero que se
mete en la mierda. En eso es como trabajar
de verdad en la CIA. Lo mismo. Ni el hijoputa del acomodador lo reconoce. Te ve
en un bar y se hace el loco. Me juego un huevo. Como si no te hubiera visto en
su puta vida. Como si no existieses. Saca un cigarro y ni pestañear. Hasta
acabas pensando que tiene que ser otro. Pero, qué cojones otro. Lo normal.
No va a ponerse a dar voces y explicarle a todo el mundo que trabaja en un cine
de maricas. Igual que yo cuento que doy tirones, él lo mismo dice que trabaja
de ordenanza en la Seguridad Social. ¿Qué
pasó cuando me encontré en el metro al gordo ese que viene casi
todos los jueves? Yo porque soy un acojonado, pero, pasar, no pasó nada.
El tío se puso rojo como un ferrari y empezó a revolverse en el
asiento que parecía que le iba a dar algo. Pero, ¿qué? Me bajé
en la siguiente estación, y en paz. La cosa no tenía por qué
ir conmigo. Un gordo que se pone malo en el metro, y se acabó. Aunque me
hubiera quedado a abanicarle. Igual le da un paro cardiaco, pero, a mí,
¿qué? Pierdo un cliente. Aparte de eso... En
el Marfil quien no está casado es un reprimido de mierda. No es como en
un bar de locas, que se le cruzan las plumas a una y te araña. En el Marfil
el más arrastrado tiene trabajo fijo. No hay más que verles como
se suben la bragueta. Es una regla que no falla: la bragueta es el espejo del
alma. Un tío que cuando acaba se sube la cremallera como si estuviera escondiendo
una papelina, no te arma follones. Si le ha gustado cómo te lo montas,
vuelve y, si no, no vuelve; pero no te la organiza. El que te puede joder es el
que se pone sentimental. Pero ése no viene al Marfil; a los dos minutos,
le da la depresión. No hay más que ver el panorama. El
aborto éste, por los papeles; lleva el regalo de aniversario de la parienta,
y achanta. Vaya que achanta. Denuncia iba a poner. Lo que pone es una vela para
que me olvide cuanto antes de su jeta. Le mientan el maletín y le da la
cagalera. Pues no se cazan cosas todos los días en el Marfil. Hay quien
saca más en relojes que en mamadas. Cómo lo hacen, no lo sé,
la verdad. Porque ya es difícil quitarle a nadie el reloj mientras se la
estás mamando. Pero lo hacen. Y aún está por venir el primero
a reclamar nada. Si alguno tiene mucho cariño al peluco, a lo mejor le
echa cojones y vuelve al día siguiente a ver si lo recupera a mitad de
precio en los servicios. Los demás, ni eso. Anotan la jugada y ya lo saben
para la próxima vez. Pero con los
papeles de la OTAN no te puedes hacer el loco. Estarán numerados o tendrán
que entregarse en algún sitio. Yo qué sé. Por mayor mongolada
que sean, habrá sus normas. A esta gente le gustan más las normas
que a un tonto un pito. Hasta para cagar se atienen a las ordenanzas. En cuanto
el tío se retrasó diez minutos con los papeles, sonó la sirena.
Y al hijoputa le dio el ataque. Por decir, podía haber dicho que perdió
el maletín en un bar. O que se lo robaron unos cogoteros. Que no se lo
creen, pues no se lo creen. Siempre es mejor que te echen por farfollas que tener
que dimitir por maricón. Me parece a mí. De
haberlos vendido, que es lo único chungo de verdad, no le iba a acusar
nadie. ¿A quién iba a vendérselos? ¿A los rusos? Los rusos no quieren
los papeles de la OTAN ni para limpiarse el culo con ellos. Si fueran coles o
boniatos... Y aunque los quisieran, ¿con qué iban a comprarlos? Buenos
están; como para tirar los rublos. No tienen ni gorras para los reclutas,
van a ponerse a comprar secretos a nadie. Si les invaden, como si se cagan en
su puta madre. Lo mejor que podría pasarles. Tienen que estar de meterse
al cuerpo inviernos sin calefacción hasta los mismísimos. Pero
el tío no pensó. En cuanto se vio sin maletín, se le vino
el mundo encima. Ni rusos ni leches; empezó a ver fantasmas por todos los
lados y se le fundieron los fusibles. Eso yo lo entiendo. Joder que lo entiendo.
