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| Contar las olas. Trece cuentos para bañistas |
| VV AA | | 144 págs.
| | ISBN 84-96080-81-1 | | 15,60
€ | |  |
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Trece autores en una misma red, pescados
por un solo anzuelo: el mar El mar es una idea con ritmo,
y casi todo escritor ha mojado en él su pluma. Por eso no fue difícil
reunir estas trece magníficas historias. ¿Qué otras cosas
es el mar en estas páginas? Un acordeón de agua. Y las olas en estos
cuentos son el abanico de una geisha. Y los muelles son donde el mar estaciona.
Aquí el océano engorda con cada naufragio. Y de noche el mar es
la luna de las estrellas de mar. Pero también el mar es un loco, y las
costas son su camisa de fuerza. En cada una de estas páginas el agua y
el cielo se escriben cartas de navegación. Y si es cierto que el libro
de cabecera de los marineros son las estrellas, el libro de cabecera de un bañista
es, sin duda, este que se abre ante sus ojos.
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«Un editor encarga a un antólogo ese tipo de trabajo capaz de proporcionarle a un lector, activo o pasivo, la buena idea de llevarse a la vista un puñado de cuentos de temática muy común aunque de factura muy diferente. Algo así, cabría pensar, se ha pretendido con la compilación Contar las olas. Trece cuentos para bañistas (2006), es decir, reunir, con la temática del mar como fondo, a un grupo de autores [...] para refrescar el ambiente de verano [...]. Quizás este haya sido el propósito de Ronaldo Menéndez quien, en el propio prólogo de la antología, escribe un auténtico relato para justificar que a alguien no le guste el mar y así se convierte en el único autor con dos textos de la antología. El resto de seleccionados ofrecen técnicas, temáticas, estilos diferentes o ese aspecto que reduce al relato a esa digresión, que incluye una síntesis argumental y una condensación narrativa para exaltar la capacidad de sugerencia y evocación. Además, por supuesto, de esas otras características del género, como la voluntad y el afán por contar una historia, con los buenos ejemplos de Bonilla, el de F.M. o de Busutil, quienes mantienen esforzados planteamientos con respecto al cuento; de admirada devoción como Adón, Monteserín o el propio Menéndez y de una prometedora visión, como ya la tiene, Cerrada». (Pedro M. Domene, Diario de Córdoba - Cuadernos del Sur)
«Los cuentos de este libro escapan del cliché de los "cuentos de verano" o "para la playa". Es un placer leer el libro, en cualquier estación del año». (Araceli Otamendi, Archivos del Sur)
«Con Ronaldo Menéndez como antólogo y la experiencia más que demostrada por la editorial en la caza de talentos, la selección de relatos no podía no ser dispar, inteligente y distinta. Todos los autores se han enfrentado a escribir un cuento con un protagonista: el mar». (notodo.com)
«Sobretodo la mar en su totalidad, como espacio abierto y paisaje de insospechadas sugerencias, es una excusa solitaria que se adentra en la vida de los protagonistas de los relatos de esta antología, titulada Contar las olas: trece cuentos para bañistas. Y es que si es posible que algunos de ellos no se entiendan o cueste comprenderlos aisladamente [...] puede el lector atento encontrar una pequeña trazabilidad entre todos ellos» (José Luis García Fernández, Diario Córdoba).
Lo
que piensan los autores del cuento:
Ángela Vallvey:
«El relato, como el poema, es un género literario que constituye
gran parte de la esencia de la literatura, un lugar del que todo nace. El cuento
(como el poema) es un fogonazo, una iluminación. Un estado de pureza y
bienaventuranza milagrosamente bello. Mientras la novela es una tarea a largo
plazo, que implica embarcarse en una gran aventura, el cuento es una escalada
rápida, una carrera corta, un prodigio de intensidad. No me explico cómo
los cuentos no tienen una aceptación masiva entre el público lector
de hoy día. Yo soy una ferviente lectora (y compradora) de libros de relatos.
Claro que... me ocurre lo mismo con la poesía, y ambos géneros siguen
sin llegar a demasiados lectores. De cualquier modo, quienes disfrutamos de la
lectura de cuentos y poemas, sabemos que es un placer inigualable, y nos regocijamos
de nuestra suerte». F. M.: «No pienso nada sobre los
cuentos. Me sumerjo en ellos. Cuando los escribo y cuando los leo. Y si la novela
es el mecanismo de la pistola y las razones del dedo que aprieta el gatillo, el
cuento es la bala que penetra en el corazón y la sinrazón del asesino. El
lector, su lectura, es algo que ocurre en otro planeta, muy distante, en un tiempo
que se mide de otra forma que el mío cuando escribo. Ojalá disfrute
o se enoje o se conmueva con mis palabras. Pero, en el fondo, nada de lo que escribo
es por él, ni para él, y, en compensación, nada le pido».
