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Prosaico |
IGNACIO CASTILLO |
384 págs. |
ISBN 84-89618-58-5 |
2950 pts. 17,72 Eur. |
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MIRA QUÉ MUSLOS, periquito. Mira dentro. Ha sido una boda de muerte.
¿No es una postura demasiado relajada estando tú enfrente?
Qué va, era una de las damas de honor; estaría embobada, pensando en su casamiento. No falla, niño, las gachís nunca se olvidan de eso. Hasta que lo consiguen. Ni las más levantadas. Tus amigas, las del otro día «la sucia la otra de rojo»; ya verás en cuanto tengan algún maromo a tiro.
Eso es una gilipollez, joder. «Pecadito preparando su ajuar en el ático manteles toallas».
Ya me contarás. Fíjate en esta maravilla; vi que tenía el escote flojo, y no le quité la vista de encima ni al cambiar el rollo. Para comulgar, que se tuvo que encoger porque el cura le puso baja la hostia; y ahí cayó. No me digas que no es un regalo de foto: el sostén, la lengüita brillante, los ojos cerrados con tanto verde encima..., parece una guarra. Y era la novia.
«Una guarra. Negación de toda exquisitez desprecio» yo pensaba que a ti, lo de las tíaas... Por aquí no viene ninguna, ¿no?
«Queriendo picarme, el muy tunante». Hay que ser y parecer, periquito. Ser callado. Una tumba. Hay que amasar por dentro, esa es la manera.
«¿De dónde sale este tío?». No sé, pero tus fotos propagan algo contaminante «radiación rastrera». Cualquiera te encarga a ti la boda.
Oye, perico, esto queda entre nosotros, ¡eh?, yo no te he enseñado nada. Trae la niña para acá, con las pamplinas.
Tranquilo, tío, que no voy a escribir al ABC. Todo lo contrario, me encanta que se la juegues a estos cabrones «los chaqués». Tan recogiidos, tan a toono; pero sin dejar de escudriñar el Rolex por si el cura se pasa un puto minuto. Con esas prótesis dentales evidentes «plasticosas». .. Ojalá te pudieras follar a sus mujeres; y a sus hijas.
«Mejor así» ya me gustaría; a más de una. «Esta misma». Pero si no es por los del Rolex, no te estabas tomando tú ese vino.
Me estaría tomando otro. Con más cuerpo. «Servilismo de cabezas eternamente gachas».
Tu sabrás de dónde, periquito. Yo vivo de esta gente. Y que dure.
¿Y les haces muchas fotos de estas?
No, qué va «media estantería; con dos va que chuta, no hay que tentar al diablo».
¿Por qué te pones tan serio?
Cada uno es como es.
«Tiene más». ¿Cuánto tiempo llevas tú liado con las bodas?
Los veinte años, fijo.
Jooder «yo aún no era». Entonces no son las únicas, está claro. «Y esos comentarios de entendido, la lengüita la guarra. Torsión de los roles, burlador sublime, la señora groseramente violada por el siervo ante el propio marido, imperceptiblemente, para siempre. De puta madre».
«Con el arte que me está tanteando; a este le tiran las gachís». Alguna habrá, por ahí perdida, pero eso hay que buscarlo. Estas es que son del sábado, por eso estaban aquí; como no valen... Fue una boda buenecita; una hartá de guarras cargadas de oro. Allí había guita para enmendar el paro, niño. Y dos o tres hembras lujosas. Una tenía con un culito y unas medias blaancas..., pfff... Y había otra grande, muy yeguona ella, no veas: ceñida ceñida. Fffffff. Y todas deseando que les echen fotos. Para eso se endomingan... A mí alguna vez hasta me han enseñado unas bragas aposta, periquito.
Venga ya, joder.
Eso se sabe; la calentura de las niñas se nota en cómo te miran. ¿Dónde está el cenicero?
Ni idea.
«Pues al suelo, mañana viene la vieja».
«Es que veinte años de bodas puturrús no pueden ser recomendables para el equilibrio emocional de nadie; solo falta que algún cura se la haya enseñado en la sacristía, entre cálices áureos la señora tiene que escoger los inquilinos en el siquiátrico, porque Chacón también tiene una pinta dudosa la mirada opaca, adireccional igual lo que le hace falta a este es follar». ¿No será que haces las fotos borracho, tío?
