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Irak, Afganistán e Irán. 40 respuestas al conflicto en Oriente Próximo
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NAZARÍN AMIRIAN y MARTHA ZEIN | | 256 págs.
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| | ISBN 978-84-8381-004-0 |
| 19.50 €. |
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(fragmento)
Los primeros párrafos del nuevo tomo de la historia escrito por la elite del mundo muestran cómo EE UU no sólo sigue alentando el enfrentamiento en la región, sino que es capaz de poner fin a logros importantes del pasado siglo como que las democracias se estructuren sobre una sociedad laica y un Estado aconfesional. En las antípodas de estos logros, el Gobierno de Bush presenta a EE UU como el Estado salvador y guardián de las tradiciones de una nación blanca-cristiana, y para ello está dispuesta a fomentar el odio contra los musulmanes (incluidos los emigrantes instalados en su país) con el fin de aglutinar votos racistas-fundamentalistas que le permitan mantenerse en el poder el máximo tiempo posible.
La fórmula para alimentar esta confrontación exige tener dos caras, dominar el doble juego, vivir instalado en la falsedad o padecer esquizofrenia: por un lado se presenta como la única potencia con poder suficiente como para mantener el mundo en orden, para lo que hace ostentación de un arsenal —el mayor del mundo— en el que relucen brillantes tanto las armas convencionales como las de destrucción masiva, entre las que se encuentran unas diez mil armas nucleares tácticas, armas biológicas, químicas, etcétera. Por otro, se asegura de que sus ciudadanos son víctimas, acosados por un genérico enemigo musulmán. Para defenderles, sus gobernantes están dispuestos a hacer lo que haga falta, incluso alentar el acercamiento de los países musulmanes al eje Pekín-Moscú para que ese peligro precisamente sea mayor. Por supuesto que este apoyo es aprovechado por los miembros de este eje ex rojo, sobre todo Rusia, que está resurgiendo de las cenizas de la URSS, de modo que la realidad parece cada vez más un traje hecho a la medida.
Fuera de los pasillos de la Casa Blanca y la contabilidad de las multinacionales del armamento, quienes se benefician de esta situación son la ultraderecha musulmana, judía y cristiana, que no dudan en utilizar a los creyentes para atizar el fuego de la ficción de «choque de civilizaciones» y ponen con gusto la abotonadura de este traje bélico en perjuicio de movimientos democráticos que se esfuerzan con dificultad para que la religión se separe de la política y del Estado y recupere su lado espiritual, sobre todo en los países musulmanes.
La publicación de unas viñetas del profeta Mahoma en una revista de ultraderecha noruega, que representa de forma burlesca al líder de los musulmanes con un turbante bomba, o el discurso del Papa Benedicto en el que afirmaba «muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas», ¿son la consecuencia o parte del guión de una confrontación de laboratorio que ya empieza a dar sus frutos?
Lo cierto es que ambas situaciones se produjeron en ámbitos que buscaban provocar las reacciones violentas de una parte del mundo musulmán; incluso desplegaron sus cámaras para dar fe ante la opinión pública occidental de hasta qué punto pueden airarse los ánimos o son agresivos los «contrincantes».
Y llegados a este punto del relato del siglo xxi en el que todos estamos envueltos, lo último escrito es que en este choque de civilizaciones hacen falta dos partes. A tenor de todo lo dicho, la lógica de nuestro futuro comportamiento sería que si los que no son «nosotros», los musulmanes, se han puesto agresivos lo que se espera es que nosotros, sus oponentes, respondamos con una agresividad mayor. De ahí que no debamos extrañarnos por las decisiones «civilizadoras» tomadas por EE UU y sus aliados en Afganistán e Irak en estos primeros años de la nueva era, la reciente matanza del pueblo libanés y las futuras incursiones en el Oriente Próximo y en cualquier otra nación «no cristiana-occidental». Porque si nos extrañamos, si no respondemos de la manera adecuada, no habrá libro en el que se pueda incluir nuestra historia, ni narradores dispuestos a hacerlo.
A no ser que estés dispuesto a leer libros como el que ahora tienes entre manos... tan llenos de preguntas.
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