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| Las bestias | | RONALDO
MENÉNDEZ | | 144 págs. |
| ISBN 84-96080-75-7 | | 15,20
€. | |  |
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Entre lo cínico y lo trágico:
un humor que duele
Las bestias es la historia de un complot y la historia
de la crianza de un cerdo en la bañera de una casa destartalada. Y ambas
historias transcurren en una isla embrutecida por la pobreza y la perversión
de un poder monopolizado desde hace décadas. Claudio Cañizares descubre
por azar que en la ciudad hay dos hombres que quieren matarlo, pero a él,
como al lector, se le hace imposible imaginar el motivo de esa amenaza que ha
venido a inmiscuirse en su vida intravertida y mediocre: Claudio es un oscuro
profesor de instituto que dedica todo su tiempo libre a la redacción de
una tesis sobre las representaciones simbólicas de la Oscuridad. Como sus
vecinos, se ha decidido a criar un cerdo en la bañera, en vista de la escasez
de víveres en el mercado y a pesar del horror que le inspiran los gritos
de ese animal que es una «máquina de devorar todo lo que no sea su
propio cuerpo». El lenguaje de Las bestias es bestial, desgarrado,
lleno de argot y de comparaciones provenientes de la cultura de masas. Los diálogos,
de gran eficacia, se encuentran insertos en las partes narrativas, lo que contribuye
a que se sostenga el ritmo taquicárdico del conjunto. La estructura de
la obra responde a un montaje que, sin dejar de ser estrictamente narrativo, coquetea
con las formas del cine. Una suerte de Tarantino literaturizado y pasado por el
Caribe. Entre lo cínico y lo trágico: un humor que duele.
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| | De Las bestias (Novela,
Lengua de Trapo 2006):
«La novela es vertiginosa, la prosa de
Ronaldo Menéndez, de una eficacia que hace recordar a los grandes maestros
americanos del género negro. Ritmo taquicárdico, se dice en la contra
de la novela: es verdad. La novela alcanza velocidad supersónica y se dirige
hacia un final catastrófico, no sin antes plantear, como al paso, algunas
reflexiones imponentes acerca del propio sentido de la ficción». (Juan
Bonilla, El Mundo)
«Su temática (a diferencia de tantos
autores que viven fuera de la isla) no es Cuba ni lo cubano, sino el ser humano,
con sus contradicciones y sus obsesiones, la vida, la muerte, la memoria... Por
ello sus obras tienden a superar el realismo e ir hacia lo simbólico y
a una cierta metafísica». (José María Plaza, Revista
Leer)
«El humor de Ronaldo Menéndez
no deja mancha, acaba con el drama de las escenas más crueles y cubre a
los personajes con una capa de absurdo de lo más real [...] Se mantiene
fiel al desdén por el mensaje y al argumento alegórico, pero incluye
juegos con las voces que manejan el relato, los saltos temporales y los secretos
que avivan la historia hasta el último momento. Es un maestro del destape».
(Peio Hernández, Calle 20)
«Estructurada bajo un complejo
entramado que incluye diversos puntos de vista, súbitos cambios de registro,
variaciones temporales y polifonía textual, Las
Bestias logra mantener hasta su desenlace el misterio que subyace
a toda la trama al unir, en un final tan inesperado como brillante, todas las
piezas disgregadas hasta entonces en el rompecabezas narrativo que conforma la
novela [...] Brutal y llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo
francés hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando por
la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin Tarantino,
la novela logra conjugar así una intriga que termina por volverse inquietante
y perversa con una compleja meditación de dimensiones universales».(Javier Sánchez Zapatero, Tribuna de Salamanca)
«La
novela de Ronaldo Menéndez es un excelente
y divertido ejemplo de un realismo fantástico que busca, en la deliberada
alteración esperpéntica de la realidad, revelar el conflicto de
una realidad enajenada. Menéndez desarrolla una vertiginosa trama, entre
lo kafkiano, un surrealismo que recuerda a De dónde son las cantantes
de Severo Sarduy y una especie de logrado cartoon verbal, que ahonda en la
vida en el umbral de la criminalidad, en el racismo y en la supervivencia estrafalaria
y desorientada». (Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga)
«Sus
historias [...] lejos de someterse a los dictados de la mera nostalgia o la reivindicación
política (o políticamente correcta), recurre al extraño cotidiano
y a una puesta en escena que tiene mucho de cinematográfico». (Revista
Quimera)
«La perfección de la técnica narrativa
y el diálogo son, para sus relatos y sus novelas un yacimiento para el
verdadero mérito de Menéndez: su inagotable agudeza». (Notodo.com)
«Es
destacable, de forma especial, el juego de las versiones múltiples que
se da a lo largo de la historia, la construcción de la novela barajando
el guión de forma sorpresiva y el perfil con el que el autor viste a los
personajes. Su prosa es directa, los diálogos están insertados en
la narración dotando de continuidad a la narración. Su escritura
es humorística, metafísica, violenta muchas veces, en beneficio
de la historia en todo momento. Sin duda, esta novela que edita Lengua de Trapo
reafirma a Ronaldo Menéndez como uno de los mejores escritores de su generación».
