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El cuarto purgatorio | | CARLO
FRABETTI | | 128 págs. | |
ISBN 84-96080-76-5 | | 14,50 €.
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LA CASA
PURGATORIO Canto
I Para ir por mejor agua alza la vela por
fin la navecilla de la mente, y deja tras de sí la herida-estela que
abrió en el corazón su quilla ardiente; borre el mar interior
la estela-herida como borra los pecios lentamente. Me dispongo a salir de
la guarida secreta, a visitar los aposentos del encuentro, los cuartos de
la vida. Regresarán... Regresarán a cientos las buenas compañías
y las malas; las voces, las palabras y los cuentos poblarán los pasillos
y las salas como aves transparentes; con sus sueltas plumas angélicas
me haré unas alas para alcanzar las torres más esbeltas... Pues
los otros no son, Sartre, el infierno (cuyos viciosos círculos y vueltas viciadas
pertenecen al interno refugio de tu yo, a tu propio abismo; su ciego resplandor,
su árido invierno son la pena: el infierno es uno mismo). Los otros
son, acaso, el purgatorio que castiga y que cura el egoísmo incurvando,
volviendo espejo ustorio el desolado espejo de Narciso. El daño que
te harán es transitorio, aunque lleguen a ti sin tu permiso: no son
tus semejantes el infierno, sino la condición del paraíso...
LA CASA PURGATORIO
La
casa infinita Me indigna que el purgatorio sea una
casa sin fin, el angustioso escenario de mis peores pesadillas infantiles. -Esta
casa infinita es el infierno -exclamo furioso. -En primer lugar, la casa no
es infinita -replica mi sombra. -Las ventanas dan a otras habitaciones; las
puertas que parecen de salida dan a otras casas, a otras proliferaciones de esta
monstruosa pandomia... -Tal vez estés andando en círculos. -No.
Tengo un excelente sentido de la orientación, y no estoy andando en círculos. -Hay
muchas clases de círculos. No estoy hablando de círculos geométricos,
sino morales, los llamados círculos viciosos. -Además, está
llena de personas a las que no quiero ver. Personas que, con intención
o sin ella, me han hecho daño. -Un daño transitorio, que te ha
ayudado a crecer. -¿Transitorio? Todavía me sangran algunas de
las heridas. Todavía me duelen muchas de las cicatrices. -Transitorio
no es lo mismo que efímero. Transitorio es, como dice el propio término,
lo relativo al tránsito. -¿De dónde adónde? -De
tu propio infierno a tu propio paraíso. De ti a ti. -Eso sí que
es un círculo vicioso. El más vicioso de todos, el círculo
onanista. -Si el yo de llegada es el mismo que el de partida, desde luego.
Pero, más que un círculo vicioso, ese sería el círculo
cero, el viaje nulo, la inmovilidad. Narciso frente a un espejo imperturbable.
Pero si el yo de llegada es distinto... -¿Cómo de distinto? -Estás
aquí para averiguarlo. O para construirlo, que viene a ser lo mismo. -No
quiero quedarme aquí. ¿Qué tengo que hacer para salir? -No
tienes que hacer nada. El purgatorio es elección y esfuerzo: la elección
del esfuerzo y el esfuerzo de la elección; incluso el mero hecho de permanecer
en él (sobre todo el mero hecho de permanecer en él) implica una
constante elección, requiere un esfuerzo continuo. Al negarte a ello, ya
has hecho lo que tienes que hacer para salir: nada. Ya estás fuera.
