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La Ciudad Rosa y Roja

CARLO FRABETTI

144 págs.

ISBN 84-89618-35-6

1700 pts. 10,21 Eur.

La Ciudad Rosa y Roja (00036)


      
LA CIUDAD ROSA Y ROJA


      Match me such marvel saved in Eastern clime, A rosered city half as old as time. John William Burgon
      La Ciudad Roja se erguía solitaria en medio de la inmensa llanura. Sus habitantes no conocían otra población, y los Libros Sagrados afirmaban que la Ciudad Roja era la única del mundo, aunque, según algunos exégetas, en ciertos pasajes oscuros se aludía a una enigmática Ciudad Rosa, situada enormemente lejos, en dirección al sol naciente. Los más ortodoxos interpretaban estos pasajes crípticos como alusiones poéticas a su propia ciudad, y sostenían que donde algunos habían leído «Rosa» ponía en realidad «Roja».
      Como en los Libros Sagrados abundaban los pasajes oscuros y las letras borrosas, la discusión se hizo interminable, y al final se resolvió mandar una expedición en busca de la hipotética Ciudad Rosa.
      Las familias más belicosas y arrogantes olvidaron sus rencillas y se aliaron para formar un gran ejército, que partió en dirección al sol naciente.
      Al cabo de cien años, sus descendientes llegaron a la Ciudad Rosa, la tomaron y la saquearon. Luego emprendieron de nuevo la marcha en sentido contrario, hacia poniente, para regresar a la Ciudad Roja con la buena nueva del hallazgo y conquista de la Ciudad Rosa.
      Al cabo de cien años, los descendientes de los conquistadores hicieron su entrada triunfal en la Ciudad Roja, donde se enteraron de que ésta había sido tomada y saqueada cien años antes por un poderoso ejército llegado de poniente, que decía proceder de una ciudad más roja. Tras el saqueo, los invasores se habían marchado por donde vinieran.
      Al parecer, había otras dos ciudades en el mundo: la Ciudad Rosa y la Ciudad Más Roja.
      Sin pérdida de tiempo, los curtidos expedicionarios organizaron un nuevo ejército y partieron hacia poniente para vengar la afrenta recibida de la Ciudad Más Roja. Al cabo de cien años sus descendientes la hallaron, tomaron y saquearon, y regresaron a la Ciudad Roja con la buena nueva.
      Cuando, cien años después, los descendientes de los conquistadores de la Ciudad Más Roja llegaron a la Ciudad Roja, se enteraron de que ésta había sido tomada y saqueada cien años antes por un ejército procedente de levante. Se dedujo que había sido una expedición de represalia enviada por la Ciudad Rosa y se planeó su destrucción definitiva. Pero ¿y si, mientras el ejército de la Ciudad Roja partía hacia la Ciudad Rosa, los resentidos habitantes de la Ciudad Más Roja enviaban a su vez otra expedición?
      Vinieron a complicar este dilema las heréticas declaraciones de un viejo filósofo, que sugirió la posibilidad de que el mundo no fuera plano e infinito, como afirmaban los Libros Sagrados, sino esférico, y de que la Ciudad Roja, la Ciudad Rosa y la Ciudad Más Roja fuesen en realidad la misma.
      «Al cabo de cien años argumentaba el sabio los descendientes de los primeros expedicionarios que partieron hacia levante completaron la vuelta al mundo, volvieron al punto de partida y creyeron haber hallado la Ciudad Rosa (ya que nuestra urbe es en realidad de un rojo rosado, y como ellos no la habían visto nunca, en su imaginación se la representaban de un rojo vivo). Conquistaron la Ciudad Rosa-Roja y dijeron que procedían de una ciudad más roja. Luego partieron hacia poniente, de regreso a donde creían que estaba la Ciudad Roja, dieron otra vuelta al mundo en sentido contrario, y sus descendientes llegaron, al cabo de cien años, de nuevo a nuestra ciudad, la única existente. Entonces les refirieron el ataque del ejército de la Ciudad Más Roja, que no era otro que el de sus antepasados, que creían haber hallado la Ciudad Rosa, que en realidad...».
      El sabio fue condenado al ostracismo por herético y antipatriótico (había subestimado la viveza del color de la ciudad), y por fin se decidió enviar dos expediciones simultáneas y más numerosas que las anteriores, una a la Ciudad Rosa y otra a la Ciudad Más Roja, con el fin de destruir definitivamente ambas urbes e interceptar y aniquilar eventuales ejércitos enviados por ellas contra la Ciudad Roja.
      Antes de partir hacia el destierro, el viejo filósofo vaticinó que los descendientes de ambos ejércitos se encontrarían al otro lado del mundo y se destruirían mutuamente. A punto estuvo de morir lapidado.
      Pasaron los años, pasaron los siglos, y ninguna de las dos expediciones de castigo regresó a la Ciudad Roja, que tampoco volvió a ser atacada.
      Los Nuevos Libros Sagrados dicen que tanto la Ciudad Rosa como la Ciudad Más Roja fueron arrasadas por los ejércitos de la Ciudad Roja, que a su vez quedaron aniquilados en el formidable empeño. Razón por la cual no pudieron enviar expediciones de regreso con la buena nueva de que la Ciudad Roja era, ahora sí, la única ciudad del mundo, tal como afirmaban los Viejos Libros Sagrados, que, a la larga, siempre tenían razón.
      