(Iván Humanes Bespín, literaturas.com)
«Dueño
de una prosa eficaz que se desenvuelve con enorme soltura, Ronaldo
Menéndez demuestra su pericia narrativa sobre todo en el manejo
de la estructura, de la construcción de la trama en secuencias cortas y
ágiles, organizadas con la técnica del montaje cinematográfico
y con una precisión que revela que el autor controla la historia al milímetro,
incluso para guardarse en la manga el as de la sorpresa final». (Santos Domínguez, Revista Encuentros. De lecturas y lectores)
«Menéndez
consigue una tensión creciente, un tempo narrativo subyugador -heredero
del mejor cine negro norteamericano- y conduce al lector, enfrascado en el turbador
mundo que se le presenta, hasta el final de la novela [
] Nada falta, nada
sobra, los elementos van apareciendo de un modo graduado, certero, y en cada una
de las secuencias de la novela ha sabido escoger lo fundamental y desechar lo
superfluo para mantener al lector pegado al libro». (Antonio Jiménez
Morato, blog Vivir del cuento)
«Menéndez demuestra
tener un amplio oficio, manejar con soltura registros y puntos de vista, y construye
la novela como una partida de dados, superponiendo un conjunto de textos [...]
Lo más interesante del ejercicio está en e juego de espejos, en
el descenso imparable de la trama hacia la degradación moral, y en la ambivalencia
de los símbolos puestos sobre el tablero». (Clone Magazine)
«Brutal y llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo francés hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando por la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin Tarantino, la novela logra conjugar así una intriga que termina por volverse inquietante y perversa con una compleja meditación de dimensiones universales». (Javier Sánchez Zapatero, revista literaria Europolar)
«Una trama mínima pero capaz de incorporar, a través de un ejercicio del relato tan concentrado como directo, todo un universo del embrutecimiento mucho más elocuente que cualquier enumeración de desolada circunstancia. A esa austeridad de la historia, de lo que se cuenta, la acompaña una prosa sin meandros, donde el juego con la repetición de algunas frases, la incorporación del diálogo y una sintaxis de ejemplar economía expresiva resultan en un ritmo narrativo rapidísimo, en el que cada cosa lleva a la otra y todas se leen como las escenas de una pesadilla o una película sin pausas, con muy pocos personajes y acción trepidante. […] Las bestias es una de esas novelas descarnadamente perfectas donde el acoplamiento entre lo que se cuenta y la estructura de lo contado no deja lugar a ninguna ingenuidad, a ninguna fisura, a consuelo alguno». (Waldo Pérez Cino, Encuentros)
«La combinación de diferentes niveles expresivos, las alusiones intercaladas, los neologismos léxicos, los párrafos concisos y cortantes son parte del amasijo expresivo del autor de Las bestias, dotado de una inteligencia e inventiva idiomática poco comunes. [...] Se lee con más de una sonrisa cómplice y retozona, con cierta perversidad, sin inocencia alguna». (Luis Alonso Girgado, Diario de Ferrol).
«Las bestias nos habla de un hambre especial y distinto, un hambre que nace en la «oscuridad de la incertidumbre» del ser humano: «En la ciudad nadie se había planteado que criar puercos en bañeras, techos, traspatios y armarios, carecía de urbanidad. Pero el meollo tenía raíces más profundas», comenta el narrador a propósito de la cría de cerdos. Esta simbología del hambre, puesta en contacto con la persecución del profesor Claudio Cañizares, hace que entendamos la novela como un intento por mostrar la desolación del pueblo dirigida desde un «gobierno absoluto» que domina todas las cosas» (Mateo de Paz, Libro recomendado por Hotel Kafka).