Me pasa a mí el primero. Me calo y se me olvida hasta la tabla del dos.
Pero yo no soy ministro. Un ministro se supone que tiene que funcionar a otro
nivel. Si al tío le da la diarrea mental por perder un maletín,
¿qué hubiera hecho si de verdad se cabrean los rusos y nos echan encima
los cuatrocientos millones de tanques que aún tienen? Yo
de esto no entiendo un cipote. Pero para mí que un ministro tendría
que tener un control. Por más maricón que seas. Para eso cobras.
Si no, que me hagan ministro a mí. O a la puta de la esquina. O al portero
del sex-shop. Puestos a engorrinarla al primer problema, valemos todos.
Y cobrando la mitad. Porque un ministro tiene que cobrar la hostia. Aparte el
coche, la casa, los viajes... Te pones a contar y no paras. Sin hablar de lo que
trinque o no trinque, que siempre se le queda algo en las uñas. Eso al
margen. Es que el tío vive por el morro. Pero por el puto morro. Y
encima parece que hay que compadecerle. Me cago yo en la compasión. Lo
que había que hacer es fusilarlo. Si te dan ataques, no seas ministro,
cabrón. Lo quieren todo, los hijoputas. Dejad algo para los demás,
joder, que no sois los únicos. Parece como si hubieran salido del huevo
derecho de Dios. Todo para ellos, y los demás, como si ni sintiéramos
ni padeciéramos. Los demás como si fuéramos de otra raza.
Que está al borde del suicidio, dice el tío. Pues suicídate
de una puta vez, maricón de mierda, y no píes tanto. Será
basura. ¿A quién le lloro yo? ¿A mi putísima madre? Y yo sí
que estoy jodido de verdad. Él en dos meses está haciendo un programa
de televisión, con más plumas que un ruiseñor. Pero yo de
ésta no salgo, Dios. Cómo coño voy a salir. Cuanto más
vueltas le doy, más negro lo veo. Es que lo mire por donde lo mire. Esto
no tiene salida. A mí sí que se me ha caído el mundo encima.
Como si fuera un armario. Lo que pueden cambiar las cosas en veinticuatro horas.
Porque lo dicen todos los periódicos, si no, pienso que me he tomado cualquier
mierda y me ha dado un mal rollo. Con
los planes que teníamos... Unos planes de la hostia. Alicia no es como
yo; Alicia piensa. Un par de meses que le hubiera dado... Esta vez iba en serio.
Esta vez no era como las otras. Otras veces no eran más que ganas de quedarse
con uno mismo. Yo no sé por dónde empezar. A mí me hace falta
alguien que me sitúe, porque, si no, me pierdo. No es que me joda el campo.
Tampoco es que flipe con él; pero hay cuatrocientas cosas que me joden
mucho más. El Marfil, lo primero. Lo que pasa es que no sé qué
coño se puede hacer en el campo. Pero Alicia tiene ideas. Íbamos
a tener hasta gallinas. Alquilábamos cualquier choza por cuatro duros y
nos poníamos a vender miel en la carretera. Unos amigos suyos lo habían
hecho y les marchaba de la hostia. Lo único que hacía falta era
echarle huevos, decía. Y yo huevos le iba a echar. Por una sola vez en
mi puta vida estoy seguro de que se los iba a echar. Luego que saliese o no saliese.
Eso ya es otra cosa. Pero por mí no iba a quedar. Me cago en Dios. Yo no
iba a fallarle. Cuando se quiere a alguien
todo es más fácil, ¿no?. Miras al lado, y encuentras un estímulo.
Estando solo, a lo mejor te puede la pereza; pero si quieres a alguien, paras
los coches aunque sea a mordiscos y les metes la miel por el culo a los turistas.