EL ESPEJO VIRTUAL


      Rogó Narciso a Afrodita que aboliese la infranqueable barrera del espejo y diera realidad corpórea al que enfermo de amor lo contemplaba desde el otro lado.
      Así lo hizo la diosa; pero en vano intentarían los dos Narcisos fundirse en el soñado abrazo, pues sus cerebros (y por tanto sus mentes) eran tan perfectamente simétricos como el resto de sus cuerpos, por lo que cada movimiento de uno era el reflejo especular del movimiento del otro. Si uno avanzaba su mano derecha, el otro adelantaba simétricamente su mano izquierda, hasta que ambas se encontraban a mitad de camino, dedo contra dedo, palma contra palma. Y era inútil que los dedos intentaran entrelazarse, pues el menor desplazamiento de una mano hacia su derecha iba acompañado del exacto y simultáneo movimiento de la otra hacia su izquierda, de forma que, a causa de su perfecta sincronización, era como si entre ambos Narcisos hubiese una barrera tan impenetrable como la superficie del espejo.
      (En esta fábula se supone que el cerebro funciona de acuerdo con la teoría determinista, según la cual una estricta causalidad rige todos los fenómenos, de forma que una situación dada sólo puede evolucionar de una manera: la que las causas que concurren en su transformación determinan fatal y unívocamente. Si este supuesto fuera cierto, dos cuerpos simétricos regidos por cerebros igualmente simétricos se comportarían, en ausencia de interferencias externas, como si uno fuese la imagen especular del otro, lo que engendraría entre ambos una barrera virtual tan plana e impenetrable como la superficie del espejo obsérvese la metasimetría de la situación: un ser real y un espejo real generan una imagen virtual simétrica; un ser real y su imagen simétrica real generan un espejo virtual. Pero si suponemos que el azar que según ha demostrado la mecánica cuántica impera en el mundo microfísico se manifiesta de algún modo en el nivel funcional del cerebro, tal vez los dos Narcisos lograsen transgredir su férrea simetría y consumar su abrazo.)
      
