 |
 |
| El hijo de Gutenberg |
| BORJA DELCLAUX | | 224
págs. | | ISBN 84-96080-71-4 |
| 17,50 €. | |  |
|
|  |
 |
 |
 |
|  |
Otto vs Elle Ahora
quiero enseñarte algo que imprimí; es un campeonato de palíndromos,
un desafío organizado por la Federación de Palindromistas, cuyo
presidente honorario es el poeta francés Georges Perec. Perec tiene el
récord del palindromismo: un texto capicúa de seis folios. Un hito
en la historia del palindromismo. En la portada del lugar se lee esta frase capicúa:
"Sé verlas al revés". Parece ser que esta frase ha sido
y sigue siendo objeto de arduas polémicas entre palindromistas que reclaman
derechos de autor. Probablemente todos tienen razón. A todos se les
ha ocurrido el mismo palíndromo, que es un poco la esencia del palindromismo.
La Federación celebra torneos anuales en los que participan los mejores
palindromistas del mundo de habla hispana. Durante todo el año se hacen
eliminatorias. Puede presentarse cualquiera, aunque a la fase final siempre
suelen llegar los mismos, palindromistas de altísimo nivel que sacan lo
mejor de sí mismos en los momentos de mayor tensión. Un jurado neutral
propone un tema o una palabra y los participantes tienen que hacer el mayor número
de palíndromos en un tiempo determinado. No es fácil engañar
al jurado: la organización dispone de un programa informático con
un archivo completísimo de palíndromos. En aquella época
metí tantas horas de ordenador, entré tantas veces en la página
de los palindromistas, que tuve la suerte de vivir en directo la final de un torneo.
Un enfrentamiento con morbo: se enfrentaban un hombre y una mujer, Otto y Elle,
viejos conocidos de la afición; no se habían enfrentado nunca
y todos estaban de acuerdo en que era la mejor final posible. Luego estaban las
apuestas. Las apuestas en los torneos de palíndromos eran ya una tradición
en la Red. Habían empezado tres a uno favorables a Otto, pero la distancia
se iba reduciendo a medida que se acercaba el momento de la verdad. Ambos tenían
seguidores incondicionales que enviaban mensajes de apoyo. En general, se podía
dividir a la afición por géneros: los hombres apoyaban a Otto
y las mujeres a Elle, aunque con excepciones, claro. Te aseguro que es una
de las cosas más emocionantes que he presenciado nunca. Un verdadero espectáculo.
El enfrentamiento no defraudó las expectativas de los aficionados. Según
los entendidos, quedará en los anales del palindromismo y será difícil
superarlo. El tema propuesto por el jurado fue la comida. Lo imprimí todo,
¿ves? Toda la final. De principio a fin. Todos los palíndromos y
la hora exacta en que se hicieron. Mira, aquí pone el número de gente
que estaba conectada. ¿Ves cómo se va sumando gente? Aquí
dos mil y pico, luego dos mil quinientas, y al final había más de
cinco mil personas pendientes del desenlace. Había un chat abierto, ¿ves?
Aquí están los correos que iban llegando. Está todo impreso.
Durante
el primer cuarto de hora no pasó nada. En la pantalla no apareció
un solo palíndromo.
El primer palíndromo fue de Otto:
LA
SED DE SAL
Elle no tardó en contestar:
AROMA
A MORA
Los contendientes estaban, como quien dice,
desentumeciéndose, estirando los músculos. Habían empezado,
como parece ser costumbre en esa clase de enfrentamientos, con frases sencillas,
que ayudan a ganar tiempo y despistan al contrario.Así parece que ocurrió,
porque durante otro cuarto de hora no apareció una palabra en la pantalla.
El
siguiente palíndromo fue de Otto:
SAKAMOTO TOMA
KAS
"¡Bravísimo,
Otto!". "¡Ya la tienes!". "¡Machácala,
Otto!". "Ché, boludo, acaba con Elle". De todas partes
llegaban palabras de entusiasmo. Diez minutos después, otro palíndromo,
también de Otto:
ANA LLEVA NOCILLA ALLÍ
CON AVELLANA
Estruendo de la afición masculina.
Los jaleos no cabían en la pantalla. La victoria de Otto parecía
servida. Por parte de Elle, silencio total. Consternación en la afición.
