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Daños colaterales
| | VARIOS AUTORES |
| 224 págs. | | ISBN
84-89618-85-2 | | 14,50 € | |
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Sí,
mi sargento Suso
de Toro -¡Ven paquí, anda! ¡Pero ven paquí,
hombre! No me seas poquita cosa. Así, tráete tu café con
leche. Que ahora, aquí en la cantina somos dos iguales, dos soldados que
se toman un descanso. -Sí, mi sargento. -¿Entonces tú
no te bajas al pueblo con los compañeros? ¿Qué pasa, no te
tratan bien porque eres indio? -No, mi sargento, no es por eso. Es que me
quedé a escribir una carta a casa. Y no soy indio, soy mestizo. Mi padre
era blanco. -Joder, pues quién lo diría... Se ve que saliste
a tu madre. Así que tu padre era blanquito. -Sí, mi sargento.
Era rubio y de piel clara, de su tierra... -¿De cual tierra, de la
mía? -Sí, mi sargento. ¿Ustes no es gallego? -Pues
sí, ¿y cómo lo sabes, quién te lo ha dicho? -Nadie,
mi sargento, pero se lo noté en el acento. Mi padre hablaba igualito.
-Vaya, hombre, es coincidencia. Así que ya tenemos algo en común.
-Sí, mi sargento. -Oye, pues me vas a invitar a esta ronda para celebrarlo,
¿eh? -Sí, mi sargento. -Bah, déjalo. Tú estarás
ahorrando el dinero que te paga Defensa para enviarlo allá, ¿no?
Andan mal las cosas por allá, ¿eh? Ahora Buenos Aires no es lo que
era. -Yo no soy del mismo Buenos Aires, soy de un pueblo mucho más
lejos al sur, en la Pampa. -Ya, pero las cosas están mal, ¿eh?
-Están mal, mi sargento, muy mal. A mí me gustaría poder
traer a mi mujer, la niña y mi viejita para aquí. Allí no
se puede pensar en el mañana, sólo pensamos en lo que se va a comer
ese día. Así no hay futuro. -O sea que os venís de vuelta...
¿Y tu padre? -Se murió hace mucho, era yo un pibe, mi sargento.
Un pibe no más y se murió de puro trabajo. Está enterrado
allá en mi pueblo. A él le hubiera gustado estar enterrado en el
lado de acá del mar, pero no pudo ser. -...Vaya, vaya. Así que
de la Argentina, decían que allí estaba la América...
-¿Sabe qué quiere decir Argentina, mi sargento? -...pues, un
país de allá, de América... -...quiere decir tierra de
plata. Eso es como le llamaron los españoles. Pero ya no hay plata, mi
sargento. -Y os venís... ¿Sabes que tu historia es curiosa?
...Es que allá en mi pueblo, en mi aldea..., resulta que mi padre también
se fue a América. Se fue a la Argentina, ya no se iba nadie a Argentina
entonces, la gente se iba a América, o a Bilbao, a Barcelona. Pero él
se fue allá. Y nunca más volvió. -...Lo siento, mi sargento.
-Nada, no hay por qué sentirlo. El tío hizo bien, hizo su vida.
Se piró por las buenas y nunca más escribió ni dio señales
de vida, el muy cabrón. -A lo mejor le pasó algo. La Argentina
es muy grande, ¿sabe, mi sargento? -Oye, ¿y si fuera mi padre
el que se casó con tu madre? -No diga eso, mi sargento. Mi padre era
un buen hombre. -A lo mejor era un buen hombre allá y un hijo de puta
acá. ¿De dónde era, de qué parte? -Era de un pueblito
de Lugo, mi sargento. -Lástima, yo soy de la parte de Pontevedra...
Bueno, pues no somos nada. -No, mi sargento, no somos nada. -¡Y
menos en traje de baño! Ha, ha... Aunque lo que importa es la hombría.
¿Has visto El sargento de hierro, con Clint Eastwood? -No, mi sargento.
Pero aquí estamos para lo que haga falta, para servir al rey, como dicen
ustedes aquí. -Joder, pero no es tu rey. -Bueno, mientras me paguen
y si él me deja, también lo es un poquito. -Ha, ha, mira pa
él. Así que aquí estás tú sirviendo a la patria...,
de otros. -Mi sargento, ya quisiera yo tener patria. Pero mi país me
echó fuera. Los pobres hacemos la patria en un rinconcito cualquiera, donde
nos dejen. -Ha, ha, ha. Mira qué hijo de puta me saliste, qué
listo es el jodido. Ya estás empezando a espabilar, ¿eh?, cabroncete.
Tienes algo de razón, que los pobres somos unos pringaos. Pero mira, nos
queda el ejército. De oficiales, no, claro. Esos y los ricos todos sí
que tienen patria, la tienen para ellos. Pero el ejército es un modo de
ganar dinero, y además es una profesión honrosa. -Aquí
estamos para ganar el dinero, lo de honrosa ya no lo sé, mi sargento...
-El honor de los hombres es el honor de las armas y servir a la patria. -Sí,
señor. Aunque en mi país el ejército acabó con la
familia de mi madre. Hicieron campañas contra su gente para quitarles las
tierras, y mataban a las mujeres y a las criaturas, mi sargento. Eso no es de
hombres de honor. -Muchacho, aquí estamos para obedecer órdenes.
No discutas nunca las órdenes. Si para defender a la patria hay que matar
civiles, pues... hay que obedecer, que para eso estamos aquí. Además,
que ahora por esto cobráis. -Sí, mi sargento. Yo solamente rezo
porque pueda traer pronto a mi gente. Aquí el ejército no mata civiles.
-Bueno... Mira, chaval, eso nunca se sabe. A veces te dicen, «la patria
está en peligro», y tal..., que si el separatismo. Mira, aquí
también hubo de todo. Indios no mataron porque no había, pero españoles...
Tú no pienses en esas cosas y esmérate. Tienes que esmerárteme
un poquito más en las maniobras, que como eres pequeñito te me quedas
siempre muy patrás. -Sí, mi sargento. Yo hago lo que puedo.
-La patria te pide que hagas lo que puedas y más. -Mi sargento, yo
hago lo que usted me pide. Ya usted y los oficiales se encargan de saber lo que
quiere la patria. -Oye, mira que eres agudo. Y parecías tonto, con
esa cara de indio y tan callado. Pues me vas a pagar la bebida, anda, te dejo
que me invites. -Sí, mi sargento. Y yo le agradezco sus consejos.
-Tú hazme caso, esfuérzate un poquito más y verás
cómo te acabas promocionando a cabo y ya ganas algo más y te traes
a la familia. La patria es agradecida. -Sí, mi sargento.
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