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El derecho al pataleo de los ahorcados | | RONALDO MENÉNDEZ | | 160 págs. |
| ISBN 8489618321 | | 10.81
€. | |  |
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Un mago del punto de vista
En El derecho al pataleo de los ahorcados,
conviven en tensa armonía el cuento fabulador y el relato de corte metafísico,
con resonancias borgianas: dos vertientes literarias que identifican a Ronaldo
Menéndez como un singular escritor que logra, partiendo de arriesgadas
búsquedas formales, textos de sólida trabazón argumental.
Como un mago del punto de vista, Menéndez escoge cada vez el narrador,
el foco, los personajes, los escenarios, la técnica imprescindible para
la historia que quiere contarnos. Y pone toda esta versatilidad técnica
al servicio de una visión de nuestra cultura para la que La Habana ciudad
donde a menudo se ambientan sus relatos
sólo es metáfora del mundo, y cada personaje, metáfora del
hombre abrumado por los niveles distintos de opresión de nuestra época:
político, sexual, religioso, físico... Así, este libro,
que hará las delicias de los degustadores del género narrativo por
excelencia, glosa la cita de Rulfo que lo abre: «Déjenme aunque sea
el derecho de pataleo que tienen los ahorcados».

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De El derecho al pataleo de los ahorcados(Lengua de Trapo 1999):
«Un gran escultor dijo que para hacer un caballo tomaba una piedra y quitaba todo lo que sobraba. Quizá un buen escritor de cuentos parta de un amplio número de significantes y vaya quitando todo aquello que no pertenezca al cuento. Éste es el efecto que producen las historias de Ronaldo Menéndez» (W. L. Siemens, World Literature Today).
«Un estilo preciso y una segura técnica narrativa son el mejor vehículo para estas historias»
(J. F. S., Pérgola).
«Ronaldo Menéndez posee un estilo depurado que sin ser pretencioso guarda el espacio para las imágenes líricas e imaginativas que no tienen nada que ver con el realismo mágico. Por el contrario, exalta las cosas propias de la rutina diaria y les atribuye un sello estético […] Cada cuento conforma una unidad separada que deja percibir la profundización en la selección de los temas, las situaciones y la forma de narrarlas. El amor, la venganza, la justicia, son los tópicos universales que caracterizan las anécdotas recortadas de la realidad cubana, les establece parámetros definidos y desarrolla por encima de ellas una percepción estética caracterizada por la incertidumbre, un buen elemento para capturar a cualquier lector» (Marlene Renée Saab, Gaceta de Bogotá).
«Este libro es una excelente carta de presentación para los lectores españoles,
un volumen breve para descubrir en Ronaldo Menéndez a un cultivador afortunado del género que enlaza con las líneas medulares de la tradición hispanoamericana. En cada uno de estos cuentos pueden percibirse las huellas y las influencias de los grandes maestros, y sin embargo todos ellos llaman la atención por la presencia de un universo propio y el esfuerzo por alcanzar un reto formal y técnico para alcanzar en cada caso los medios más adecuados»(Santos Alonso, Guías Azules).
«El derecho al pataleo de los ahorcados no es un libro para una lectura de disipación y jolgorio, se trata de narrativa cubana actual, controversial y razonadora; textos que agradecemos por sus valores literarios, donde Ronaldo Menéndez resume de alguna manera las preocupaciones y cuestionamientos de este caótico fin de siglo. Tenga pues, su merecido derecho al pataleo» (Caridad Tamayo, Revista Unión).
«Los nueve cuentos que conforman el libro poseen una singular coherencia de tono y estilo, no muy común en la narrativa cubana más reciente. Hay en este libro una elaboración de altos vuelos en algunos casos, que desdeña o más bien bordea la realidad cotidiana, o penetra en ella, pero sin contaminarse del costumbrismo tan al uso […] Así que en lugar de dedicar esta presentación al Ronaldo que conocí a principios de los ochenta en sus primeros balbuceos literarios, la dedico al Ronaldo que ya es y será en los próximos años: uno de los más destacados narradores de la más reciente narrativa cubana» (Eduardo Heras León, Revista Casa de las Américas).