¡Borracho? ¡A ti te parece que yo soy un embustero? Espérate aquí, hombre, que te voy a enseñar unas cuantas. A ver si todavía hasta me he quedado corto.
«Efectivamente había más me va a tocar tragarme una carpeta llena» no, no te molestes, Ramón, de verdad, es un poco tarde, ya me iba.
«¡Qué le pasa a este ahora?». Un segundo, es lo que voy a tardar.
No, no, en serio, tío, tengo sueño; mañana estoy dispuesto a ir temprano a la facultad.
«Por lo que sea se quiere marchar». El último vinito, niño.
No, gracias, me voy. Siéntate, yo cierro.
Es igual, ya dejo echado el cerrojo.
«Por los pelos, joder; quería enredarme sesión monotema fotos absurdas con fondo nupcial».
Mira dónde estaba el cenicero.
Nos vemos, tío, gracias por el vino. «Portón feudal travesaños».
Pues adiós, papafrita. «Primero que sí, después que no; vaya tela el niño».
«Qué frío, cómo se nota la chimenea magnífico el nogal mojado por la luna. Qué turbia la cabeza de este tío... ¿Demasiada cerveza? Mejunje innoble no homologado en el Parnaso, tendrá efectos contrarios al tintorro supremo lubricante cerebros irrigados. Entrepiernas de bodas respetables, señoras con pedigrí. Le excitan. La comulgante el sostén una guarra... Los escalones resbalosos; la humedad aquí es increíble. Joder, otra vez a convencer a la puta cerradura; de esta no pasa, mañana compro el Tres en Uno. A ver quién puede más... Ella, claro. Sacarla un poco...». Una mieeerda. «Joven hallado muerto por congelación mientras...». ¡Bien! «No sirve de nada resistirse, idiota parpadeo verdecito mensaje. Llaman, luego existo. Pecadito el Jefe otro vendedor de multirriesgos. Incluso aquí dentro se medio ve con la luna. El escándalo; burda mecánica de contestador desechado por otros. ¿Ya? Poca cosa, tipo telegrama».
Contestador de Fabio Benavente. O no estoy, o no quiero cogerlo. Cuenta lo que sea, y a lo mejor te llamo.
«Pitido coñazo... El típico gilipollas que cuelga sin hablar». Gilipoollas. «No era vendedor, esos no cuelgan. O sí, estrategias más directas, apabullar incapacitar para el no. El Jefe mañana lo busco contarle dar señales de vida. Civil no está mal, Historia del derecho..., soportable. No, no, hay que ponérselo mejor Fabio, hijo, tú te crees que los títulos los regalan. ¿Cómo es que al final me matriculé en Derecho? Curiosa la concepción de la sociedad, la capilar complejidad de las relaciones: otro punto de vista. Pero los códigos, las leyes, ¿con qué estómago? Terriblemente minucioso... Joder, la luna, ya se ve perfectamente. Acostarme dormir rendir mañana. A lo mejor la metafísica, inútil, artística, tan hermosa... También te acaban llamando licenciado. De momento. Tal vez me quitara menos tiempo pero en Junio tengo que sacar dos por lo menos, su umbral de permisividad. Aun así habrá que exorcizarlo el hisopo la guarra de tu hija. Con un par de asignaturas se puede intentar aquí ya no se ve ¿llegará a vomitar verde sobre las mesas de dibujo? Si no están llenas de proyectos; una cosa es ser siervo de Satán y otra desperdiciar trabajo pasta. El perchero se va a caer con tanta ropa qué fría la puta almohada. Ponerme un pijama congelado para meterme en la cama congelada; ¿por qué se me olvida siempre dejar enchufada la estufa? Qué será la estufa no encendida para Freud. El cuello. Mañana todavía aguanta... Joder, qué frío, yo no me quito la camiseta... Sin cordones, fuera... Tengo que pillar las zapatillas; ene vez que me arrepiento de haberlas tirado en la mudanza. Para aquí de las de abuelo cuadros marrones calentitas el pijama sí que está helado. El pantalón es lo peor mentalizarse... Meterme ya meterme... Los calcetines la luz...». ¡Uuuuuuuh! «Moverme soplar». ¡Ffffffffffff! «Más más» ¡fffffffffff! «La estufa un volcán la lava derretida bajando la bomba atómica Japón» ¡ffffffffff! «El Big Bang el primer segundo» ¡ffffffffffffff! «Seguir moviendo los pies frotamiento cerilla encendiéndose» ¡fffffffffffffff! «Me voy a ahogar sacar la cabeza fresquito. Ya nos están regalando su humo blanco los cabrones del detergente; ¿qué mierda harán a esta hora? Por lo visto el peor, con ese aspecto inmaculado nube emergente. Menos mal que los eucaliptos tapan la chimenea y la uralita, desarrollismo barato industria del mínimo esfuerzo. Estrellas entre las volutas. Titilan azules inalterables. Las mismas de cuando Homero azules... De mucho antes dinosaurios trilobites no desde entonces ya han cambiado bastante... Azules... La lengüita brillante una guarra... Jueves mañana Romano... El aula la gente Míriam... Pues tengo sueño... Las sábanas agradable Ramón más fotos el escote... Me estoy durmiendo... Gris la piel se va corren todos se van se van».