Lo que sea. Y yo a Alicia la quiero. Joder que la quiero. Como no he querido a
nadie en mi puta vida. Si las cosas no dependiesen más que de eso... Hay
noches que ni duermo, sólo para poder pensar más tiempo en ella.
Me quedo a su lado como muerto y es que ni me lo creo, que yo esté allí
y ella esté durmiendo al lado. Joder, me digo. Yo
no sé si ella se da cuenta. Siempre es más fácil saber que
quieres que saber que te quieren. Lo que pasa dentro de ti, no sé, te puedes
equivocar, pero más o menos lo sientes. Pero lo que pasa dentro de otro
es como si pasase en otra galaxia. A mí mismo, me preguntan, y yo no sé
si Alicia me quiere. Yo creo que sí, porque lo de irse al campo lo hace
porque piensa que también yo estoy vendiendo mierda y no quiere que acabe
como su hermano. Pero a lo mejor me equivoco y lo hace por otra cosa. O lo hace
por eso, pero eso no significa exactamente que me quiera. La
vida es la hostia de complicada. Pero la hostia. Cuando lo piensas, te das cuenta
de que lo más sencillo es morirse. Todo lo demás son complicaciones.
Empiezas a darle vueltas y no acabas. Mientras que morirse, joder, no puede ser
más simple. Se desenchufa y ya está, no pasa la corriente. Yo lo
he pensado un montón de veces. Desenchufas, y punto, a la mierda con todo.
Pero un montón. Sobre todo en invierno. Será la luz o yo qué
sé qué hostias. A lo mejor es otra cosa. Pero llega octubre y ya
no se me quita la idea de la cabeza. Desenchufa, tío, desenchufa. Y así,
seis meses. Este invierno era distinto
sólo por Alicia. Porque mira que ha llovido. Ha sido no parar. Joder, qué
invierno. Pero yo la miraba y me olvidaba de la luz. De la luz y de todo. En lo
único que pensaba era en traerle un día un bolso para que dejara
de sospechar. Lo demás es que no me importaba una mierda. Como si no fuera
conmigo. Parece mayo, pensaba. Es que no podía creérmelo; llevaba
siendo mayo desde octubre. Un día detrás de otro; cada uno más
mayo que el anterior. Lo comparaba con el invierno pasado y me daba vueltas la
cabeza. ¿Se dará cuenta el cabrón
del daño que me ha hecho? Una puta vez en la vida que salgo de la alcantarilla.
Y que me tenga que arrepentir. Una vez en veintisiete años. Es que hay
que joderse. Porque si después de octubre hubiera vuelto a venir noviembre,
me lo trago otra vez. Al final, me lo he tragado siempre. Pero así no lo
aguanto. Vuelvo ahora al pozo y no puedo ni respirar. Cuando has visto el claro
entre las nubes, no es lo mismo que si no conoces otra cosa. Si no conoces otra
cosa, estás jodido, pero tragas. Hostia que tragas. Pero cuando has visto
la rendija... Tenía que haber comprado
un bolso. Eso es lo que tenía que haber hecho, haber comprado un bolso
y haberlo llenarlo de cosas: gafas, tabaco, pañuelos, lápices de
labios; de todo. Lo que lleva Alicia. Un paquete de píldoras, compresas,
un pendiente roto... Yo qué sé; de todo. Mira que lo pensé.
Lo pensé un millón de veces. Hasta un carnet iba a comprarle a una
puta. Ella decía que lo había perdido y se sacaba otro en dos patadas.
O me lo prestaba y yo se lo devolvía al día siguiente. Eso se hubiera
acabado arreglando. Ve el bolso y se descoloca.
La cojo a contrapié y ni se fija en que todo está nuevo. Yo es que
me como la olla con tanta pijada. Piensa, joder; pero tampoco va a estar en todos
los detalles. Un bolso es lo último que se espera. No tengo que explicarle
nada. Lo ve y alucina. ¿Qué le expliqué con el maletín? Nada.
Llegué, cogí el destornillador y lo abrí en mitad de la cama.