De Las bestias (Novela,
Lengua de Trapo 2006):
«La novela es vertiginosa, la prosa de Ronaldo Menéndez, de una eficacia que hace recordar a los grandes maestros americanos del género negro. Ritmo taquicárdico, se dice en la contra de la novela: es verdad. La novela alcanza velocidad supersónica y se dirige hacia un final catastrófico, no sin antes plantear, como al paso, algunas reflexiones imponentes acerca del propio sentido de la ficción» (Juan Bonilla, El Mundo).
«Su temática (a diferencia de tantos autores que viven fuera de la isla) no es Cuba ni lo cubano, sino el ser humano, con sus contradicciones y sus obsesiones, la vida, la muerte, la memoria... Por ello sus obras tienden a superar el realismo e ir hacia lo simbólico y a una cierta metafísica» (José María Plaza, Revista Leer).
«El humor de Ronaldo Menéndez no deja mancha, acaba con el drama de las escenas más crueles y cubre a los personajes con una capa de absurdo de lo más real [...] Se mantiene fiel al desdén por el mensaje y al argumento alegórico, pero incluye juegos con las voces que manejan el relato, los saltos temporales y los secretos que avivan la historia hasta el último momento. Es un maestro del destape» (Peio Hernández, Calle 20).
«La novela de Ronaldo Menéndez es un excelente y divertido ejemplo de un realismo fantástico que busca, en la deliberada alteración esperpéntica de la realidad, revelar el conflicto de una realidad enajenada. Menéndez desarrolla una vertiginosa trama, entre lo kafkiano, un surrealismo que recuerda a De dónde son las cantantes de Severo Sarduy y una especie de logrado cartoon verbal, que ahonda en la vida en el umbral de la criminalidad, en el racismo y en la supervivencia estrafalaria y desorientada» (Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga).
«Estructurada bajo un complejo entramado que incluye diversos puntos de vista, súbitos cambios de registro, variaciones temporales y polifonía textual, Las Bestias logra mantener hasta su desenlace el misterio que subyace a toda la trama al unir, en un final tan inesperado como brillante, todas las piezas disgregadas hasta entonces en el rompecabezas narrativo que conforma la novela [...] Brutal y llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo francés hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando por la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin Tarantino, la novela logra conjugar así una intriga que termina por volverse inquietante y perversa con una compleja meditación de dimensiones universales» (Javier Sánchez Zapatero, Tribuna de Salamanca).
«La perfección de la técnica narrativa y el diálogo son, para sus relatos y sus novelas un yacimiento para el verdadero mérito de Menéndez: su inagotable agudeza» (Notodo.com).
«Sus historias [...] lejos de someterse a los dictados de la mera nostalgia o la reivindicación política (o políticamente correcta), recurre al extraño cotidiano y a una puesta en escena que tiene mucho de cinematográfico» (Revista Quimera).
«Es destacable, de forma especial, el juego de las versiones múltiples que se da a lo largo de la historia, la construcción de la novela barajando el guión de forma sorpresiva y el perfil con el que el autor viste a los personajes. Su prosa es directa, los diálogos están insertados en la narración dotando de continuidad a la narración. Su escritura es humorística, metafísica, violenta muchas veces, en beneficio de la historia en todo momento. Sin duda, esta novela que edita Lengua de Trapo reafirma a Ronaldo Menéndez como uno de los mejores escritores de su generación» (Iván Humanes Bespín, literaturas.com).
«Dueño de una prosa eficaz que se desenvuelve con enorme soltura, Ronaldo Menéndez demuestra su pericia narrativa sobre todo en el manejo de la estructura, de la construcción de la trama en secuencias cortas y ágiles, organizadas con la técnica del montaje cinematográfico y con una precisión que revela que el autor controla la historia al milímetro, incluso para guardarse en la manga el as de la sorpresa final» (Santos Domínguez, Revista Encuentros. De lecturas y lectores).