«VAYA TELA COMO está hoy el maricón. Está muy enfadada con nosotros. Las manos en los bolsillos, la napia roja, mirando con cara de caniche. Qué poco juego te va a dar, rubia. Qué; esa lo sabe. Y quién no, si tenemos al maricón más sonado. No mires tanto, culo hueco... Hoy estás sin niño, ¡eh?, esta noche te tienes que mojar para ligarte uno nuevo».
Dos bourbon con hielo y Beefeater tónica.
«Dos bourbon Beefeater tónica después vendrá con los lloriqueos, a pedir perdón como una maricona, vosotros sois mis únicos amigos. Un carajo, lagrimitas de Pitufo maricón; si se llega a oler lo mal que lo iba a tener con nosotros, que no le iba a salir culo ni uno hombre, el Ramón, lleva unos días sin venir. Trae cara de vaciarme el barril fijo que se le ocurre algo para la guiri». Ese compare.
¿Qué hay, compare?
Que me estaba sobrando cerveza; como no venías...
Pues échame una.
Dame el Beefeater, coño. ¿Qué pasa, Ramón?
Ya ves.
Espérate que le dé a este lo suyo, compare, que se pone a hacer pucheros.
Es que le he visto la cara a tu madre.
Botella, no juegues a la lotería, a ver si te va a tocar.
¿Sííí? «Capullo». Trae.
«La guiri a ver qué maquina el compare mucha espuma». Me hace falta una tapadera para el sábado, compare; como sea. Nada más que podía el sábado, me cago en la mar.
¿Algo serio?
Más serio que un cura: una guiri, compare; un culo de escaparate. Estuvo aquí anoche, con otra. Pero esa no valía un duro; y no hablaba nada de español, si no, para ti.
¿La tierna sí? «Rubia las bolas para los lados».
Un poquillo, para entenderse.
¿Entonces cómo la embarcaste?
Costó, costó. Pero yo algo de inglés sé. Hombre, en la hostelería hay que manejar un poco los idiomas, compare, si no... Yo nada más que hacía decirle only yu only yu, no se fuera a creer que estaba invitando a las dos para el sábado; capaz de presentarse con el cardo.
Eso es sólo tú, ¿no?
Mira, el compare...
Claro, si a mí en los curas me dieron el chau chau; cuando todo el mundo estaba todavía con el francés. Pfff, lo que es que entre el tiempo que hace, y como me lo dieron, me acuerdo de eso y del thank you. Y poco más. «Un ducadito». ¿Y la pudiste catar, compare «el Cine»?
¡Para qué?, ya la veré el sábado todo lo que quiera. Va a venir a las nueve, y nos largamos por ahí antes que llegue el Pajo. El Botella le va a decir que me ha dado la jaqueca.
¿Pero el sábado ya va a caer?
Hombre, claro, ¿para qué va a quedar si no? Si la tía está con calentura; ayer no vino el cabrón este, y no veas hasta dónde las puse de whisky a las dos... Y las risitas, el mamoneo: muy bien. Además tiene que caer por huevos, porque el domingo por la tarde está montada en el avión. El problema es la parienta, compare: no sé cómo coño me la voy a quitar de encima; tenemos sábado completito. El futbito por la mañana, de allí nos vamos a una barbacoa
Dos Ballantines con agua; y cuatro tetas entrando por la puerta.
Se agradece.
Están buenas.
Sí, coño, la de las botas. Siéntalas cerca.
La chiquitilla promete; pero con tantas pieles ni se sabe.