LA CASA PURGATORIO El
encierro intermedio Me sorprende que el purgatorio
sea una casa. Una casa es lo contrario de un castigo: una casa es un premio, un
consuelo, una meta, un refugio, un hogar... -Una casa no es un castigo. Por
lo tanto, esto no puede ser el purgatorio -digo. -En primer lugar -replica
mi sombra-, el purgatorio no es realmente un castigo, aunque en algún momento
pueda parecerlo. El purgatorio, como su nombre indica, es el lugar de la purga,
y la purga es un tratamiento, no un castigo, como no es un castigo una inyección,
aunque duela un poco. En segundo lugar, si el infierno es una biblioteca, el purgatorio
tiene que ser, como es lógico, el paso siguiente... -¿En qué
dirección? -En dirección a la salida, obviamente. En la dirección
de la verdad y de la libertad. La biblioteca es el encierro máximo y la
realidad más vicaria, donde sólo te relacionas con los demás
de forma impersonal y diferida. La casa es un encierro intermedio, donde te relacionas
con los demás de forma extremadamente selectiva y cautelosa, donde las
ventanas, las puertas y las cerraduras (¡ah, las cerraduras!) regulan el
tráfico con temeroso rigor... -¿Y cuál sería el
encierro mínimo, o nulo, es decir, el paraíso? La calle no, desde
luego. -Desde luego que no. La calle es el reverso, el extroverso de la biblioteca
infernal. -¿Cuál es, entonces, el paso siguiente, el último,
es decir, el inicial? -Si lo supieras ya, si ya pudieras entenderlo, no necesitarías
pasar por el purgatorio. -Si lo supiera no necesitaría pasar por el
purgatorio, pero el hecho de que no lo sepa no significa que lo necesite. -No
te sigo. -Si supiera búlgaro no necesitaría aprenderlo, pero
el hecho de que no sepa búlgaro no significa que necesite aprenderlo. -El
ejemplo no es válido. El búlgaro es una pequeña parcela del
saber, un conocimiento parcial... -No creo en el conocimiento total. -Yo
tampoco. -Entonces, ¿qué hacemos aquí? -No lo sé.
Me he perdido. Será mejor que empecemos de nuevo.
LA CASA PURGATORIO Instrucciones
de uso Me sorprende que el purgatorio sea mi propia
casa. -¿Por qué mi casa? -me pregunto. -La casa es la extensión
del cuerpo, la metáfora del yo -me contesta mi sombra-. Sus paredes son
la segunda frontera, la segunda piel. La casa es un cuerpo divisible, un yo practicable.
Un oxímoron, una fusión de contrarios. Puede parecer el infierno.
Puede parecer el paraíso. Pero es solo su espejo neutral. Su ambigua maqueta
conceptual. Su simulador de vuelo o de caída... -Entonces, como siempre
he vivido en mi casa (puesto que tu casa es, por definición, el lugar donde
vives), siempre he estado en el purgatorio. -En cierto modo, sí; pero
solo en cierto modo. Estar en el purgatorio no es solo estar en un lugar, sino,
sobre todo, estar de una determinada manera. Además, tu casa actual forma
parte del purgatorio, desde luego, e incluso podríamos decir que es su
principal dependencia, su sala de (des)control; pero no es el purgatorio. -¿Qué
es el purgatorio? -Haz una lista de todas las casas en las que has vivido.
Añade todas las que, voluntaria o involuntariamente, has frecuentado. Incluye
los colegios en los que has estado preso, los hospitales, los museos, los templos
y demás lugares en los que te has sentido protegido o vulnerable, feliz
o desdichado. Junta, mezcla, baraja, integra, solapa, yuxtapón, intersecta
todos esos espacios y sus tiempos correspondientes con la lógica de los
sueños, los cuentos maravillosos, el delirio, la poesía, el teatro,
la arquitectura efímera... Puebla esa metacasa perversa y polimorfa con
todas las personas (vivas o muertas, reales o imaginarias) que han significado
algo para ti... Esas son las instrucciones de uso del purgatorio. Y como el purgatorio
es, sobre todo, un uso de las cosas, de las casas, eso es el purgatorio. -Más
que las instrucciones de uso, me acabas de dar las instrucciones de montaje. -Construirlo
y usarlo son una misma cosa, una misma casa. -Por otra parte, tus instrucciones
de montaje y uso, de montaje-uso, valen para cualquier persona. -Desde luego.
Para cualquier persona que haya vivido en casas y haya conocido a otras personas. -Proponerle
al lector que siga esas instrucciones, que aplique la fórmula a su propia
memoria, a su propia vida, es la mejor manera de invitarlo a entrar en la casa
purgatorio, a habitarla provechosamente. -Así es. -Por lo tanto,
las instrucciones de uso en sí mismas son la mejor versión de este
libro. -Eso parece. -Y lo demás sobra. -Como en casi todos los
libros, sobra casi todo. Solo un necio seguiría leyendo.
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