Como si fuera lo más normal del mundo. Ni una palabra. Cagarme en Dios,
cuando vi que no había más que papeles. La
putada fue encabezonarme con el tirón. De hoy no pasa, joder, me decía;
hoy le hecho huevos. Y eso no funciona nunca. O naces o no naces. Ya puedes darle
al contacto. Son ganas de quemarse para nada. A la hora de la verdad, te empieza
a botar el corazón en el pecho y se jode el invento. Tienes la tía
a tres pasos, y no te dan las piernas. ¡Bom!, ¡bom!, ¡bom! Como si fueras a explotar.
Tranquilo, hostias, te dices; si está tirado; si la tía está
boba mirando un escaparate y tienes la moto a diez metros. Pero, nada. Es más
fuerte que tú. No puedes controlarte. Se va la tía y no has conseguido
ni mover un pie. Igual que si te hubieran clavado a la acera. El
miedo es lo más jodido que hay en el mundo. Aun más que el darle
demasiadas vueltas a las cosas. Que también es jodido. Pero el miedo no
tiene comparación con nada. En cuanto te empieza a botar el pecho, ya no
eres tú. Ya no eres nadie. Eres sólo miedo. Sin saber ni siquiera
a qué ni por qué. A mí que me cogieran me daba igual. ¿Por
qué le iba a tener yo miedo a eso? A mí me cogen y es lo mejor que
puede pasarme. Entonces sí que se lo tiene que creer. Llamo desde comisaria,
Alicia, lo siento. Y se lo tiene que creer por huevos. Pero con el miedo no razonas.
Si pudiera volver a atrás, lo hago
todo diferente. Aunque sólo pudiera volver a atrás un día.
Es hoy ayer, y espero. Para dos meses que faltaban... Ni compro bolso ni hostias.
Simplemente espero. De verdad. Sin mover ni una pestaña. Qué más
me daba que pensara lo que pensase. Que iba al Marfil, no podía descubrirlo
nunca. Y dos meses se pasan en un pis-pas. Dos meses vuelan. Febrero y marzo.
Nos ponemos con la miel y nos olvidamos de todo. Fijo. Lo pasado, pasado. A Alicia
qué le va a importar ya si vendía mierda o daba tirones. Ella lo
único que quiere es que no acabe como su hermano. Lo demás le es
igual. Y la miel era una idea cojonuda.
Ya te pueden joder vivo las abejas; como idea, era la hostia. Abrirse de una puta
vez de todo y empezar de cero. Lo máximo. Rebobinar el vídeo cuando
el coche va a estrellarse y cambiar el final de la película. Una verdadera
pasada. Porque además Alicia lo hacía por mí. A ella no se
le había perdido nada en el campo. Y eso significa algo, ¿no? Tú
no te vas al campo para sacar de la mierda al primer soplapollas que te echa un
polvo mal echado. Te vas al campo sólo por alguien especial. Si no, qué
más te da que se enganche o no se enganche. Como si le dan por el culo.
A ti, ¿qué? Pues no se engancha gente en Madrid todos los días.
Sólo en el barrio, cuarenta. No
hay más que ver como está el parque de jeringuillas. Una caca de
parque que es, y se llevan todas las mañanas medio camión de agujas.
Como mínimo. Hay agujas hasta en la copa de los pinos. En el barrio está
enganchado hasta el cura de los evangelistas. ¿Y es que Alicia se va al campo
por él? Ni siquiera por su hermano. Alicia se va al campo por mí.
Que es la hostia, tío. Que eso te pasa solamente una vez en la vida, y
como no lo aproveches, la jodiste para siempre. Fijo. Ni
entrenando lo hubiera hecho peor. Haber aguantado veintisiete años, y mandarlo
todo a la mierda por dos meses... Febrero y marzo... Es que no te lo puedes creer.
Por más gilipollas que seas. Es que tengo que haber tomado algo. De repente
me despierto y me cago de risa. Cómo voy a haberlo jodido todo con lo fácil
que es esperar dos meses. Tiene que ser que me ha dado un mal rollo. Si llevo
esperando toda mi puta vida. Cuando no ha sido por una cosa ha sido por otra.
