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«Iegor Gran juega virtuosamente con el vocabulario
y los niveles de lenguaje, que se complace en tejer
y percutir. Tal actitud no es inocente, ya que una
de sus intenciones es poner al desnudo la moda del
siempre joven, del perpetuamente seductor, sexy: horror
a la muerte y al envejecimiento. Otra de sus intenciones
es hablar del arte, esto es, de la eternidad»
(Daniel Martin, Le Magazine Littéraire).
«Iegor Gran se confirma en esta novela como
un maestro del absurdo y la sátira moral»
(Leer).
«Acné festival es una muestra
original y personalísima de un mundo que poco
a poco va perdiendo lucidez para perecer en el absurdo»
(L. Giacometto, El Litoral de Santa Fe).
«Les aseguro que pasarán un buen rato.
Y a pesar de todas las risas, esta novela va en serio»
(J. E. Ayala-Dip, El Correo).
«El autor satiriza una concepción del
mundo que roza el absurdo y se empeña en obviar
la lógica del ciclo vital, contamina estructuras,
ideas y comportamientos hasta el ridículo»
(S. Cubría, El Norte de Castilla).
«El editor nos catapulta en el universo surrealista
de y extravagante de Iegor Gran. El joven autor de
origen ruso nos entrega una purulencia de estilo delirante
e insólito. Acné festival, su
segunda novela es también una fría constatación
de lo absurdo de nuestra sociedad» (Sophie de
Santis, Número).
«Las provocaciones conceptuales de todo tipo
son un vasto terreno para el enorme sentido de lo
grotesco de Iegor Gran» (Bibliotheca).
«Iegor Gran emprende una masacre de los carrozas
que hablan en argot, de los jóvenes que hablan
de balances, del arte acneico que se vuelve contra
uno, y de cómo lo ridículo se vuelve
angustioso» (Dominique Durand, Le Canard
Enchainé).
«Todo está revuelto en este relato cuya
moraleja, ella también, no tiene edad»
(E.L.O., Libération).
«Acné festival es precisamente
un festival de gracia y maldad. Los golpes vuelan
alto y los chistes son de mal gusto» (M. -L.
D., Le Journal du Dimanche).
«Acné festival, una dislocación
del lenguaje y de la acción que hace de su
talentoso autor un novelista maestro en el arte de
la desobediencia a las reglas de la nacionalidad»
(Anne-Marie Mitchell, La Provence).
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