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Mi pequeña aportación a
este debate son tres textos entresacados de un interesante
libro de entrevistas a los cinco escritores más reconocidos
de la literatura vasca (Bernardo Atxaga, Koldo Izagirre,
Anjel Lertxundi, Ramon Saizarbitoria y Joseba Sarrionandia),
publicado no hace mucho por Hasier Etxeberria en la editorial
Alberdania de Irún (Bost idazle berbetan), y
cuya traducción pronto verá la luz. He escogido
las de tres de ellos en torno a este tema del compromiso
de escritor, pues creo que sus puntos de vista son interesantes.
De cualquier manera, pido disculpas por la traducción,
un poco apresurada, que he hecho del original en euskara.
Independientemente de estas opiniones
y del llamamiento de Carlo Fabretti, en estos momentos me
es difícil creer en la utilidad de lo que hacemos
como escritores: acaban de suspender la actividad de un
partido político que recogía alrededor del
diez por ciento de los votos del electorado vasco, el concepto
de democracia ha sufrido un nuevo golpe, y no ocurre nada:
los escritores, salvo honrosas excepciones, callan (callamos).
No siento ningún aprecio por Batasuna; creo, como
gran parte de la ciudadanía, que ETA es el máximo
problema de la sociedad vasca actual, que debería
desaparecer, parar; pero, simplemente, pienso que vulnerar
el juego democrático con la (pretendida) intención
de defenderlo, nos conduce directamente al desastre.
Iban ZALDUA
«Creo que la cuestión del
compromiso, como ocurre con otras muchas cuestiones, ha
quedado deshecha, bien sea porque se ha debatido demasiado
aprisa, bien porque discuten sobre ella quienes no deberían
hacerlo. Es una lástima ver un tema tan hermoso destrozado
y echado a perder.
»¿Quién ha inhabilitado
este tema? ¿Quién lo ha llevado ha tener las
resonancias negativas que tiene hoy en día? Creo
que los culpables de eso fueron los doctrinarios. Un miembro
del Partido Comunista o de un partido nacionalista radical
podía pensar que el compromiso era escribir lo que
decía su secretario general. Y eso, por supuesto,
no es compromiso. Eso es servidumbre.
»Por eso se perdió la literatura
de toda una generación en España, por ejemplo
(...).
»Y en el País Vasco (también)
ha ocurrido. (...)
»Eso ha sido perjudicial, pues ha
echado a perder la cuestión de la función
del escritor, la posibilidad de hablar de la relación
entre escritor y comunidad. (...)
»Yo por lo menos lo siento así,
que hay una relación entre la comunidad y el escritor.
No concibo de otra manera el quehacer del escritor. Lo entiendo
en el sentido de Aresti o de nuestros cantantes: hay que
escribir el cuento, eso es importante, de acuerdo, pero
también hay que ir a Ochandiano o a no sé
dónde a dar una conferencia, a hablar de la escritura
o de lo que sea, porque eso también es importante.
Y todavía más exponer en Hernani o en Elorrio
alguna idea que resulte incómoda al oído de
los asistentes.
»Creo que tiene que existir una
relación entre la comunidad y el escritor y que,
de hecho, existe. Es bueno que exista esa relación.
Pero nunca entendida como servidumbre (...).
»Claro está, si tu comunidad
es muy grande, tu relación puede ser con la lengua
solamente. Si eres estadounidense, por ejemplo, eres uno
más entre miles. Pero si eres Nadime Gordimer y vives
en Sudáfrica, la relación con la comunidad
que te rodea es mucho mayor. Y eso es bueno, siempre que
se entienda como una unión entre personas libres».
Bernardo ATXAGA
«El escritor trabaja con la memoria
y con los sentimientos. Esas son sus materias primas. Habría
que distinguir entre novelista e intelectual. Un escritor
puede ser un ignorante en muchos temas. El escritor tiene
un compromiso consigo mismo y debería quitarse de
la cabeza que es capaz de hablar de cualquier cosa. (...)