Juan Bonilla: «Lo que pienso del cuento lo he repartido en medio
centenar de cuentos que llevo escritos ya: es un género predilecto, como
lector y como escritor, por su exigencia de intensidad, su compresión,
su cercanía de la poesía, su capacidad para callar. Si se me permite
hacer una abrupta excursión biográfica, creo que es un género
en el que me siento cómodo por la sencilla razón de que me gustan
demasiadas cosas, soy curioso por naturaleza, me gusta tapear, cambiar constantemente
de sitio: todo eso que te puede dar un libro de cuentos, donde uno empieza y acaba
diez o quince veces en un solo volumen, y de la página 30 a la 42 está
en el desierto africano, y de la 43 a la 61 en un planeta que aun no ha sido descubierto».
Guillermo Busutil: «El cuento es un golpe de mano, basado
en el reverso de la realidad o en la imaginación de lo probable, que expresa
pequeñas ráfagas de vida, misterios de un instante e intensas cápsulas
de tiempo para disfrutar a contratiempo. Y aunque todavía, muchos editores
y críticos lo consideren un ejercicio de iniciación o el hermano
pequeño de la novela, el cuento es un género autónomo, rico
en estilos y adecuado para lectores que, al igual que el resto de las personas
están atrapados por la actual existencia express». Pilar
Adón: «Mi planteamiento a la hora de sentarme a escribir un texto,
sea éste una novela o un relato, es siempre el mismo: lograr que la inquietud
que me provocan ciertas imágenes, ciertos personajes que me bullen en la
cabeza, se convierta en una narración realmente eficaz y satisfactoria
para mí. El resultado escrito debe ajustarse como un guante a lo que yo
quería contar, y ahí reside, creo, lo complejo de la escritura.
Hay escritores que saben reconocer perfectamente su propia disposición
creadora a la hora de situarse ante una novela o un relato. Yo, más allá
de la obvia brevedad del relato frente a la mayor extensión de la novela,
no establezco demasiadas distinciones. Tan sólo quiero narrar una historia,
y para ello utilizo más o menos páginas, más o menos tramas
secundarias, más o menos personajes». Edmundo Paz Soldán:
«Tengo una relación más natural con el cuento que con la novela.
El cuento me sirve para trabajar espacios más intimistas, que no tengan
necesariamente mucho que ver con los contextos político-sociales que manejo
en mis novelas. Me gustan los cuentos que conmueven al lector, a veces a través
de una quieta epifanía. Antes estaba interesado en las tramas de los cuentos,
pero ahora cada vez me interesa más la construcción de personajes,
la exploración de psicologías». Jorge Eduardo Benavides:
«El cuento es un género en extremo difícil, que a menudo se
define por todo lo que no es... es decir, casi siempre sabemos si estamos ante
un buen cuento o un mal cuento, pero resulta mucho más complicado definir
el porqué de esta diferencia. Quizá allí radique su carácter
más perturbador». Pepe Monteserín: «Su
intensidad, su brevedad, el elemento sorpresa, el desarrollo de una anécdota,
el poco tiempo de los lectores, la poca dedicación de los escritores, la
impaciencia de unos y otros... ¡Tópicos! Para mí un cuento
son diez páginas en prosa, o menos». Carlo Frabetti:
«El cuento es la célula de la narrativa, a la vez que su epítome
y su emblema. Y en la medida en que nuestra mente se estructura mediante relatos
(por eso los niños quieren que se les cuenten cuentos, y quieren que se
les cuenten siempre de la misma manera), el cuento (en un sentido muy amplio del
término) es también la célula del pensamiento, sobre todo
del pensamiento colectivo, es decir, de la cultura». Ronaldo Menéndez:
«Estoy convencido de que la "esfericidad" y dinámica
del cuento le irá haciendo un favor cada vez mayor a la técnica
de la novela. Es este quizá el sentido en que el cuento como género
literario cobrará un matiz distinto: pasando "de contrabando"
dentro de la novela, prestándole su piel y sus huesos. Ahora bien, creo
que el cuento "puro" -si es que tal cosa existe- irá radicalizando
su tendencia de ser cada vez más un patrimonio exclusivo de lectores entrenados
o atípicos, o sea, minoritarios: gente terca e irreductible como la mala
hierba». Fernando Royuela: «Del cuento me interesa
su versatilidad para transmitir camelos. El camelo es en sí mismo un género
literario de naturaleza ornamental. Casa muy bien con la idiosincrasia de la tierra.
El español se los traga encantado, nos encanta que nos cuenten cuentos».
Cristina Cerrada: «¿Quién no querría conocer
la solución al problema en sólo dos páginas? ¿Qué
puede dar más por menos?». Rafael Reig: «A mí
no me gustan demasiado los cuentos, sobre todo porque la "gracia" suele
estar en el final sorprendente y a mí eso no me hace gracia. Dicho esto,
cuando un cuento es bueno es para mí como lector algo inolvidable, estremecedor,
una voz cuyo eco sigue resonando en mí mucho tiempo después de haberlo
leído». |  |


Selección y prólogo de Ronaldo Menéndez Ángela
Vallvey F.M., Juan Bonilla, Guillermo Busutil, Pilar Adón, Edmundo Paz
Soldán, Jorge Eduardo Benavides, Pepe Monteserín, Carlo Frabetti,
Ronaldo Menéndez, Fernando Royuela, Cristina Cerrada, Rafael Reig
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