Pero toda la puta vida esperando. ¿Y lo voy a haber jodido ahora todo por dos
meses? ¡Cómo ha elegido el momento,
el hijo de la gran puta! Parece que me estaba filmando. De otra forma, no se explica.
Yo en lo único que pensaba era en lavarme la boca. Con nada que hubiese
metido el maletín debajo del asiento... Yo me lavo la boca y me voy. Joder
que me voy. Tarda cinco minutos más en entrar y me hubiera ido incluso
sin comerme un colín. Aquello estaba muerto. Uno de esos días en
que se ve que estás perdiendo el tiempo como un tarado. Quién coños
iba a venir a que se la chuparan con la lluvia que estaba cayendo. Aunque estés
más salido que un mandril. Había una humedad en la sala que se podía
nadar por los pasillos. Y aun dice el
tío que fue un momento de locura. Será falso. Más maricón
que un palomo cojo tiene que ser. Como para meterse en el Marfil, si no, con ese
tiempo. Dos putos radiadores que hay en toda la sala. Si en películas gastan
poco, de calefacción no han pagado un recibo desde que lo inauguraron.
Yo no sé ni cómo se le levantó la polla. Desesperado tenía
que andar. Yo es que ni me la sentía. Entre el frío y la caca de
tías de la pantalla, como si la tuviera de chicle. No me la hubiera encontrado
ni para mear. Cinco minutos y me voy,
pensé. Hasta de mala leche empezaba a estar ya. Lo único que quería
era tomarme algo caliente y descongelarme los putos pies. Y va y aparece el tío.
Como si me hubiera oído. Fue pensarlo, y aparecer. Todo puesto y con el
maletín en la mano. Ni que tuviera antenas. Se lo piensa un poco antes
de entrar, y nos cruzamos en la puerta. La sala vacía se hubiera encontrado.
O se liga al hijoputa del acomodador o se lo tiene que montar él solo en
plan trabajos manuales. Yo, una vez que me retrata la luz del hall, no vuelvo.
Otra gilipollez. Los años que llevo, y aún me da corte que me vean
salir del Marfil. Se me cae la cartera, y no me agacho a recogerla. Ni respirar
hasta que llego a la Gran Vía. Todo
ha tenido que salir al revés. Pero es que todo. Viene el sábado,
y antes de que me entere, se la está chupando otro. Cuatro mil éramos
el sábado. No le dejan llegar ni al servicio. Al primer paso que dé,
se lo machacan. O no lleva los papeles. ¿Cuánto putos días va a
llevar unos papeles así en el maletín? Uno en su vida. Y tiene que
ser precisamente ayer. Lo tratas de poner en orden y te estalla la olla. Si a
punto estuve de ni siquiera ir al Marfil. No sé por qué coños
me dio. De verdad que no. Chorreando como estaba. Y a las once de la mañana.
Para darme de hostias. A las once estoy sobando yo la mitad de los días.
Es que no me lo explico. Y que no tiene
solución. Ya le puedo dar vueltas. Que es que no. El hijoputa del tío
dimite y ya está. Pero, ¿y yo? ¿Qué leches hago yo? Yo es que tengo
que meter la moto contra un camión. Joder que no. ¿Qué hago, si
no? Se lo digo y vomita. Yo la conozco. A lo mejor no la conozco tanto como pienso.
A la gente nunca se la conoce tanto como piensas. La gente te sorprende siempre.
Pero aunque no lo conociera ni la décima parte de lo que pienso, vomitaría
igual. Para darse cuenta de eso no hace falta ser un genio. Vomitaría todo
el mundo. Aparte de que cómo dices
una cosa así. Qué te has tirado a su mejor amiga, no sé,
lo que sea... Le echas huevos y al final lo dices. Pero eso... Cómo coños
vas a decir eso. Es que ni a mí mismo sabría decírmelo en
voz alta. Me tengo que mirar al espejo mientras digo una cosa así, y vomito
yo también. Es mil veces más fácil decir que has cogido el
sida. Cojo el sida y no tengo ni que explicárselo. Piensa que me pasó
como a su hermano. Fijo. Pero eso... Dan
ganas de reírse. Venga a lavarme y lavarme la boca, y mira tú por
dónde me viene la hostia. Por un puto maletín lleno de papeles que
ni sé lo que dicen. Para cagarse. Con los planes que habíamos hecho.