«Menéndez consigue una tensión creciente, un tempo narrativo subyugador —heredero del mejor cine negro norteamericano— y conduce al lector, enfrascado en el turbador mundo que se le presenta, hasta el final de la novela […] Nada falta, nada sobra, los elementos van apareciendo de un modo graduado, certero, y en cada una de las secuencias de la novela ha sabido escoger lo fundamental y desechar lo superfluo para mantener al lector pegado al libro» (Antonio Jiménez Morato, blog Vivir del cuento).
«Menéndez demuestra tener un amplio oficio, manejar con soltura registros y puntos de vista, y construye la novela como una partida de dados, superponiendo un conjunto de textos [...] Lo más interesante del ejercicio está en e juego de espejos, en el descenso imparable de la trama hacia la degradación moral, y en la ambivalencia de los símbolos puestos sobre el tablero» (Carolina León, Clone Magazine).
«Brutal y llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo francés hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando por la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin Tarantino, la novela logra conjugar así una intriga que termina por volverse inquietante y perversa con una compleja meditación de dimensiones universales». (Javier Sánchez Zapatero, revista literaria Europolar)
«Una trama mínima pero capaz de incorporar, a través de un ejercicio del relato tan concentrado como directo, todo un universo del embrutecimiento mucho más elocuente que cualquier enumeración de desolada circunstancia. A esa austeridad de la historia, de lo que se cuenta, la acompaña una prosa sin meandros, donde el juego con la repetición de algunas frases, la incorporación del diálogo y una sintaxis de ejemplar economía expresiva resultan en un ritmo narrativo rapidísimo, en el que cada cosa lleva a la otra y todas se leen como las escenas de una pesadilla o una película sin pausas, con muy pocos personajes y acción trepidante. […] Las bestias es una de esas novelas descarnadamente perfectas donde el acoplamiento entre lo que se cuenta y la estructura de lo contado no deja lugar a ninguna ingenuidad, a ninguna fisura, a consuelo alguno». (Waldo Pérez Cino, Encuentros)
«La combinación de diferentes niveles expresivos, las alusiones intercaladas, los neologismos léxicos, los párrafos concisos y cortantes son parte del amasijo expresivo del autor de Las bestias, dotado de una inteligencia e inventiva idiomática poco comunes. [...] Se lee con más de una sonrisa cómplice y retozona, con cierta perversidad, sin inocencia alguna» (Luis Alonso Girgado, Diario de Ferrol).
«Las bestias nos habla de un hambre especial y distinto, un hambre que nace en la «oscuridad de la incertidumbre» del ser humano: «En la ciudad nadie se había planteado que criar puercos en bañeras, techos, traspatios y armarios, carecía de urbanidad. Pero el meollo tenía raíces más profundas», comenta el narrador a propósito de la cría de cerdos. Esta simbología del hambre, puesta en contacto con la persecución del profesor Claudio Cañizares, hace que entendamos la novela como un intento por mostrar la desolación del pueblo dirigida desde un «gobierno absoluto» que domina todas las cosas». (Mateo de Paz, Hotel Kafka).
«Ronaldo Menéndez es un joven autor isleño que esconde tras de sí una larga trayectoria narrativa de varios libros de relatos y un par de novelas en las que hace alarde de una elaborada narrativa de múltiples registros que rastrean los rincones más sucios de unos personajes que viven permanentemente al borde del desencanto. En Las bestias vuelve a utilizar un lenguaje preciso y desgarrado, con diálogos sencillos y eficaces insertados en la elocuente prosa que le imprime al relato un ritmo intenso y acelerado, como en las películas de Tarantino al que le rinde homenaje en alguno de sus capítulos.
La novela cuenta con suficientes argumentos convincentes a los que se suma, sin duda, la parte final del libro, donde el autor teje una peculiar trama vengativa, no sabemos muy bien si inspirado en la maravillosa obra de Thierry Jonquet La tarántula, que termina por despejar cualquier duda sobre esta breve pero acertada obra» (José Ramón Gómez Cabezas, La Gansterera).