LA PULGA DESMEDIDA


      Pensó la pulga: «Si siendo tan pequeña puedo dar saltos de más de una vara, si fuera tan grande como un hombre saltaría por encima de los montes».
      Le pidió, pues, a Zeus que la hiciera del tamaño de un ser humano, y Zeus, por crueldad o estupidez (nadie sabe si los dioses son crueles o simplemente estúpidos), le concedió su deseo.
      Y la pulga gigante se hundió bajo su propio peso como un cascarón aplastado por una roca invisible.
      (La pulga no había tenido en cuenta y acaso tampoco Zeus que el peso es proporcional al volumen, mientras que la resistencia es proporcional a la sección, es decir, a la superficie. Esto es evidente en el caso de una cuerda: su resistencia es proporcional a su grosor e independiente de su longitud; o en el de una columna: si aumentamos su altura aumenta su peso, pero no su capacidad de sustentación, que sólo depende de la superficie de su sección transversal. Suponiendo que la longitud de las patas y demás medidas lineales de la pulga se multiplicaran por mil, su volumen, y por ende su peso, sería mil millones mil al cubo de veces mayor, pero el grosor de sus patas y de su caparazón, es decir, su resistencia, sólo aumentaría un millón mil al cuadrado de veces. Proporcionalmente, la pulga gigante soportaría un peso su peso mil veces mayor que cuando tenía su tamaño normal y como los grandes imperios moriría aplastada por su propia desmesura.)
      
EL TALÓN DE AQUILES


      Es absurdo pensar que, como dice la Ilíada, Aquiles muriera al ser alcanzado en el talón por la flecha de Paris. Este error deriva, seguramente, del que a menudo nos lleva a confundir la unicidad de lo superlativo con la superlatividad de lo único. Un gran artista puede ser único en el sentido de que no haya ninguno que lo iguale, pero un único artista no tiene por qué ser grande. Y no es lo mismo tener una única habilidad que una habilidad única.
      El hecho de que el talón de Aquiles fuera su único punto vulnerable no tenía por qué incrementar su vulnerabilidad, y menos hasta el extremo de convertirlo en un punto mortal. Por eso es mucho más lógico suponer que la flecha de Paris se limitó a dejar cojo al héroe, lo que explicaría, además, su polémica carrera con la tortuga, ya que tal confrontación no habría tenido el menor sentido de hallarse el otrora veloz Aquiles en pleno uso de sus facultades.
      
LA METAFÁBULA DE LA LIEBRE Y LA TORTUGA


      La liebre fue a ver a la tortuga y le dijo:
      Estoy harta de oír esa absurda fábula según la cual me ganaste en una carrera. Y aunque el mero hecho de que tú y yo compitamos es un despropósito, te conmino a que corras conmigo para desmentir de una vez por todas la falacia esópica.
      ¿Sobre qué distancia quieres que corramos? preguntó la tortuga.
      No hay distancia en la que mi victoria no sea tan segura como la del sol sobre las tinieblas contestó altiva la liebre. Elige la que prefieras.
      Entonces nuestra carrera ya ha terminado dijo la tortuga, puesto que elijo la distancia nula. Y como ambas hemos tardado cero segundos en recorrerla, el resultado es un empate.
      Tu sofisma es aún más absurdo que los de tu amigo Zenón protestó la liebre. Una carrera sobre una distancia nula es una no-carrera, ya que no implica movimiento alguno. Tienes que elegir otra distancia.
      En ese caso elijo una distancia infinita dijo la tortuga. Como ambas tardaríamos una eternidad en cubrirla, de nuevo estamos empatadas.
      Pero yo iría delante de ti todo el tiempo replicó la liebre y además mi ventaja sería cada vez mayor. Quien en todo momento va en cabeza bien puede considerarse el vencedor de una carrera.
      Eres muy veloz admitió la tortuga, pero te agotas rápidamente. Como dice la fábula, tendrías que pararte a menudo a descansar, y tu último descanso sería eterno. Y en ese momento para mí la carrera no habría hecho más que empezar, pues a ti sólo te quedan dos o tres años de vida, mientras que yo, lenta pero incansable, viviré más de un siglo... ¿Qué te parece: lo dejamos en tablas?

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