Íbamos hasta a dejar de fumar. Jódete. A tener gallinas y dejar
de fumar. Y que nos lo creíamos, ¿eh? Hostias que nos lo creíamos.
Como dos gilipollas. No era enrollarnos por enrollarnos. Esta vez nos lo creíamos
de verdad. Es que ya nos veíamos allí. Sólo dejando de fumar,
ahorrábamos para el alquiler de la choza, como quien dice. Ni
que teníamos Ministro de Defensa sabía yo. Me lo preguntan en un
concurso y juro por mi madre que contesto que no. Pero si somos una caca de mosca
en el mapa del mundo. Una caca que hay que mirar con lupa. Nos borran y no se
entera ni Dios. Más agua para los peces. Si fuera América... O Alemania.
O China. O yo qué sé. ¿Pero España? No me jodas. ¿Para qué
leches quiere España un Ministro de Defensa? Es que no me lo explico. Para
joderme. Tiene que ser para joderme. Otra cosa es que no me entra en la cabeza.
La vida es así de guarra. La toma
con uno y ya no para hasta que te folla vivo. La gilipollez es querer dárselas
de listo. Al final te acaba cazando la hostia de todos modos. Ya te puedes lavar
la boca, el culo y el forro de los cojones. Al final, caes lo mismo. Si te la
tiene que meter, lo mejor que puedes ir haciendo es bajarte los pantalones. Porque
te la va a meter. Joder que te la va a meter. Aunque te escondas en el fondo de
un pozo de petróleo. Te la mete. Yo
eso también lo tengo claro. Clarísimo. En realidad, yo tengo claro
un montón de cosas. Si me pongo, hasta al hijoputa ése entiendo.
Y no me las doy de nada. Es que comprender las cosas es lo más fácil
del mundo. Lo jodido es cambiarlas. El tío no se podía aguantar.
Salía por la mañana de casa y le pasaba lo que a mí con los
bolsos. Se acabó, debía decirse todos los días; hoy corto.
Y luego empezaba a pensar en el Marfil y era más fuerte que él.
¡Bom!, ¡bom!, ¡bom! No se podía controlar. Se le ponía a botar el
corazón en el pecho, y ya ni veía. Por
dentro, somos todos la misma mierda. Ves al tío impecable y con el maletín
en la mano y, así de pronto, te descoloca. Hostias, dices; y como que te
acojona un poco. Pero caga por el culo, igual que tú. Ya puede ser ministro
de lo que quiera: si come alubias, se tira pedos. Somos todos medio monos. Del
primero al último. Iguales que los chimpancés o que los gorilas,
pelo más pelo menos. Visto tú, visto todos. Otra cosa es que haya
mucho fantasma que te quiera vender la moto. Una
mierda. Como tú, todos. Que es lo que más me jode. Yo al tío
lo comprendo. Yo me pongo en su lugar. Pero a él seguro que ni se le pasa
por la cabeza todo lo que me ha jodido con su puto maletín. Para él
soy una boca que chupa detrás de una columna. Porque no le han dado la
oportunidad, si no, me mete en cal viva, y duerme tan fresco a la noche siguiente.
Como si hubiera matado a una ladilla que le pica en los cojones. Si no lo apunta
en algún sitio, a los dos días se olvida. Y
yo no soy una ladilla. Yo soy un ser humano como él. ¿O no? Alguien que
piensa y que se da cuenta de las cosas. Con su vida y con sus planes. Yo me iba
a ir al campo, joder. A él se lo explican, y lo mismo se descojona de risa.
Le debe parecer la mayor mongolada. Irse al campo a tener gallinas. La movida
más borde, le debe parecer. Pero para mí era la hostia. Iba a ser
otro. Que es lo máximo. Nacer dos veces. Que está a años
luz de ser ministro. Que es como ser Dios. Lo piensas, y te dan escalofríos.