«¿Dónde reside el verdadero enemigo? ¿Dónde la amenaza? Es algo que se pregunta página a página Ronaldo Menéndez en esta novela de elementos que cobran su significación como se cobran las piezas los cazadores, en el momento justo, en el lugar exacto. Una novela desgarradora, violenta, de inquietante luz y oscuridad, sangrante, cínica a veces, pero siempre, continuamente, de ritmo desollado como la respiración de los corredores de fondo o de los ahorcados, de esos hombres que se atreven a cruzar el Hambre de su propio apetito, abisal apetito de Oscuridad» (Libro recomendado por segunda vez por el Hotel Kafka).
De De modo que esto es la muerte (Lengua de Trapo 2002):
«De modo que esto es la muerte es, además, un libro recorrido por una fina ironía y un ácido sentido del humor, a veces con una fuerte dosis de crítica, a veces con un verdadero gusto por la broma y la risa simpáticas. También el sexo y negritud asoman a estas páginas. Menéndez retoma así, otorgándole visos novedosos, una de las características más deslumbrantes de la extraordinaria narrativa cubana.Narrados en primera persona, estos relatos gozan de una magnífica escritura, de un lenguaje severo y pleno de riquísimos matices. El resultado es un libro interesante y más que prometedor» (Luis de la Peña, La Razón).
«Ronaldo Menéndez ha escrito una espléndida colección de relatos que demuestra que la literatura latinoamericana última está dando, a contrapelo de su crítica escéptica y socarrona, obras indispensables como ésta» (Ivan Thays).
«Por los temas que elige, la estética de Menéndez es la de los horrísono, una suerte de humor trágico que bien podría tener antecedentes en la técnica del esperpento de Valle-Inclán, en algunos cuentos de Edgar Allan Poe o Dostoievski; es decir, en la literatura que se regodea en el mal morbosamente para socavar cualquier tipo de conmiseración frente a la realidad que trata de representar [...] Si he comprendido bien, la muerte es para Ronaldo Menéndez la deshumanización, la depravación a la que se entrega el ser humano en una sociedad injusta y condenada a vivir en la miseria, e indaga hasta lo grotesco en esas abyecciones para estimularnos a buscar lo opuesto de lo narrado; Cuba al fondo» (Arturo García Ramos, Blanco y negro cultural).
«Hay un cuento en este volumen que es una verdadera joya, una maravilla, una alucinación. Se titula Carne y no deben dejar de leerlo porque desasosiega, estremece, sobrecoge […] Si un escritor es lo que lee, parafraseando a los antropólogos, Ronaldo Menéndez es un
devorador de filosofía, ética, sociología y —por supuesto— literatura, y el resultado es un conjunto de extraordinarios cuentos» (F. I. C., Renacimiento).
«Los nueve relatos en los que salta a la vista la madurez y sabiduría literaria del escritor son otros tantos asedios a constantes de la vida cubana de las últimas décadas: el hambre, el exilio, la servidumbre y trampa del sexo, el mecanismo de delación política, el oscuro y violento mundo de la santería o la inventiva de fórmulas para sobrevivir. Temas recurrentes de la literatura cubana como reflejos de una realidad cotidiana difícilmente soportable, que adquieren otra luz en el relato» (Luis Alonso Girgado, Cuadernos del Sur, Diario de Córdoba).
«Duro pero divertido. Ronaldo Menéndez busca la paradoja y te encuentras sorpresas a cada vuelta de página» (Europa FM).
«Es una colección de cuentos crueles, ocho historias esperpénticas, cuyos protagonistas viven el hambre y la traición en una Cuba bastante miserable» (Diario de Navarra).
De La piel de Inesa (Lengua de Trapo 1999):
«Preciosa y descorazonadora su elaborada narración oculta bajo los pacientes recovecos del discurso a un sinfín de protagonistas […] Gracias a esta historia de tuétanos y meandros del joven escritor cubano ha emergido un estilista agudo y sutil, hábil para sembrar la superficie de su obra con insoslayables cargas de profundidad y tan sensible a la decadencia del presente como al pasado de una tradición barroca que enlaza directamente con Lezama. Menéndez ha labrado un minucioso tesoro de artesano que aprovecha el aprendizaje sexual para recrear el desmoronamiento de un entorno social» (Ricard Ruiz, La Razón).