«La otra está mejor». A ti te gustan poderosas, ¿no, Ramón?
A mí lo que me van son las hembras. «Dos búcaros guarronas».
Y a quién no.
Corre, coño, que se lo están pensando «la de las botas está buenísima la guiri». Venga, compare, lo del sábado. Después del futbito tenemos una barbacoa en el chalé de no sé quién, un amigo del Padilla, el de las sopas; con las mujeres, con los niños, y los perritos del José Antonio y su puta madre.
Ya. «Las titis en chándal qué cosa más fea».
Lo peor es que ahí acabamos de comer a las tantas. Luego, de la siesta, imagínate. Y después ya es hora de irse de copas.
Y aquí paran fijo.
Ahí va; sobre el papel yo estoy aquí toda la noche, si no se pasaran serían carajotes. Se vienen tarde, a última hora, por si ya no está el Pajo.
Cáscate rápido a la francesa, y estás aquí otra vez a las doce.
Francesa no es.
Vas a tardar lo mismo.
No me puedo arriesgar, no me atrevo. La tía querrá que la invite a cenar por ahí; y además le voy a echar unos cuantos: esa tía hay que aprovecharla, compare. No me atrevo; si aparece la Fali y no estoy, se lía aquí el San Dios.
¿Aunque estés tú en otro lado? ¿A quién le va a formar la bulla, al Botella?
Hostia, Ramón, como si no la conocieras, coño, lo agobiante que es. Con todos los días que tiene la semana... Pero esa tía cae, aunque me la tenga que follar debajo de la barra. Compare, ¿eso qué hace vacío? «Venía seco, el cabrón».
¿Están bien ubicadas las señoras?
«En la estufa» coño, Botella, te he dicho cerca, cojones, los abrigos ya se los quitarán.
Si es que se querían sentar dentro, capullo, que tenían frío.
Ubicadas... Niño, tú te has leído un libro o qué; pareces mi vecinillo.
«Mira el gorrón este, qué gracioso». Me he leído el libro que escribió tu madre cuando me la estaabaaa...
Por ahí no vas bien, artista, que yo no soy del bar.
No pinches a mi compare, Botella, que no está tan hecho como tú a que se caguen en su madre.
De ti lo aprendí, Currito.
Vete con tus muertos, Botella; sube y te traes una caja de Fanta.
«Menudo sinvergüenza, el papafrita este».
«Con lo poco que le gusta al compare que le toquen la familia...». ¿Cómo vamos a enredar entonces a la guiri?
Tú ahí lo que tienes que hacer es que cuando la gachí venga a las nueve, le dices que te recoja a las cuatro. Que se tome unas copas en otro lado.
Y no le veo más el pelo, compare, que yo no soy el Antonio Banderas.
Eso también.
Además, yo tengo que estar en casa a las cinco. De nueve a cinco, eso es lo que hay; me tiene hasta los cojones con los putos celos, siempre controlando. Cásate, si estás aburrido. Pero a mí no me amarga, como poco te la follas tú; ahora, caer, tiene que caer, dejar pasar ese culo es de pajos.
Eso es un compare.
No te rías, coño, es verdad; no nos va a amargar a los dos el enemigo.
Cerveza sin, agua mineral, Carlos I y Amaretto.
«Qué pelota eres, Torero».
«Esto está hoy animadillo... Pero lo que es orinar, nada más que los gachós... Pues está complicado: tiene que quedarse, pero tiene que irse. Si se queda, malo; si se va, peor. Y la parienta se le puede presentar a cualquier hora. Sí que es celosa, la hija de su madre... La Lurditas también era celosa, pero no tanto; aunque fijo que porque nada más que éramos novios. No, y que era más noble; era buena para esposa ¿qué le hará el catalán en la cama? Conmigo estaría si yo hubiera querido; cómo lloraba la última tarde, después del cine la bola en el pescuezo qué arte, el Botella, el muy tunante, está asfixiando a las gachís, ya no les queda más nada para quitarse. Tampoco se lo han pensado mucho, esas van de cacería... El compare, una de dos, o consigue la firma de la Fali de que no va a venir, o le pone copas a la francesa hasta que se hayan marchado los moros. Si le aguanta tanto la gachí el conejo ya recalentado... Si no, en un momento, en el Cine, así la cato yo también; que menee bien a la titi delante del espejo. Eso es más ruido de la cuenta si entra alguien. Ojú, la chiquitilla buen muslamen carne; echa una meadita, princesa, que no duele. Arriba en la galería sí que podía ser; si se presenta la Fali, se baja con unas botellas y ya está, la Fali qué va a saber donde está el almacén. Y eso está medio caído, con un martillo un boquete pequeño se hace del tirón, lo mínimo para ver a gusto la boda del sábado es por la mañana la parroquia, a las nueve están ya despachados». Compare.