Hay una canción que lo explica.
Ahora no me acuerdo de quién. Pero explica eso, que nacer dos veces es
como ser Dios. Alicia seguro que se acuerda. Le tradujo la letra una amiga. Es
una pareja que va en un coche y empieza cada día de cero. Han robado un
banco o algo así y van huyendo de hotel en hotel. Esas cosas que pasan
en América. Una canción rara. Que ni siquiera estoy seguro de que
me guste. Pero que si lo piensas, es la hostia. Toda la basca detrás de
ellos, y ellos follando cada noche en un hotel diferente. Aunque al final los
cojan, que los cogerán seguro, ya casi da igual. La
putada es que te pisen los huevos antes de intentarlo siquiera. Entonces si que
eres una ladilla. Hay que follar al menos en otro hotel. Demostrarte algo a ti
mismo. Que, cuando lleguen, puedas mirarlos por encima del hombro, porque son
unos mediopolvos que en su puta existencia han sacado los pies de la mierda en
que Dios los puso. Y tú no; a ti te pueden machacar, pero tú has
sido otro, joder, tú no te has conformado. Me
cago en sus muertos. Lo cerca que he estado. Dos putos meses. Más cerca
no lo he podido tener. Febrero y marzo. En la punta de los dedos. Sabíamos
ya un montón de abejas. Sobre todo Alicia. Se pasaba el día leyendo
libros. Uno detrás de otro. Se los comía. Ella es así. Como
se le meta una cosa... Y además que se le queda. Tú estás
que ni te enteras, y ella ya lo ha entendido todo. Con dos veces que lea una cosa,
ya está, se ha hecho el mapa. A
muchos les jode que sea así. Pero a mí no. En otra me jodería
también, pero en ella no me parece normal. No sabría explicarlo.
A mi las tías listas me han rebotado siempre un poco. Pero con Alicia es
diferente. No sé... Nunca me he sentido raro. Ni al principio de todo.
No es que me ponga de su parte porque me la esté follando. Antes de follármela,
era lo mismo. A todo el mundo lo tenía hasta los cojones, y a mí
no. Aunque a lo mejor es que ya me gustaba. Decir cuando te empieza a gustar una
tía, es lo más difícil que hay. Lo mismo que decir cuando
te empieza a no gustar. Yo ha habido un
millón de tías que, cuando me he dado cuenta de que no me gustaban,
he descubierto que en realidad no me habían gustado nunca. Pero un millón.
Y no cuento a las tías que te follas en el aparcamiento de la discoteca.
Digo tías con las que pensabas que tenías algo. De pronto, se te
derrumban y te parecen la mayor mierda del mundo. Ni te explicas cómo coños
has podido meterte en la cama con eso. Te da hasta vergüenza de que te hayan
visto los amigos con ellas. Pero Alicia
es diferente... No sé... A veces pienso que a lo mejor un día me
despierto a su lado y ya no me dice tampoco nada. Pero no... No me entra en la
cabeza. Si me dieran a elegir, mejor que no fuese diferente. Si no lo fuese, cogía
la moto, y a tomar por el culo todo. Pues no hay tías en el mundo. A patadas.
Pero en estas cosas no se puede elegir. Son como son. Como lo sientes. Un día
puede pasar lo que sea. Lo mismo ni te despiertas. Eso da igual. ¿A ti ya qué?
Lo que importa es hoy. Y hoy es que no,
joder. Por más que me empeñe. Hoy es que no. Hay que saber perder.
Si cojo la moto, me tengo que meter contra un camión. Uno no puede pasarse
toda la puta vida mintiendo. Alguna vez hay que decir vale. Si no eres Dios, no
eres nada. La vida no se puede vivir a medias. No pudo ser y no pudo ser. Hay
que echarle cojones y desenchufar de una puta vez. Si no, ¿qué haces? ¿Decirle
que lo sientes? Joder, ¿qué haces? ¿Decirle que lo sientes y ponerte a
llorar?
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