«En La piel de Inesa, su primera obra de largo aliento, encontramos algunas de las constantes de Menéndez y, sobre todo, la confirmación de aquellas promesas. De nuevo Cuba, la Cuba real y contemporánea. De nuevo el hambre como tema recurrente, en esta ocasión magnificada en escenas […] y de nuevo un ramillete de personajes de contornos claramente definidos. En La piel de Inesa se han juntado palabras cargadas de oficio y cebada ambición. Esto no pasa todos los días: no la dejen escapar» (Care Santos, El Cultural, El Mundo).
«Menéndez ha escrito una novela digna de estima. La historia contada, la iniciación sexual de un mocito de doce años en una Cuba empobrecida, sugerida más que perfilada, atrae nuestra atención, al tiempo que la sensibilidad autorial y un instrumento verbal de primer orden la elevan a la altura del goce literario […] Todo ello relatado con una fuerza y riqueza verbal que barniza la realidad con una preciosa capa de palabras, mediante la que el escritor intenta extraer la luminosidad de la historia» (Germán Gullón, ABC).
«En contra de la referencia que la propia editorial del premio ofrece en la contraportada y de ciertas reseñas volanderas, hay que decir que nos hallamos ante una obra que supera con creces la condición de novela erótica [...] El protagonista de la novela de Menéndez es un niño abocado a la condición de símbolo, por mucho que la expresión pueda parecer rebuscada o pretenciosa […] La iniciación en el amor es solo una vertiente de la compleja relación de sus personajes y sus obsesiones. Todo un conjunto de recursos teóricos que dotan a la obra de una excelente condición simbólica. En su novela abundan referencias, connotaciones y símbolos manejados con una sorprendente maestría estilística»
(Nicolás Miñambres, Diario de León).
«La piel de Inesa es una novela en la que se consolidan las virtudes narrativas de su autor, ya patentes en anteriores trabajos. Entre estas bondades de su lenguaje se encuentra una enorme versatilidad técnica, la capacidad para llenar el lenguaje de poesía y de sentido y el hallazgo de unos temas que conducen irremediablemente a los principales conflictos del ser humano» (La gaceta de Canarias).
«Con un tema siempre difícil por no decir que rehuido por los periodistas, escritores y novelistas —el descubrimiento de la sexualidad por un niño de doce años a través de las relaciones con la madre de una amiga— Ronaldo Menéndez escribe una novela cargada de simbolismo y de poesía a ras de piel. Ronaldo, cubano de La Habana, domina y domeña un lenguaje explosivo, sensual y de rara precisión, contándonos, con aristas vagas como la mente de un niño en que todo es sorpresivo e indefinido, esta bella y difícil historia» (Guía del Ocio).
«La piel de Inesa es, en fin, una novela ambiciosa tanto en los contenidos como en la forma de desarrollarlos. En ella asistimos a la creación de un mundo verosímil en el que fluye la vida de personajes idealistas y derrotados y se recrean espacios utópicos y míseros; no por ello la historia cede a la frivolización de los extremos, sino que se mantiene entre ellos con absoluta sobriedad. Pese a moverse en terreno tan escurridizo, Ronaldo Menéndez sale bien parado, lo cual es también, por qué no decirlo, una muestra de talento» (Israel Prado).
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Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) es licenciado en Historia
del Arte. Su obra narrativa consta de tres libros de relatos: Alguien se
va lamiendo todo (Premio David de Cuba, 1990), El derecho al pataleo de los ahorcados(Premio Casa de las Américas
de Cuba, 1997) y De modo que esto es la muerte
(LENGUA DE TRAPO, 2002); y de las novelas La piel de Inesa (Premio Lengua de Trapo de Narrativa, 1999), Las bestias y Río Quibú. Sus narraciones han aparecido en numerosas antologías en América Latina, España,
Estados Unidos, Alemania y Francia. Colaboró durante años como crítico
literario y de arte con las principales revistas especializadas cubanas, y como
columnista en el diario El Comercio de Lima, ciudad en la que también fue
profesor de Periodismo en centros de educación superior, antes de instalarse
en Madrid en diciembre de 2004. Actualmente colabora con diversos medios periodísticos y como editor literario, y ejerce la docencia en institutos de formación.
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