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¿Alguien conoce a algún cuentista
tan divertido, inteligente y bien hablado como Iban
Zaldua?
Primer conjunto de relatos en castellano de un cuentista
nato, plenamente reconocido ya por su obra en euskera.
Habilidad narrativa y humor a grandes paladas configuran
la obra del joven Iban Zaldua (San Sebastián,
1966). La isla de los antropólogos es su quinto
libro de cuentos y el segundo que publica en castellano.
Se trata de narraciones en tono humorístico
donde a menudo se nos muestra a tipos que han dedicado
pacientemente toda una vida de sacrificios a una tarea
más o menos utópica que finalmente no
sirve para nada o para lo contrario de lo que buscaban.
Abundan las mutilaciones "exigidas por el guión",
aunque la habilidad del autor consigue que no sean
nunca textos escabrosos ni sangrientos, sino, más
bien, muy inteligentes y divertidos.
La prueba es que los argumentos de los cuentos recopilados
en esta obra son un alarde de imaginación poco
corriente en la literatura actual: un republicano
infiltrado recibe un nombramiento de ministro; el
creador del primer catastro ordena destruir aquellos
pueblos a los que su apretado calendario no le permite
acceder; una comunidad indígena que, para esquivar
a los turistas, simula ante cada estudioso una cultura
distinta; un magnate revolucionario, con el fin de
provocar el estallido de la revolución, crea
una fábrica regida por un insostenible sistema
de explotación de los obreros; un escritor
descubre que, tras la propuesta de su editor de publicar
sus cuentos completos, se esconde una verdadera amenaza
de muerte; una bibliotecaria archiva investigadores
en lugar de sus trabajos.
La literatura de Zaldua desprende un humor que cala
profundamente entre los lectores de 20 a 45 años.
Su capacidad para parodiar tanto los distintos tipos
de discurso, literarios o no, como los problemas de
nuestra sociedad lo convierte en uno de los grandes
descubrimientos de Lengua de Trapo para la próxima
temporada.
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«Discreto y agitador (...) Cuando el lector termina
de leer cualquier relato, no consigue cerrar la página,
sino que continúa dilucidando las nuevas posibilidades:
es el efecto relevo, donde el autor se diluye, el
narrador corre el tramo que le corresponde y al terminar,
pasa el relevo al lector» (Angel Lertxundi)
«Las situaciones planteadas en estos relatos se hacen
extremas, imprevisibles y paradójicas. Muestran
el envés de la vida y lo incomprensibles que
son a veces algunos mundos.» (J.L. Martín Nogales,
El diario vasco)
«El lado oscuro de la vida cotidiana (...) resalta
en los relatos la paradoja y la singularidad» (Bernardo
Atxaga)
«Una portentosa colección de relatos que se
abre con El examen del señor De Pauli,
una pieza corta que despierta inmediatamente nuestra
sonrisa, tal es la habilidad con la que lo remata.(...)
A nuestro juicio, hay dos que merecen ser catalogados
como obras maestras del género: La visita,
por la habilidad con la que Zaldua construye una historia
llena de dobles fondos y balas en la recámara;
y el relato que da nombre al libro, La isla
de los antropólogos, una sátira
de los estudios etnográficos que nos recuerda
al Swift de Los Viajes de Gulliver por
la hilarante descripción de los habitantes
de una isla que cambian de cultura según quien
los estudie (...) Que aproveche: el menú es
delicioso» (www.notodo.com)
«Indispensable si te quieres reír leyendo»
(Blue Joven)
De su obra anterior:
De Gezurrak, gezurrak, gezurrak (Mentiras, mentiras,
mentiras):
«Lleva la lógica de sus cuentos hasta el final, y
no falla» (Felipe Juaristi, Diario Vasco).
«Artefactos literarios deudores de la escuela de
Cortázar y que sorprenden al lector, así como hermosos
juegos en los que, partiendo de su biografía, el autor
inyecta ficción» (Harkaitz Cano, Jakin).
«Un libro que bien merece una mesilla» (Harkaitz
Cano, Jakin).
«Uno de los más destacados exponentes de la última
hornada de escritores en lengua vasca. Ironía, mala
leche y nulo lugar para la autocompasión son los principales
ingredientes de este autor» (Aingeru Epaltza, Diario
de Noticias).
«Entre las características de sus cuentos, aparte
de la ironía, encontramos el humor y una sensibilidad
amarga» (Oier Guillan, Gara).
«Los cuentos llevan a sus protagonistas a situaciones
extremas, rozando a veces el exceso. Pero, al mismo
tiempo, pueden llegar a provocar un cierto malestar,
porque su punto de partida y las motivaciones de sus
protagonistas pueden llegar a parecerse sospechosamente
a los del lector» (Oier Guillan, Gara).
De Ipuin euskaldunak (Cuentos vascos): «Le
gusta contar, conoce bien las tendencias narrativas,
busca la sorpresa» (Jon Kortazar, El País).
De Traizioak (Traiciones):«Zaldua es un especialista
en la distancia corta, domina como nadie las estrechas
y precisas leyes del cuento. En esta colección de
relatos lo deja muy claro: una idea brillante, el
desarrollo justo, no más palabras de las necesarias,
un poco de intriga, poca explicitación, sorpresas
sin espanto que van tomando cuerpo imperceptiblemente
desde la cotidaneidad, humor o, si se quiere, ironía
[...] Ingenio, metaliteratura, humor culto y, como
entre líneas, la crónica de un tiempo que no es el
nuestro, irónica pero llena de ternura. Un pequeño
gozo.» (Karlos Linazasoro, Diario Vasco, 14-XII-2001).
«Sus cuentos son efectivos, porque surgen de acontecimientos
cotidianos, acontecimientos cotidianos que se convierten
en literatura. De la misma manera que algunos lugares
han desarrollado su propio microclima, Iban Zaldua
también tiene el suyo, donde los microcuentos maduran
y se enriquecen» (Felipe Juaristi, Diario Vasco,
19-XII-2001).
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