¿Otra?
No, no, ven para acá. «Eso es un buche». Bueno, echa otra.
Claro, coño.
Vamos a ver, compare: tú a la gachí coges y te la beneficias arriba; que le da a la Fali por aparecer, pues te bajas con una caja de Cocacola y se acabó. Que te avise el Botella. Y yo me escondo para verla en cueros.
Qué va, compare; metérsela arriba no estaría mal, pero la guiri es mucha guiri. Dinerito, Ramón, no le va a gustar el sitio, arriba está asqueroso.
Pues límpialo un poco, papafrita; ya verás como para lo que es ni te cansas.
Si es que está medio hecho escombros; ahí se le parten los tacones de puta.
Uuuuh, ¿francesa y con tacones grandes?, entonces fijo que le gusta a cuatro patas en los escombros. «Aplastada pinchada en veinte sitios los cascotes» a eso se vienen para acá de tan lejos, compare.
No sé; si llevaba hasta joyas.
«De oro los dedos flacos» más guarras son, compare, las más pendones; esa te deja listo.
No, aquí no puede ser, invéntate una leche mejor. Tiene que ser en un hotel bueno por huevos. En serio, después te la follas tú también, pero mueve el tarro, cojones «esos se van». De verdad que la tía está pedorra, me estoy poniendo nervioso de pensarlo. No se nos puede escapar, compare.
¿Y en el Cortijo, en el cuarto de invitados?
No, claro, ya lo sé, si no te lo he pedido por eso, porque es mucha guiri; a ver si por querer llevarla al quinto carajo se me va a asustar. No, y el tema más que nada no es el sitio, es la Fali, que no me trinque... Tiene que ser en un hotel.
¿De los caros?
Sí.
¿Tanta hembra es?
La cuenta.
Ahora mismo. «Tú no muevas el culo, Torero, hijoputa, que te va a dar un tirón».
«Me meto en el armario del hotel a ver a la gachí de estos con rejillas, alguno lo tendrá. El Colón el Alfonso Trece el patio los salones, en los cuartos nunca he estado, normal, quién va a encargar fotos de la noche de bodas. Me los tengo que mirar antes del sábado. Y luz para la titi; ya le diré al compare donde me la tiene que poner. La gachí de frente, abierta, muerta, y él detrás; que no le deje quitar la música, no vaya que oiga la camarilla. Si el viejo no fuera tan pejiguera con la Leica me la podía llevar no vale la pena ni preguntarle. Por qué se le hará tan cuesta arriba dejármela, yo no se la voy a escacharrar; allí puesta en el mueble, no se vaya a gastar pero un hotel bueno cómo va a ser, este está majara. Ni bueno, ni malo; si la francesa no quiere arriba, que se toque. No te puedes ir fuera, compare, la parienta. Un hotel, dice... La Fali con sus manías: si no se va con esta, se va a ir con otra, chocho, ¿para qué tanto laberinto y tantos celos? Y no está ni tierna; si no tuviera a los chiquillos para achucharlo...».
¿Se te ha ocurrido algo?
Qué va, compare. Mira, mira, esa va para allá.
Esa es muy vieja, compare; no veas como le dé por cagar.
Pues fijo que chingando grita una hartá.
Anda ya, compare. Tú, todo lo que tenga coño...
«Lo señora que va; con diez añitos menos...».
Te voy a echar otra, que a ti lo que te falta es combustible.
Tú a un hotel no te puedes ir, compare; a eso no se le ve la punta.
¿Que no por qué? Pues te vas a tener que venir a la barbacoa y contarle un rollo a la parienta. Yo qué sé, a ti te quiere mucho, Ramón, cojones; es que no se me ocurre. Te entra un dolor muy fuerte y no hay más huevos que llevarte a la Residencia. Yo qué sé, las piedras del riñón.