De De modo que esto es la muerte (Relatos Lengua de Trapo 2002):
«Duro
pero divertido. Ronaldo Menéndez busca la paradoja y te encuentras sorpresas
a cada vuelta de página». (Europa FM)
«Narrados
en primera persona, estos relatos gozan de una magnífica escritura, de
un lenguaje severo y pleno de riquísimos matices. El resultado es un libro
interesante y más que prometedor». (Luis de la Peña, La
Razón)
«Ronaldo Menéndez
ha escrito una espléndida colección de relatos que demuestra que
la literatura latinoamericana última está dando, a contrapelo de
su crítica escéptica y socarrona, obras indispensables como ésta».
(Ivan Thays)
«Una de las virtudes que aloja De modo que esto es la muerte es la variedad de sus cuentos, la polifonía de un estilo que sabe exhibirse con vestidos distintos.
Hay que decirlo ya mismo: Ronaldo Menéndez escribe muy bien, es decir, hace literatura, porque no escribir bien significa de inmediato matar la palabra, negar la literatura, avasallarla. La literatura se defiende a sí misma, se reivindica, por la palabra. Si no hay adjetivo, ni ritmo, ni sabor verbal, no hay literatura [...]
De modo que esto es la muerte, como, aventuro, el resto de la obra de Ronaldo Menéndez, se asienta en esa rareza que es edificar con palabras y no con informaciones. Ronaldo Menéndez nos hace creer en lo edénico de escribir; nos hace creer que, efectivamente, el paraíso es la prosa»
(Alberto Olmos, Revista Teína)
De La piel de Inesa (Novela, Lengua de Trapo 1999):
«En
La piel de Inesa se han juntado palabras cargadas de oficio y cebada ambición.
Esto no pasa todos los día: no la dejen escapar». (Care Santos, El
Cultural)
«Menéndez ha labrado un minucioso tesoro
de artesano que aprovecha el aprendizaje sexual para recrear [...] el desmoronamiento
de un entorno social». (Ricard Ruiz, La Razón)
«Todo
ello relatado con una fuerza y riqueza verbal que barniza la realidad con una
preciosa capa de palabras, mediante la que el escritor intenta extraer la luminosidad
de la historia». (Germán Gullón, Abc)
«Todo
un conjunto de recursos teóricos que dotan a la obra de una excelente condición
simbólica». (Nicolás Miñambres, Diario de León)
De El derecho al pataleo de los ahorcados (Relatos, Lengua de
Trapo 1998):
«Un estilo preciso y una segura técnica narrativa
son el mejor vehículo para estas historias». (J. F. S., Pérgola)
«Un gran escultor dijo que para hacer un caballo tomaba una piedra
y quitaba todo lo que sobraba. Quizá un buen escritor de cuentos parta
de un amplio número de significantes y vaya quitando todo aquello que no
pertenezca al cuento. Éste es el efecto que producen las historias de Ronaldo
Menéndez». (W. L. Siemens, World Literature Today)
«Las bestias nos habla de un hambre especial y distinto, un hambre que nace en la «oscuridad de la incertidumbre» del ser humano: «En la ciudad nadie se había planteado que criar puercos en bañeras, techos, traspatios y armarios, carecía de urbanidad. Pero el meollo tenía raíces más profundas», comenta el narrador a propósito de la cría de cerdos. Esta simbología del hambre, puesta en contacto con la persecución del profesor Claudio Cañizares, hace que entendamos la novela como un intento por mostrar la desolación del pueblo dirigida desde un «gobierno absoluto» que domina todas las cosas» (Mateo de Paz, Hotel Kafka).
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Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) es licenciado en Historia
del Arte. Su obra narrativa consta de tres libros de relatos: Alguien se
va lamiendo todo (Premio David de Cuba, 1990), El
derecho al pataleo de los ahorcados (Premio Casa de las Américas
de Cuba, 1997) y De modo que esto es la muerte
(LENGUA DE TRAPO, 2002); y de la novela La
piel de Inesa (Premio Lengua de Trapo de Narrativa, 1999). Sus narraciones
han aparecido en numerosas antologías en América Latina, España,
Estados Unidos, Alemania y Francia. Colaboró durante años como crítico
literario y de arte con las principales revistas especializadas cubanas, y como
columnista en el diario El Comercio de Lima, ciudad en la que también fue
profesor de Periodismo en centros de educación superior, antes de instalarse
en Madrid en diciembre de 2004. Actualmente dicta cursos de técnicas narrativas,
colabora con diversas publicaciones periódicas, y sigue viajando. |