»Ahora ya sé que los compromisos
de la época de Sartre eran totalmente vanos. Mi responsabilidad
hoy en día es reconocer los errores cometidos durante
la juventud. Ya sé que con otro discurso haría
más amigos, sobre todo entre los jóvenes,
pero, aunque me entristezca decir cosas que no gustan, eso
es lo que me toca. (...)
»Hoy mismo he encontrado este escrito
de Cortázar, de 1967: A riesgo de decepcionar
a los catequistas y a los partidarios del artes al servicio
de las masas, yo continúo siendo ese cronopio que
escribe para su placer o su sufrimiento personal, sin la
menor concesión, sin obligaciones latinoamericanas
o socialistas entendidas a priori como pragmáticas.
»(...) El escritor, como se ha dicho,
ha de ser sincero. Ese es su compromiso.
»Aquí todos hemos dejado
de decir algunas cosas, porque no era el momento oportuno.
Pero, como distinguía Max Weber, una cosa es la ética
del político, y otra la del intelectual. La ética
de la convicción y la ética de la responsabilidad.
El político puede mentir, en nombre de la responsabilidad.
El escritor no. De ninguna manera. El escritor no puede
mentir. Siempre tiene que decir la verdad».
Ramon SAIZARBITORIA
«Si hablamos de literatura, hay
que hacer buena literatura, y a partir de ahí yo
no tengo fórmulas. Cuando en literatura se impone
una fórmula por obligación, la literatura
se esclerotiza. La imposición del realismo socialista,
por ejemplo, a la larga fue perjudicial tanto para la literatura
como para el socialismo. Pero no es cierto que, por definición,
el compromiso político arruine la literatura. Uno
de los textos más interesantes de la literatura inglesa,
Una humilde propuesta, de Jonathan Swift, por ejemplo, en
su tiempo fue un panfleto político; también
la obra de Walt Whitman es un panfleto a favor de la democracia
americana, y la lucha revolucionaria ha producido libros
hermosos...
»Pero si tomas un solo devocionario
y se lo impones, no sólo a ti mismo, sino a todo
el mundo, convertirás a la literatura en algo esclerótico,
estrecho e idiota, da lo mismo cuál sea el objeto
de devoción. Para algunos la literatura ha servido
para propagar una gran idea; para otros, es un artificio
estético; para otros, un medio de conocimiento; a
decir de otros, la literatura es capaz de cambiar el mundo;
según algunos, sólo sirve para divertir al
lector. Estas ideas pueden ser razonables o totalmente falsas,
pero a la hora de contemplar la literatura en general, no
me importa quién tiene razón y quién
no, al vivir y al escribir yo tengo mis propios axiomas
y he de admitir que cada cual tiene los suyos y que, aunque
sean falsos, si le ofrecen a alguien un camino para andar,
pues adelante. (...)
»Lo que el escritor pueda decir
sobre la función de la literatura no es tan importante.
Yo espero que el escritor me ofrezca iluminaciones críticas
sobre el lenguaje y el mundo. No dogmas ni palabrería,
ni declaraciones banales acerca de la situación política.
»Los escritores tenemos una sospecha
casi metafísica que superar, creo yo, y por eso teorizamos
tanto. Es muy posible que la literatura no sirva para nada,
ése es nuestro miedo, y escribimos desde el borde
de ese precipicio. (...)
»Para compensar esa sensación
de inutilidad, los que escribimos tenemos tendencia a teorizar
sobre la importancia de lo que hacemos, lo mismo que el
paragüero argumenta sobre la importancia de sus paraguas,
que sirven para la lluvia lo mismo que para el sol, que
como complemento. Los escritores reconocemos nuestra marginalidad,
al igual que el paragüero, pero necesitamos subrayar
la importancia de lo que hacemos, o, por lo menos, de lo
que queremos hacer. Hay que escribir la palabra Literatura
con mayúsculas para apartar de nosotros la triste
sospecha de que no sirve para nada, y por eso nos inventamos
tantas teorías acerca de las funciones de la literatura.
»Dejaos de historias, propondría
yo, y dadme un buen paraguas».
Joseba SARRIONANDIA
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