Venga ya, compare, ni que fuera la primera que le contamos; se querría venir. Y aunque se quedara, ¿cómo es que ibas a estar tú tantas horas allí metido conmigo? Me parece que ahora hasta ni dejan.
Que se ha muerto tu abuela, compare, coño.
La abuela Trini, la pobre; ¿dónde estará ya? «Los huesos repelados en el osario».
Una tía de ochenta años, ¿no tienes?
Eso sí «tita Rosario»; en Granada... Buena cosa: si hay algo que pueda enfriar un poco a la Fali es una vieja palmando.
¡Y a quién no, cojones?
A ver, a ver... Esto sí está ya más apañado, es una trola medio qué. Tú la llamas desde el hotel, con un pañuelo puesto en el teléfono: que está muy mal, que está muy mal; que mañana temprano te vuelves. Al final no se llega a morir, no vaya que metamos la pata alguna vez; ya la palmará cuando le toque. Yo le pido a mi vecinillo que llame al chalé ese sobre las ocho, para que nos dé lugar. Por la mañana me voy a la barbacoa en tu coche: que tengo el mío en el taller. Y le comento ya a la Fali que tengo las carnes abiertas por lo de mi tía; que está fatal, y que nos tememos lo peor. Después del telefonazo del niño, tú te ofuscas en acercarme a Granada, porque a esa hora ya no hay autocar. Ni tren. Ni la madre. Si algún gracioso se acuerda de que todavía queda uno, tú dices que no, que tengo que llegar ya, que se está muriendo. Yo, muy callado; te lo agradezco mucho, y le pregunto a la Fali si no le importa; pesadito, unas cuantas veces. Qué va a decir, ¿no?, no me va a dejar sin ver morir a mi tía. Alguien que la lleve luego a tu casa y asunto arreglado. Esto sí que sale andando, compare, fijo. Antes de irnos llamas a ese, o al Torero, rogándole y suplicándole para que venga aquí en tu lugar; y como que te cuesta mucho convencerle... Para mí que cuela, Currito. Y de regalo, la noche entera con la francesa; le puedes echar la propina después del desayuno. Lo único, que no le dé por pedir el teléfono de mi tía.
Quéé va, no pasa nada, compare, ya cae.
Ahora me parece a mí que sí.
Eres un fenómeno, coño.
El hotel es cosa mía, ¡eh?; lo de buscaarlo, reservaar... Y yo me escondo en algún lado para ver a la gachí.
Te la comes con papas, compare, lo que tú quieras.
«Enseña un poco más los muslos, criatura qué cosa más bonita».
La de la estufa; que te gusta, ¿no?
La chiquitilla. «Tocino puro las medias» tiene dos muslos.
Si pide otra copa se la echo larga, para que vaya.
Superior, compare «un ducadito».
Qué pesado está hoy el Pajo, está más histérica de lo normal: nervioso, mirando..., es que no pierde puntada, el cabrón. Hoy va a haber bronca, me lo estoy oliendo; este se queda hasta que cerremos. Vamos a tener que hacer el paripé de los mil duros, compare.
Mientras que me los devuelvas cambiados en el platillo...
No, si te parece te voy a cobrar.
Siendo así...
Se le ha debido de marchar el último pitufito y está nerviosa nerviosa; que se come las uñas de los pies. Yo lo conozco ya del carajo, compare: primero, la bronca, y después una semana haciéndose el pobrecito; pff, eso es lo peor.
Como para que se oliera lo del Cine.
Uuuuh, eso ya serííaa...
No creo que ese suba ahí, ¿no, compare? Con la humedad que hay y los ratones que se escuchan...
Nooo, ese no es sitio para una maricona tan bonita. Yo qué sé, que hagamos ruido arriba, y la tía sea amiga suya y le vaya con la copla. Tonto no es; y yo no, pero tú sabes que esta gente suben muchas veces aunque esté él. Hombre, normalmente se bajan algo para disimular... Fíjate como mira al Botella porque tiene el culo nada más que apoyado en el congelador; tenemos que estar tiesecitos, como en la mili.
Anda que no hace tiempo de eso.
No veas. No me mamé yo guardias y arreglarle el jardín al hijoputa del capitán...
«El vitoriano; qué bruto era aquel gachó, todo el día con el cago en Dios metido en la boca; hasta marcando el paso».
«La del mono, cabrito, vaya suerte» eso sí es una liebre, compare.
«La madre, mono de cuero estaría dentro» ahora vengo.