Palabras de ánimo. Nadie sabía si Elle se había quedado en
blanco o esperaba el momento propicio para dar el golpe definitivo. En los
corrillos, los entendidos comentaban que era una táctica: estaba haciendo
su juego, tomándose su tiempo. Algunos aseguraban que Elle no destacaba
por la cantidad sino por la calidad de los palíndromos. En cualquier caso,
debía tener cuidado, porque una de las reglas del torneo dice que si uno
de los contendientes hace cuatro palíndromos sin que el otro haga ninguno,
será declarado vencedor. Otto hizo el tercero:
SÉ
LAMINAR ANIMALES
Murmullos de desaprobación
en la afición femenina. Llegó un correo que decía: "¿Y
qué tiene que ver un laminador de animales con la comida? Laminador de
palabras, es lo que eres". Elle corría peligro.Tenía que
reaccionar. Ahora o nunca. Si Otto hacía un solo palíndromo más,
estaba perdida. Elle reaccionó enseguida. No pasaron ni quince segundos
cuando respondió:
MÁS AJOS Y SOJA, SAM
Gustó
mucho el palíndromo de Elle. A mí mismo, sin ser un entendido, me
pareció el mejor que había leído hasta ese momento. Esta
impresión mía se vio ratificada por los comentarios en la Red. Elle
había hecho menos palíndromos, pero había cogido ventaja.
La calidad es más importante que la cantidad. Un buen palíndromo
vale por tres. Otto había gastado más pólvora, pero Elle
se había acercado más al blanco. Había llegado el momento
de la verdad, cuando los verdaderos maestros tienen que demostrar que lo son,
que están ahí no por casualidad, sino por méritos propios. Nadie
dudaba de que las cosas no iban a quedar así. Los aficionados sabían
que en cualquier momento podía pasar cualquier cosa. De pronto, en la
pantalla de mi ordenador, igual que en todas las pantallas donde se estaba celebrando
el torneo, apareció un palíndromo tan magistral que no necesitaba
firma:
¿A TI JAMÓN, NO MAJITA?
Relinchos
de admiración, ya no sólo entre los partidarios de Otto, sino en
toda la comunidad dadaísta. Todo el mundo estaba de acuerdo en la maestría,
la precisión, la contundencia de un palíndromo que incluso se permitía
el lujo de retar al contrario con ironía, con cachondeo, con mala leche.
Un golpe maestro, digno de un campeón. Nadie podía creer que
Elle fuera a ser capaz de recuperarse. Hasta sus incondicionales habían
quedado rendidos de admiración y no eran capaces ni tan siquiera de enviar
mensajes de ánimo. Los partidarios de Otto estaban tan crecidos que ya
vendían la piel del oso antes de cazarlo; los que habían apostado
por él se frotaban las manos. Los miembros del jurado miraban el reloj
y preparaban el comunicado que proclamaría a Otto vencedor del torneo.
El pescado estaba, como quien dice, vendido. Así estaban las cosas cuando
la sorpresa estalló en la Red:
LOCA LA ALBAHACA
HABLA A LA COL
Fue un estallido. ¡Un palíndromo
dadaísta! La comunidad de internautas estaba eufórica. Nadie había
presenciado jamás un enfrentamiento tan apasionante. Cada internauta quería
dar su opinión, hacer un comentario, expresar su asombro, escribir unas
palabras. Un brote de inspiración recorrió la Red. Llegaron versos
de los célebres poemas dadaístas en homenaje a la col y la lombarda
del poeta suizo-portugués Houlebeq-Moreira: "La lombarda se sabía
/ de memoria la lección / ¿y qué pasa con la col?".
Llegó este verso de Neruda: "La col / se dedicó / a probarse
faldas". Otros evocaban el célebre episodio de las aventuras de
Alicia en el que Lewis Carroll establece la identidad de las coles y los reyes.
Las pantallas se llenaron de versos admirativos y especulaciones sobre coles,
lombardas, lechugas y toda clase de hortalizas. El palíndromo de la loca
albahaca corrió como la pólvora por la Red, llegando incluso a lugares remotos
donde no estaban interesados en esa clase de juegos de palabras. La Red se convirtió
en un clamor favorable a Elle. Otto tenía muchísimos partidarios,
pero aunque se hubieran multiplicado no hubiese sido suficiente para acallar el
clamor. Todos reconocían la maestría del palíndromo del
jamón, pero se inclinaban por el de la albahaca por el aire dadaísta
que lo hacía irresistible. El jurado ratificó la decisión
popular: por unanimidad, proclamó vencedora a Elle. |