Al lío.
«Cómo vas a caer, palomita, me vas a enseñar hasta la pituitaria».
«Lo empalmado que se pone».
«A ver si se para antes una mijita en el espejo de afuera, que ya me ha dejado caer otra vez lo de no formar escándalo. La luz... Aquí. Suavito por las escaleras. Ya ha abierto la puerta grande... Apagar. Suave... Algún día el Pajo hará obra aquí arriba y se acabó el negocio. Las rodillas al suelo, como los indios apagarlo, no se vaya a colar humo por el agujero... Ya está ahí la perdiz; mirándose».
«Esta barra es mejor que la L'oreal... Sin salirme... A ver... Vale. Un poquito de perfilador... Hoy tengo la boca gustona. La exfoliante sí que es una maravilla: casi sin maquillaje».
«Echando morros; sí, sí, muy colorado, muy bonito; házmelo luego, con las bolas fuera. Lo tiesa que se pone. El pelo; para acá, para allá; de canto. Se ha gustado, la gachí. Lo limpísimo que tienen los pericos estos el espejo ¿dará igual dónde sueltas el bolso? Ahí. Superior. La chaqueta. La percha, conejo, detrás del pilar. Eeeso es. Qué fresquito vas a pasar fetén para los pitones la cremallera; qué pena, sostén. De los clarillos, menos mal. Uuuh, duritos los garbanzos. Las bolas no son del otro jueves... Venga, abajo con él. Qué apretadito lo llevas, chocho, como otro pellejo mmmm, pasó las bragas los muslitos. Ojú, el pastel, qué negro, una maravilla. Unos kilos te faltan, reina; mi compare te saca a ti más partido otra que no se sienta. A pulso. La manía; los bichos que podrá haber ahí... No me pongas esa cara de gusto, guarrón está para una foto. La madre, el chorro, parece una vaca. Qué bárbaro, caliente rosa chorreando... Que no vas a empapelar el comedor, chocho. Aaasí blando mojado los pelos. Otro poquito más. Aaasí. Al cajón. La Juani los veinte mil duros esa después lo miraba; de guarra que era; el afán de cagar con la puerta abierta. Lo bien que se lo encaja; con calzador. Clavado en el chichi. Estás muy blanca, Maricruz un poco lacias las bolas el otro brazo, adentro, ya está... Aaarriba. Lo bonito que suenan las cremalleras largas ¿más espejo? Más tiempo en el espejo que orinando, todas las titis lo mismo. Otra vez el pelo».
«Sí que me tengo que pelar, las capas están ya catetas».
«Ea, arreglado; colocadito. Los morros; ahora de canto... La chaqueta. La pena ha sido el sostén. Pero qué conejo más suave negro, una preciosidad ¿ya te vas? Su bolsito. Adiós, princesa».
«Voy a convencer a esta gente para irnos a bailar o se amuerman aquí. Un rato aunque sea, animarnos un poco en este me veo casi entera. Sí, desde lejos se nota más; pero por el hombro es muy corto. Y a mí alisado no me queda bien, por mucho que diga Ana. Ahora, que el mono me hace un tipito... Plana completamente... A ver si con la cosa de que yo ya estoy de pie... Se ponen a hablar a hablar, y no hay manera; el amigo de Enrique es mortal menudo golfo tiene que ser el de la barra, con el descaro que mira. Es que este sitio es aburridísimo; viene una gente muy bien, pero mayorcitos. Bueno, hay de todo niñatos; ¿cómo se pueden presentar aquí con esa ropa? Repantigados en los sillones; después se quejan de que hablen fatal de los jóvenes y qué feítos, por favor. Ya están otra vez; hasta discutiendo; y Lita se mete en el ajo. Ni me siento, porque como me siente, se acabó».
«Vaya forma de mover el culo. Y yo aquí metido, por la maricona».
«Si pudiera llevarme el ganado este para verlo a gusto en el Cortijo... Con que arriba tuviera llave. No, qué va, luego hacen falta Cocacolas el Torero llamando, ni mijita. Va para donde el cuadro grande; así no la habíamos visto».
«Se va relamiendo». Ha caído bien, ¡eh, cabrón?
Uuuuh «el conejo tan negro». Era de las tuyas, compare, clavadita para ti: entera, con los pitones de piedra.
Más buena va a estar la guiri.
A ver.
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